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Opinión: Temporada 2021-22 de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla

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Autor: Álvaro Cabezas
24 de junio de 2021
Sinfónica de Sevilla

La Real Orquesta Sinfónica de Sevilla reanuda la lucha artística en la temporada  2021-2022

Por Álvaro Cabezas | @AlvaroCabezasG
El pasado 7 de septiembre alertaba en este mismo medio que la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla encaraba la presente temporada con una disyuntiva dramática ("lucha o muerte") que colgaba como espada de Damocles ante el altísimo nivel de exigencia –tanto en lo artístico como en lo social y económico–, que suponía el hecho de cumplir tres décadas de existencia, con la reciente huida del director artístico John Axelrod, con la falta de director gerente –en ese momento recién seleccionado y en periodo de pruebas–, con asignaturas pendientes como la de ocupar con profesionales determinados puestos vacantes en el seno de la misma o la de recomponer sus relaciones con su sede principal, el Teatro de la Maestranza, mejor agenciado desde que en 2019 asumiera el mando Javier Menéndez. Todo ello sin minusvalorar el importante reto que significaba entonces llevar a buen término la temporada marcada por la pandemia del Covid-19 como telón de fondo.

   Menos de un año después el grueso de esos problemas ha sido solucionado: la música en directo ha seguido sonando en España –con la intranquilidad que acompasaban las olas de incidencia que se sucedían, con cambios de horarios que han permitido descubrir a melómanos y administradores las virtudes de las soirées musicales que tanto se estilan en otras latitudes europeas, con vaivenes en los aforos del teatro y con todas las medidas de salubridad necesarias y marcadas por las autoridades para cada concierto–, si bien con programas, en muchos casos, de menor duración y sin descanso, pero dotados de una atmósfera especial que emanaba de las ganas de los músicos por tocar maravillosamente y de la expectación y silencio de un público más respetuoso que nunca. Por otro lado, el director gerente, Pedro Vázquez, que concedió una entrevista a CODALARIO el 2 de enero de 2021, se afianzó en el puesto tras una insistente campaña de imagen que no cesó hasta que fructificaron las negociaciones y el buen hacer profesional y personal del jefe de producción, Rafael Gómez, y que cosecharon los nombramientos de Michel Plasson como director honorario en diciembre y de Marc Soustrot como director titular y artístico en marzo como lúcidos resultados de gestión.

   Esta vuelta de tuerca supuso un destacado episodio de lucha por parte de los responsables de la orquesta en la búsqueda de la calidad y de la confianza puesta en la veteranía, corrigiendo de alguna manera aquella novelera elección de 2014 en la que el Consejo de Administración de la Sinfónica prefirió a Axelrod antes que a Soustrot, otro de los candidatos de entonces. Además, algunas plazas de músicos (aún no la de concertino) y administración han sido convocadas y en abril el comité de empresa y la dirección de la orquesta celebraron una sesión de conciliación y mediación que volvió bocarriba las cartas de las buenas intenciones y de las esperanzas entre unos y otros. Por último, las relaciones con el Teatro de la Maestranza –que eran tirantes desde la marcha en 2016 de la gerente de ambas instituciones, Remedios Navarro, y que alcanzaron destellos de inquina contraprogramadora entre 2017 y 2018 mientras estuvo Antonio Garde en el coliseo sevillano y Axelrod como consejero delegado de la orquesta–, parecen pasar por un momento idílico: Menéndez (Maestranza) y Vázquez (ROSS), tienen más o menos la misma edad, toman acuerdos, asisten a las conferencias de prensa de los espectáculos de sus respectivas entidades y posan juntos en las fotos de aquellos que se hacen de manera conjunta. Sin embargo, el detalle que rubrica esta coexistencia pacífica con mayor rotundidad (hay que olvidar las tensiones que se vivieron en los ensayos de la reciente Carmen a causa de los brotes de contagios por coronavirus), es el hecho de que maestros musicales como Anu Tali –invitada por el teatro para dirigir Carmen–, conduzca en el marco de la misma estancia en Sevilla un programa de abono de la orquesta, o que, para la próxima temporada Plasson, en una de las visitas que haga hacerse cargo del conjunto sinfónico, baje al foso maestrante para interpretar el Pelléas et Melisande de Debussy. Esta solución, práctica y fecunda, encontraba auténtica carta de naturaleza cuando Pedro Halffter administraba ambas instituciones (2004-2014) y repartía sus invitaciones entre artistas de su confianza para el escenario y para el foso. Así se recuerda, por ejemplo, cómo el mismo Plasson dirigió en 2006 un programa compuesto por obras de Debussy, Berlioz y Franck con la orquesta una semana y el Roméo et Juliette de Gounod en el teatro a la siguiente, o como Giacomo Sagripanti hizo lo propio en 2014 con la Sinfónica los días de descanso que se alternaban entre las funciones de Il barbiere di Siviglia. Si este funcionamiento cobra vigencia en los próximos años se asegurará la calidad artística y se crearán vínculos eficaces entre los artistas, los profesores de la orquesta y el público, tal y como sucede entre dos entidades independientes, pero geminadas en lo musical como el Teatro alla Scala de Milán y su orquesta, la Filarmónica della Scala.

   La presentación de la temporada 2021-2022 de la Sinfónica muestra a las claras la apuesta por la lucha por sobrevivir en un mundo de concepciones efímeras y realidades licuadas al echar mano de las armas de la sinceridad, la confianza y hasta del clasicismo. Como "clásica", ha calificado Soustrot la nueva temporada en el vídeo que se ha enviado a los medios de comunicación tras la presentación de la misma, ya que, como era de prever y hasta de desear, se vuelve al gran sinfonismo romántico centroeuropeo (la integral sinfónica de Brahms dirigida por el mismo Soustrot, amén de otros programas con obras de Bach, Mozart, Beethoven, Schubert, Mahler, Schöenberg, Richard Strauss, Hindemith o Weill), y, sobre todo, francés: Sinfonía fantástica de Berlioz, Bolero, Tzigane y suite nº 2 de Daphnis et Cloé de Ravel, Introducción y rondó caprichoso y Concierto para violín nº 3 de Saint-Saëns, Preludio a la siesta de un fauno de Debussy, Sinfonía en re menor de Franck, y hasta la ópera Dialogues des Carmélites de Poulenc en versión concierto.

   La cuota debida a los intérpretes está bien despachada en el ciclo dedicado ex profeso a ellos, llamado Solistas y Maestros, de un solo concierto y que congregará a músicos que actuarán y dirigirán a la vez (algo muy apreciado por el público), como Hakan Hardenberger, Christian Linderg, Benoît Fromanger, Enrico Dindo o el estimado Juan Pérez Floristán. El ciclo de música de cámara (en el que estará implicado el mismo Soustrot), siguiendo con la tónica de los últimos años, se desarrollará en el Espacio Turina en las mañanas de fin de semana y permitirá el desarrollo individual de muchos de los profesores de las distintas secciones de la orquesta con programas que, a buen seguro, desarrollarán su potencial técnico y artístico. Otro detalle interesante es que la orquesta se abre a actuar en otros espacios, dentro y fuera de Sevilla. En el interior de la ciudad tendrá un abono en el desaprovechado Teatro Lope de Vega, de gestión municipal, y fuera de ella lo hará en Tomares, una de las muchas poblaciones del área urbana de Sevilla, con la intención de acercar la música a potenciales oyentes y sacarla del templo musical en que suele estar para salvar la distancia que hace considerarla a muy pocos como un producto de lujo inaccesible. Para ello contará con "el hombre para todo" de la formación desde sus inicios, el siempre solícito y comprometido maestro Juan Luis Pérez.

   Aún queda una importante carencia por solventar en el futuro, quizá cuando la pandemia del coronavirus remita por completo: las giras nacionales e internacionales, que siempre son un ejercicio de crecimiento artístico necesario para cualquier formación musical de calidad que se precie. Ojalá no dentro de mucho tiempo el maestro Soustrot pueda pasear a la orquesta por las grandes plazas musicales francesas o presumir en el Auditorio Nacional o en el Festival Internacional de Música y Danza de Granada de ese color anaranjado que la Sinfónica imprime en todas sus interpretaciones del repertorio galo. Ese incentivo, el gusto por reencontrarse con el clasicismo que requiere la vuelta a la normalidad y la renovación en los puestos de responsabilidad de la entidad alargan, una vez más –gracias al tesón y la lucha por sobrevivir–, el futuro de una formación que tiene el deber y responsabilidad de volver a posicionarse en la referencia musical española.

Foto: Guillermo Mendo

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