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[C]rítica: Ópera de Sabadell inaugura temporada con la ópera «Falstaff» de Verdi bajo la dirección de Daniel Gil de Tejada

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2 de noviembre de 2018

El último Verdi levanta el telón en Sabadell

   Por Albert Ferrer Flamarich
Sabadell. Teatro de la Farándula. 24-X-2018. Falstaff, Verdi. Asociación de Amigos de la Ópera de Sabadell. Toni Marsol (Sir John Falstaff), Carles Daza (Mr. Ford), Albert Casals (Fenton), Svetla Krasteva (Mrs. Alice Ford), Marga Cloquell (Nannetta), Maria Luisa Corbacho (Mrs Quickly), Anna Tobella (Mrs. Meg Page), Jordi Casanova (Dr. Cajus), Carles Ortiz (Bardolfo), Marc Pujol (Pistola). Coro AAOS. Orquesta Sinfónica del Vallés. Daniel M. Gil de Tejada, director musical. Pau Monterde y Miquel Gorriz, directores de escena. 25-X-2018. Fernando Álvarez (Sir John Falstaff), Guillem Batllori (Mr. Ford), Carlos Enrique Ortiz (Fenton), Anna Farrés (Mrs Alice Ford), Aina Martín (Nannetta), Mariya Melnychin (Mrs. Quickly), Mar Esteve (Mrs. Meg Page), Félix Merino (Dr. Cajus), Alberto Espinosa (Bardolfo), Alejandro Baliñas (Pistola). Coro AAOS. OSV. Daniel Gil de Tejada, director musical. Pau Monterde y Miquel Gorriz, directores de escena.

   La Asociación de Amigos de la Ópera de  Sabadell (AAOS) inicio su temporada 2018-19 con Falstaff (1893) de Verdi. Un título que no habían montado anteriormente y que ha seguido las credenciales de la entidad: cantantes autóctonos, trabajo diligente y un éxito artístico con buena acogida del público.

   El montaje ideado por Pau Monterde y Miquel Gorriz explica la historia con inteligibilidad pero se ha resentido de las dificultades económicas. En este sentido, el color del vestuario pretende compensar un migrada escenografía, con tres espacios diferentes, casi desnudos de atrezzo y que la iluminación tampoco suple en el cuadro II del acto II. Sí lo hace en el último cuadro de la ópera, el del bosque, que marca la excepción como un momento triunfal de la producción con una excelente participación del coro. No menos meritoria se mostró la OSV bajo la dirección de Gil de Tejada, en otro de los estrenos con un alto rendimiento: claridad, matices de color y en detalles agógicos, sustrato de los graves y maestrazgo en el acompañamiento de las voces. Dirigiendo Falstaff con tan buena concertación y sentido rítmico reforzando la teatralidad deja claro el valor de esta batuta formada en la AAOS.

   El binomio Toni Marsol y Carles Daza sigue funcionando más allá de una prestación vocal resolutiva y sin fisuras remarcables. Como cómicos hacen gala de recursos variados: gestos, la posición del cuerpo, la mirada y la entonación como autenticas figuras centrípetas. El único reproche recae en una caricatura que admite más relieves: en Marsol por una falta de autocomplacencia y descaro de Falstaff, y en Daza por una irascibilidad más creíble en el aria de los celos de Ford. El cuarteto de féminas interaccionó adecuadamente destacando Svetla Krasteva (Mrs Alice), más lírica que sensual y sarcástica; y Marga Cloquell (Nannetta) de timbre fresco, refinada y convincentes medias voces: con quien Albert Casals (Fenton) ponía el acento amoroso. Correctos, idiomáticos, sin histrionismos y bien integrados, el resto de personajes redondearon voz y escena en una obra musicalmente difícil y de movimiento continuo a pesar de cierta tibieza en los dos primeros actos. Algo más achacable a la función del estreno que a la dirección escénica –rica y con inventiva como caracteriza a Monterde y Gorriz- o a los propios cantantes. La gira por distintas ciudades catalanas pulirá los pocos aspectos perfectibles de una producción que es todo un logro con los medios y condicionantes que interfieren en la entidad.

   Un hecho que no quita merito a un organismo que vislumbra tiempos de cambios y reformulaciones como rúbrica a una década de crecimiento y consolidación en muchos sentidos, a pesar de la estocada económica de la crisis y el IVA: la incorporación de títulos ambiciosos o de gran formato como Aida, Turandot, Don Carlo o este Falstaff; la mayor efectividad técnica del coro nutrido con voces jóvenes; la plena profesionalización de un núcleo de cantantes habituales; y la innegable reputación de la Escuela de Ópera. Solo falta el gran proyecto necesario y eternamente aplazado: un teatro de ópera con las adecuadas prestaciones tecnológicas para Sabadell. Bautizado, claro, con el nombre de la matriarca que lo ha hecho posible desde 1982, con el soporte del gran hombre que la ha acompañado siempre.

El Falstaff de la escuela

   Activa desde 1996, la «Escola d’òpera» es una cita inexistente en la agenda de una crítica musical cada vez más anémica, mediatizada por los conciertos de lujo y que desatiende esta cantera de cantantes líricos, única en España. A pesar de la diferencia de nivel en las individualidades y la necesidad general de pulir aspectos musicales (fraseo), técnicos (colocación) y tímbricos (juegos de claroscuros y exceso de vibrato), hay que reconocer una reacción compacta ágil, eficaz teatralmente y entusiasmante sobre las mismas coordenadas que el reparto profesional.  

   Destacan la Alice sensual y pícara de Anna Farrés con  notorias mejoras en la respiración diafragmática y en la homogeneidad de registros. También Mar Esteve (Mrs. Peg), escuchada en «L’Escola» de 2017, para mantener su cuidado talento escénico y haber pulido la proyección y los áfonos registros central y grave oscureciéndolos con la voz de pecho. Si la tesitura de mezzosoprano es la suya, es una duda sin aclarar. Especialmente si al lado tiene a Mariya Melnychyn, eficiente Mrs Quickly de volumen, color y homogeneidad propios de su cuerda. Por otro lado, la musicalidad de Alberto Espinosa (Bardolfo) y de Aina Martín como una candorosa Nanneta redondearon un equipo de voces aún en formación y con méritos repartidos. En conjunto, superaron la compleja concertación gracias a los dos meses de intenso trabajo con los profesores del curso y el maestrazgo de Gil de Tejada en este título atípico para un proyecto formativo.

   Por último, en ausencia de un candidato joven lícito, el experimentado Fernando Álvarez asumió el rol principal. Si vocalmente tendía a una expresión declamada en desfavor del canto a pesar de afrontar con corrección la partichela, la encarnación rozaba la excelencia con un detallismo, visos cómicos y espontaneidad memorables con el punto de autocomplacencia del personaje incluido.

Foto: Ópera de Sabadell

Autor:Albert Ferrer Flamarich
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