CODALARIO, la Revista de Música Clásica
Está viendo:

Crítica: La Orquesta de Valencia, con Alexander Liebreich y Sergey Khachatryan en la temporada de la OCNE

  • Comparte en Facebook
  • Comparte en Twitter
  • txcomparte_whatsapp
Autor: Raúl Chamorro Mena
2 de marzo de 2026

Crítica de Raúl Chamorro Mena del concierto de la Orquesta de Valencia en Madrid, dentro de la temporada de la Orquesta y Coro Nacionales de España [OCNE], bajo la dirección de Alexander Liebreich y con Sergey Khachatryan como solista

Alexander Liebreich y la Orquesta de Valencia

Calidad desde Valencia

Por Raúl Chamorro Mena
Madrid, 27-II-2026, Auditorio Nacional. Obertura de La capricciosa corretta (Vicente Martín y Soler). Concierto para violín, Op. 77 (Sergey Khachatryan, violín. Así habló Zaratustra, Op. 30 (Richard Strauss). Orquesta de Valencia. Director: Alexander Liebreich

   Aprovechando que la Orquesta Nacional de España se encuentra de gira en Alemania y Austria y como parte del programa de colaboración con las demás orquestas de carácter público del país, se producía esta visita de la Orquesta de Valencia con su director titular Alexander Liebreich al frente, encuadrada en la temporada de la OCNE.

   Como apropiado gesto al compositor valenciano Vicente Martín y Soler (Valencia 1754 - Londres 1806), que llegó a gozar de tanta fama y prestigio en su época que el mismísimo Mozart incluyó un pasaje suyo en su ópera Don Giovanni, el concierto abrió con la obertura de su ópera cómica La capricciosa corretta (Londres, 1795). La interpretación reunió las ineludibles agilidad, claridad, elegancia y ligereza.

   El concierto para violín de Johannes Brahms es uno de los más emblemáticos de los escritos para dicho instrumento. Dedicado al legendario Joseph Joachim y tributario del de Beethoven, con el que comparte el rango sinfónico de la orquestación que, lejos de obrar como mero acompañamiento, comparte protagonismo con el solista.

Alexander Liebreich y la Orquesta de Valencia

   Esta fundamental piedra de toque del repertorio para violín concertante permitió demostrar al armenio Sergey Khachatryan su categoría de magnífico violinista. Su sonido pleno y de generoso caudal, además de aquilatado y atractivo, no exento de alguna puntual dureza, llenó la sala. El virtuosismo y la técnica de Khachatryan sortearon las dificultades que plantea la composición -octavas, abundantes dobles cuerdas, escalas, acordes completos, saltos, détaché, pasajes vertiginosos…- y su fraseo, ya desde el esencial primer movimiento, combinó lirismo, autoridad, carácter y fogosidad. Espléndida resultó la cadencia de Joseph Joachim. Admirable, asimismo, la perfecta afinación y capacidad del armenio para ornamentar son sutilidad su siempre contrastado discurso violinístico. El Stradivarius de Khachatryan cantó magníficamente al recoger la inspiradísima melodía que introduce el oboe en el segundo movimiento dotándola de vuelo, tono poético y ensoñador con lo que creó un momento de hermoso lirismo en su diálogo con la orquesta.

   En el tercer capítulo, el Stradivarius del armenio voló en alas de la danza zíngara, con seguridad, destreza y el dominio del arco propio de un virtuoso. Muy ovacionado, Khachatryan ofreció como propina una pieza de folklore armenio con la colaboración del concertino de la orquesta Enrique Palomares.

Alexander Liebreich y la Orquesta de Valencia

   Alexander Liebreich, buen director de gesto amplio, preciso y con ideas claras, además de apoyar la destacada versión del solista, ofreció la suya con la orquesta de Valencia. Un Brahms claro, con buena gana dinámica y carácter.

   La orquesta de Valencia, fundada en 1943 y que vivió sus momentos de mayor gloria con la vinculación de José Iturbi, es hoy día una agrupación consolidada, de buen nivel y con un apreciable director titular. Todo ello pudo comprobarse en la segunda parte del concierto al enfrentarse a Así habló Zaratustra, toda una prueba para cualquier orquesta, como ocurre con todos los grandes poemas sinfónicos de Richard Strauss.

   Cierto que faltó paleta de colores y tímbricas, así como contrastes y atmósferas en la expresión de cada pasaje narrativo, pero la Orquesta de Valencia -con la incorporación de Anabel García del Castillo como concertino en lugar de Enrique Palomares que intervino en la primera parte- tocó muy bien la pieza, desde la famosa fanfarria del amanecer, célebre por su uso por parte de Stanley Kubrick en su gran película 2001 una odisea del espacio. Con seguridad, sin fallos, claridad ejecutiva, limpias texturas, diferenciación de planos y entrega total de todos sus miembros Liebreich y la orquesta de Valencia ofrecieron una interpretación de impecable acabado que resultó ovacionada con calor por el público que llenaba el Auditorio Nacional.

Fotos: Facebook OCNE

  • Comparte en Facebook
  • Comparte en Twitter
  • txcomparte_whatsapp

Compartir

<< volver

Búsqueda en los contenidos de la web

Buscador

Newsletter

Darse alta y baja en el boletín electrónico