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Crítica: La Orquesta Joven de Andalucía rinde homenaje a Piazzolla bajo la dirección de Sarah Ioannides

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Autor: José Antonio Cantón
6 de abril de 2021

Sugestivo homenaje a Piazzolla

Por José Antonio Cantón
Jerez. Teatro Villamarta. 04-IV-2021. Orquesta Joven de Andalucía. Solista: Claudio Constantini (bandoneón y piano). Dirección: Sarah Ioannides. Obras de Constantini, Dvořák, Gershwin y Piazzolla.

   El encuentro de primavera de la Orquesta Joven de Andalucía (OJA) ha estado dedicado a la figura del Ástor Piazzolla, del que el pasado día once de marzo se cumplía el centenario de su nacimiento. Para ello ha contado con la participación del bandoneonista y pianista peruano Claudio Constantini, destacado traductor de las creaciones del compositor platense, que llegó a transformar el tango sin que éste perdiera sus esencias y particulares conexiones milongueras entre sus variadas asunciones expresivas étnicas y folclóricas, llegando a ser una figura de referencia en el género musical más genuino de Argentina.

   La actuación se inició con el estreno absoluto del Concierto porteño (Homenaje a Ástor Piazzolla) del propio Constantini con el que ha demostrado cómo, desde la composición, se ha adentrado en la figura de aquel inigualable maestro del bandoneón, al llevar a la dimensión orquestal todos los secretos rítmicos y armónicos de esta música y plasmando su estructura en el canon concertante clásico-romántico. Con una duración que llega a superar los treinta y cinco minutos, tiene un primer movimiento Allegro, el de mayor extensión, en el que destaca una cadenza central con la que el autor ha querido manifestar el grado de virtuosismo al que se puede llegar con este instrumento de viento-fuelle, erigiéndose en pleno interlocutor ante la orquesta. Sus partes fundamentales, bien definidas, exposición temática desarrollada, cadencia y recapitulación transformada, adentraron al auditorio en la sustancia  de cómo tocarlo con todo el peso y cinética que debe imprimirle el cuerpo del intérprete, con un grado de tensión que llegaba a su culmen en momentos extremos de reafirmación armónica, que se acentuaba con trepidantes, velocísimos y explosivos adornos.


   El segundo tiempo, que lleva la indicación de Cantabile, se desarrolla con marcada lentitud. La sección de cuerda adquiere una preponderancia destacada amplificando su armonioso discurso en el que el solista se integra con variados efectos de eco que dejan en el oyente un sentimiento de serenidad y complacencia. Finalmente, la obra se cierra con un Animato en el que la variedad sincopada animaba su aire hasta que, en un intento de descomposición métrica, deriva a su disolución con distinguida emocionalidad. En definitiva, es una obra llamada a ser aceptada por los cenáculos bonaerenses, que determinarán la ajustada intensión de su contenido y su aporte al género, presintiéndose segura instalación en el particular repertorio tanguero. Una palpitante y a la vez contemplativa interpretación de esa pequeña joya cual es la evocadora canción instrumental Oblivion, que puso al auditorio en contacto directo con el espíritu de Piazzolla, cerró con gran estremecimiento esta parte de la velada.

   El ambiente americano, pero en el hemisferio norte, se mantuvo cuando Constantini cambió de teclado para desarrollar una interpretación que resultó ser académica de la Rhapsody in blue para piano y orquesta de George Gershwin. El sentido lo puso la directora invitada, la australiana Sarah Ioannidis, sabiendo llevar al instrumento orquestal a esa alambicada pátina jazzística de la obra desde el difícil glissando inicial del clarinete, muy conseguido por su responsable. El simbolismo de esta música se adueñó del teatro haciendo que el oyente imaginara las famosas salas de big band en las que la consumición de bebida estaba incluida para los espectadores que ocupaban sus mesas y que en algunos momentos bailaban en su pista central.


   La interpretación más destacada de la noche fue propiciada por una magistral dirección de la Sinfonía «Del Nuevo Mundo» de Antonín Dvořák. Partiendo de un conocimiento profundo de esta obra, esta impetuosa directora, de muy sólida formación británica y estadounidense, desplegó una gran batería de recursos técnicos, siempre al servicio del mensaje musical, explotando al máximo las directrices compartidas con la orquesta durante las jornadas de preparación de este concierto y asumiendo su función pedagógica como factor esencial en el montaje de esta sinfonía, sin perder en momento alguno su definida y determinante personalidad artística, lo que demostraba que se encuentra en un gran momento profesional. El movimiento de su batuta quedaba integrado en la cinética de su cuerpo transmitiendo cada detalle con claro sentido de anticipación, seguro pulso y equilibrada proporcionalidad dinámica y métrica, lo que dejaba la sensación de un engranaje sonoro excelentemente trabajado y coordinado, todo ello favorecido por la entrega y compromiso de esta nueva promoción de músicos de la OJA, una de las instituciones culturales que se ha mantenido por la Junta de Andalucía y que, junto al Joven Coro de Andalucía, constituye el núcleo central del Programa Andaluz para Jóvenes Intérpretes que cumplió su vigésimo quinto aniversario el pasado año 2019.

   Una vez más los objetivos de este tipo de encuentros se veían colmados dado el entusiasmo de músicos y público fundidos en una intensa ovación colectiva. El Teatro Villamarta se apuntaba así un éxito más en su programación dedicada a la música conocida genéricamente como clásica.

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