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Crítica: Concierto de la Orquesta Barroca Vigo 430 en la Semana de Música del Corpus - Festival de Música Ciudad de Lugo

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Autor: Pablo Sánchez Quinteiro
2 de julio de 2026

Crítica de Pablo Sánchez Quinteiro del concierto de la Orquesta Barroca Vigo 430 en la Semana de Música del Corpus - Festival de Música Ciudad de Lugo

Concierto de la Orquesta Barroca Vigo 430 en la Semana de Música del Corpus - Festival de Música Ciudad de Lugo

Metamorfosis barrocas

Por Pablo Sánchez Quinteiro
Sábado, 30 de mayo de 2026 – Auditorio Fuxan os Ventos, 20:30 h. 53.ª Semana de Música del Corpus – Festival Ciudad de Lugo. Orquesta Barroca Vigo 430. Rachell Ellen Wong, violín y dirección. Amarilis Dueñas, violonchelo. Partituras de Purcell, CPE Bach, Durante y Vivaldi.

   La clausura de la Semana de Música del Corpus - Festival de Música Ciudad de Lugo, nos llevó de vuelta al flamante auditorio Fuxan os Ventos para disfrutar de la participación de la Orquestra Barroca Vigo 430, dirigida desde el violín por Rachell Ellen Wong y con Amarilis Dueñas como solista de violonchelo. La presencia de ambas intérpretes otorgaba al concierto un atractivo añadido: Wong, violinista formada en instituciones como la Universidad de Indiana y la Juilliard School, se ha consolidado como una de las figuras más interesantes de la interpretación históricamente informada en el ámbito internacional, hasta el punto de convertirse en la primera violinista barroca en recibir una Avery Fisher Career Grant. A su lado, Amarilis Dueñas, nacida en Valladolid en 1998, representa una de las voces españolas más interesantes en el terreno del violonchelo histórico y la viola da gamba, con una trayectoria que la ha llevado a colaborar con conjuntos de referencia como Akademie für Alte Musik Berlin, Concerto Köln, B’Rock Orchestra u Holland Baroque. 

   Bajo el título Metamorfosis barrocas, el programa enlazaba una amplia selección de músicas escénicas de Purcell con el Tercer concierto para violonchelo de Carl Philipp Emanuel Bach, el Segundo concierto para cuerdas de Francesco Durante -parcialmente intercalado como segunda obra de la noche-, la Sinfonía en si menor del propio CPE Bach y el Concierto para violín en mi menor RV 278 de Vivaldi. Un prolijo banquete musical que, sin embargo, con los cambios introducidos respecto al programa que se facilitó al público, complicó el poder identificar y seguir con precisión las obras interpretadas.

   La 430 ofreció a lo largo de toda la velada una interpretación llena de sutilezas, contrastes y vitalidad rítmica. Wong dirigió desde el arco con gestualidad clara y comunicativa, integrada plenamente en el conjunto. En las páginas de Purcell destacó la variedad de afectos y la ligereza de la articulación, mientras que Durante y Carl Philipp Emanuel Bach permitieron explorar un lenguaje más nervioso, cambiante y expresivamente audaz. 

«Amarilis Dueñas se mostró impetuosa, imprimiendo un carácter casi febril, pero evitando cualquier tentación de convertir el virtuosismo en mera exhibición»

   Fue de hecho el Concierto para violonchelo n.º 3 en la menor, Wq. 170, de Carl Philipp Emanuel el plato fuerte de la noche. Dueñas exhibió una mezcla admirable de precisión, libertad y fantasía. La obra, situada en ese territorio movedizo en el que el lenguaje barroco comienza a abrirse hacia una sensibilidad más subjetiva, encontró en Dueñas una intérprete capaz de hacer convivir el rigor estilístico con una expresividad siempre alerta.

   En el primer movimiento, paradigmático del estilo Sturm und Drang, Amarilis Dueñas se mostró impetuosa, imprimiendo un carácter casi febril, pero evitando cualquier tentación de convertir el virtuosismo en mera exhibición. Su lectura tuvo nervio, articulación clara y una notable capacidad para dialogar con la orquesta, subrayando los repentinos cambios de acento, los contrastes dinámicos y ese clima de inestabilidad expresiva tan propio del estilo de la época. La Orquestra Barroca Vigo 430 respondió con agilidad, manteniendo una pulsación viva y flexible, mientras Dueñas fue construyendo su intervención desde una combinación muy convincente de energía, control y fantasía discursiva.

   El movimiento lento permitió apreciar otra dimensión de su interpretación. Allí donde la música parece suspender el tiempo, Dueñas desplegó un fraseo de gran naturalidad, atento al peso de cada respiración y al sentido expresivo de cada adorno. No hubo afectación ni sentimentalismo, sino una elocuencia contenida, de gran refinamiento, en la que el sonido del violonchelo adquirió una cualidad casi vocal. La ornamentación, siempre integrada en el discurso, no funcionó como un simple añadido decorativo, sino como prolongación natural de la frase, reforzando el carácter introspectivo de la página.

   El último movimiento recuperó el pulso más vivo y teatral de la obra, con una interpretación ágil, incisiva y llena de chispa. Dueñas afrontó las exigencias técnicas con soltura admirable, pero lo más interesante fue la manera en que consiguió mantener la frescura rítmica sin perder nunca la claridad del discurso. Las figuraciones rápidas conservaron ligereza y dirección, y el diálogo con la orquesta mantuvo un equilibrio muy atractivo entre empuje, precisión y sentido lúdico. La lectura rehuyó cualquier rigidez académica: cada frase respiraba, cada ornamentación tenía una función expresiva y el conjunto avanzó con una vibración interna que hizo justicia al carácter audaz, inquieto y sorprendente de la música de Carl Philipp Emanuel Bach.

  Ese mismo enfoque se prolongó en su propina, una refrescante concepción de la Giga de la Suite n.º 1 de Bach, planteada con una viveza intrínseca sorprendente. Fue un notable ejemplo de la capacidad para renovar una página tantas veces escuchada sin necesidad de forzar el gesto.

   Rachell Ellen Wong cerró el arco solista con un Vivaldi de gran energía, articulación incisiva y permanente sentido del riesgo. Su intervención tuvo ese punto de electricidad teatral que exige el compositor veneciano, con ataques precisos, contrastes bien perfilados y una pulsación siempre viva. Wong supo combinar virtuosismo y fantasía sin romper la cohesión del conjunto, haciendo que la escritura solista surgiera como una prolongación natural del impulso orquestal. Fue un cierre brillante, directo y muy comunicativo, en el que la brillantez exterior no ocultó el refinamiento del trabajo de articulación y color.

   Terminaba así una muy atractiva edición del Festival de Música Ciudad de Lugo, en la que la música antigua, el Romanticismo, el repertorio sinfónico español y la gran tradición camerística convivieron de forma fluida y amena, trazando un recorrido amplio y coherente por varios siglos de creación musical.

Fotos: PSQ

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