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Crítica: La Orquesta de Cámara de Viena en Murcia

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Autor: José Antonio Cantón
19 de mayo de 2022

La Orquesta de Cámara de Viena ofrece un concierto en el Auditorio Víctor Villegas con la violinista Rino Yoshimoto y bajo la dirección de Ludwig Müller

Rino Yoshimoto

Exquisita creatividad de Weingerge

Por José Antonio Cantón
Murcia, 14-V-2022. Auditorio y Centro de Congresos ‘Víctor Villegas’. Orquesta de Cámara de Viena. Solista: Rino Yoshimoto (violín). Concertino-director: Ludwig Müller. Obras de Mendelssohn, Schubert y Weinberg.

   La participación de la Orquesta de Cámara de Viena en la última cita del Ciclo de Grandes Conciertos en la presente temporada del auditorio de Murcia tenía el doble aliciente de la presentación de esta interesante orquesta austriaca y la interpretación del Concertino para violín y cuerda, op. 42 del olvidado compositor polaco Mieczyslaw Weinberg fallecido en Moscú en 1996, cada vez más reivindicado por su exquisito arte de componer.

   Para su exposición se ha contado con la jovencísima violinista nipona Rino Yoshimoto que desde el primer ataque de su arco irradió una inmersión total en la obra, que fue confirmándose a lo largo de su desarrollo, desde una expresividad que fue ahondándose cada vez más en el mensaje del autor, que se ofrece triste y lastimero en la exposición del primer movimiento, Allegretto cantabile, antes de pasar a un pequeño pasaje más animado en el que la solista mostró sus facultades en articulación y fraseo, que le permitieron exhibir la bondad sonora de su instrumento construido por el excelso lutier cremonés Giuseppe Guarneri, según rezaba en las notas del programa de mano. Su sentimiento se vio incrementado en la Cadenza que, sin solución de continuidad, abre el movimiento central de la obra. Su facilidad en doble cuerda quedó expuesta en toda su plenitud expresiva con diáfana claridad y elocuencia antes de encontrarse con el tema solemne que proponía la orquesta destacadamente punteado en la cuerda grave, que le daba manifiesta profundidad a su discurso, dirigido por el gesto bien definido del concertino austriaco Ludwig Müller, poseedor de gran técnica de conducir tocando y regulado impulso dinámico. Con contrastado embeleso, acompañado por un cadencioso pizzicato de la cuerda, la solista se adentró en allegro final mostrando una gran articulación en amplias distancias interválicas antes de su interludio, que la orquesta expuso con cuerdas amortiguadas, previamente a que la solista recordara sus dos temas en forma modificada como idea inesperada, que iba cobrando impulso a medida que se acercaba la conclusión inesperadamente agitada de este movimiento, el mejor estructurado de este pequeño concierto.

   Previamente a esta interpretación, que agradó sobremanera el público y llevó a la violinista a ofrecer dos bises ante los insistentes y cerrados aplausos, concretamente, el último Capricho en la menor, op. 1 de Niccolò Paganini y las Variaciones sobre el tema de la canción «Feliz Cumpleaños» de la estadounidense Rachel Barton Pine que, particularmente por su gracia, sorprendió al auditorio, Rino Yoshimoto tocó el Primer concierto para violín y orquesta en re menor, MWV 0 3 que Felix Mendelssohn compuso cuando sólo tenía trece años y que representa todo un pequeño ensayo concertante de especial impronta de carácter, aspecto relevante de su ejecución, de manera destacada en sus dramatizadas cadencias, que permitieron el lucimiento de la solista.

   La segunda parte del concierto estuvo ocupada por la versión que Gustav Mahler escribió en 1894 para orquesta de cuerda del Cuarteto nº 14 en re menor D 810, «La muerte y la doncella» de Franz Schubert. De inmediato el espectador pudo percibir ese acusado estilo vienés que quiso dar el concertino, Ludwig Müller, a su ejecución, acentuando el papel de los contrabajos como línea grave extendida de la obra original, como se destacó en la coda del Allegro inicial. La orquesta entró en trance cuando abordó la ejecución del Andante con moto, centro de gravedad de esta composición, manteniendo total tensión con esmerada expresividad a lo largo de todo su desarrollo. Destacó, en el muy alegre Scherzo, el sonoro efecto ensanchado que logró Müller del coral de la Muerte que contiene su trío, antes de precipitarse en el Presto final de este orquestado cuarteto sin solución de continuidad con un inquietante desenfreno, en el que se determinó la prevalente homogeneidad de la cuerda grave sobre los violines que, en algunos momentos, parecían ir con cierta descoordinación rítmica, inadecuada respuesta que fue diluyéndose conforme avanzaba el rebrincado y a la vez turbulento discurso de este persistente tiempo de rondó hasta llegar a los dos violentos acordes de su alucinante final.

Foto: Auditorio Víctor Villegas

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