Crítica de Magda Ruggeri Marchetti de Olympia de Nicola Campogrande en Bolonia
Un dilema actual
Por Magda Ruggeri Marchetti
Bolonia. 17-V-2026. Teatro Comunale Nouveau. Olympia [Nicola Campogrande / Piero Bodrato]. Stephan Astakhov [Spallanzani], Isidora Moles [Olympia], Silvia Beltrami [Sherry Hope], Francesco Castoro [Jean Paul Dupont], Eugenio Di Lieto [Zoltan]. Orquesta y Coro del Teatro Comunale. Director de escena: Tommaso Franchin. Director musical: Riccardo Frizza.
Nicola Campogrande se considera uno de los compositores más significativos de su generación. Su música ha sido ejecutada por importantes directores y orquestas como la Filarmónica de La Scala, por citar alguna. El amor, la conciencia y la Inteligencia Artificial son el núcleo de Olympia, ópera propuesta en estreno absoluto mundial en el Teatro Comunale de Bolonia. El compositor, inspirándose libremente en algunos cuentos de Ernst T. A. Hoffmann que hablaban de autómatas, ha creado una historia ambientada en el presente. La preocupación que genera el desarrollo de los sistemas informáticos, cada vez más cerca de las capacidades humanas hasta imaginar la emergencia de alguna forma de conciencia, y su interacción con el hombre, no es nueva en la literatura y ha tenido importantes reflejos en la cinematografía. La idea de Campogrande recoge en clave de ópera el calado dramático de la nueva situación, que replantea la frontera entre hombre y máquina y la propia definición de conciencia, persona y derechos del individuo. La obra se comenzó a elaborar con Piero Bodrato en 2022, año del lanzamiento del primer Chat GPT.
Dos siglos más tarde de los Cuentos de Hoffmann, ya objeto de una ópera en París en 1851, la muñeca Olympia ha evolucionado autónomamente de objeto a sujeto que se plantea su propia identidad y suscita problemas éticos. Olympia, androide perfecto, está lista para contentar en todo a su creador, pero en cierto momento se hace independiente y autosuficiente. Olympia es el símbolo de la tensión actual entre tecnología y libertad, entre lógica del dominio y deseo de emancipación. El profesor Lamberto Spallanzani, científico informático, la ha construido como una joven muy atractiva que ignora ser un androide. La perfección de esta criatura es tal que la convierte inevitablemente en el foco de deseos y dudas, y es Jean Paul Dupont, marido de la filósofa Sherry Hope, el primero que le dice a Olympia que ella es como el frigorífico, afirmación que la turba hondamente. Cuando su naturaleza artificial se desvela, se impone la pregunta sobre los límites de la ciencia y sobre la ética de la creación artificial, en particular cuando la propia Olympia comienza a reflexionar sobre su propia identidad y su relación con lo humano.
La escenografía es estilizada y elegante, abunda de momentos festivos corales con servidumbre y brindis en una mansión con vistas ajardinadas y alusiones futuristas de cabinas de teletransporte, aros armillares luminosos y peceras donde nadan grandes peces robóticos creados por el profesor. Significativos son algunos camareros de movimientos androides más acentuados que los casi imperceptibles de Olympia, y unos dispensadores frigoríficos de bebidas que se operan con gestos y cuya equiparación a ella desconcierta la psique artificial de la protagonista.
En el podio Riccardo Frizza, Director musical y artístico del Festival Donizzeti Opera de Bérgamo, Director Honorario de la Hungarian Radio Symphony Orchestra and Choir de la que ha ocupado el cargo de Director Principal de 2022 a 2025. En las últimas temporadas ha dirigido las orquestas de prestigiosas instituciones y teatros internacionales, desde la Lyric Opera of Chicago a la Opéra Bastille, pasando por el Gran Teatro del Liceu y la Scala de Milán. Ha sido distinguido con el título de Cavaliere de la República Italiana. Su orquestación es muy cuidada y se notan pinceladas de jazz y sugerencias folclóricas. Óptimo el coro preparado por Giovanni Farina, así como el cast.
El barítono Stefan Astakhov encarna a Spallanzani, que ha dado vida a Olympia para que estuviese siempre a su servicio y se desesperará cuando su criatura lo abandone. Su voz de notable volumen no tiene problemas en el registro agudo. Isidora Moles (Olympia) se revela como gran actriz: perfecta como objeto mecánico y también cuando toma conciencia de su identidad, es el único personaje capaz de evolucionar. No nos defrauda su voz con su fraseo delicado, dominio de la coloración y el control de los recursos técnicos. Silvia Beltrami en el papel de la filósofa Sherry Hope, estando comprometida por las cuestiones de género es la única preocupada por la situación. Su bella voz, de notable volumen, fluye con gran soltura. El tenor Francesco Castoro como Dupont es el primero que siembra dudas a Olympia. Su preciosa línea de canto, sólida técnica y atractivo timbre dan buena muestra de su oficio vocal. Correcto también Eugenio Di Lieto como Zoltan.
El director Tommaso Franchin explica que Olympia, concebida por su propio inventor como instrumento y objeto, emprende un camino hacia la autoconciencia y la autonomía. Hay también un elemento sonoro: la emergencia de un latido, casi cardíaco, que se hace cada vez más nítido. Si es un corazón en sentido humano o un impulso mecánico queda ambiguo. El público decidirá cómo interpretarlo. Estamos en el terreno de lo inverosímil, pero las nuevas experimentaciones nos hacen imaginar que podríamos encontrarnos en el futuro a Olympia sentada a nuestro lado.
La trama y su conclusión dejan una inquietud y una pregunta en el aire. Esta llamada a la reflexión sobre un tema trascendente, novedoso e incierto seguramente explica cierto retardo en la reacción del público, que respondió con meditativos aplausos.
Fotos: Andrea Ranzi
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