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PABLO FERRÁNDEZ, violonchelista: «Me siento músico las 24 horas del día»

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1 de febrero de 2020

PABLO FERRÁNDEZ, violonchelista: «Me siento músico las 24 horas del día»

Una entrevista de Agustín Achúcarro
La carrera musical de Pablo Ferrández es sinónimo de un ascenso continuo que parece no tener límites, algo que vive con la ilusión de un neófito que camina en busca de su anhelo artístico. No considera que actuar junto a los grandes pueda significar que él también lo es y prefiere disfrutar pensando que está actuando junto a las estrellas con las que un día soñó. Tiene muy claro que, aunque haya trabajado muy duro, es un afortunado por estar donde está y que todo en su vida destila música.

¿Qué queda de aquel chico madrileño que estudiaba en la Escuela Superior de música Reina Sofía?

Queda mucho, pues en esa experiencia me llevé todo. Creo que fueron los momentos más importantes de mi formación como persona y como músico. Sin esos siete años con Natalia Shakhovskaya no estaría donde estoy, sin ninguna duda.


¿Surgieron momentos de duda en aquella época sobre su futuro?

En ningún momento. Fueron años muy duros, pero no se me pasó por la cabeza dejar el instrumento. Dudaba si era lo suficientemente bueno para conseguir mi sueño, que era ser solista. Y esas dudas, obviamente, fueron constantes. Mi profesora era increíblemente exigente y creo que el 95% de las clases fueron un drama, en plan de todo está fatal y cómo voy a hacer para llegar a tocar mejor. Me pasaba el día estudiando y a partir de los 13 años dejé de ir al colegio, hice los estudios a distancia. Así que llegaba a las 9 de la mañana al Reina Sofía y me iba a las 9 de la noche, por lo que me pasaba todo el día estudiando. Fueron momentos muy duros, pero también muy bonitos.

¿Y ese ritmo cómo se aguanta?

Teniendo un afán por un sueño muy fuerte, pues ser violonchelista es lo que yo más deseaba en el mundo. Y toda mi aspiración era tocar mejor y conseguir llegar a dar conciertos por todo el mundo. Quería tanto llegar a eso, que para mí era fácil superar los problemas. Desde que era pequeño quería ser solista y nunca se me pasó por la cabeza otra cosa. Deseaba intentarlo a toda costa y si no lo lograba que por mí no fuera. No tenía una opción «b». Tuve mucha suerte y lo conseguí, por lo que me siento muy afortunado y muy agradecido.  

En el inicio de su página web se resalta una frase de Christoph Eschenbach que dice lo siguiente: «Lo tiene todo, una técnica espléndida, una profunda musicalidad y un carisma arrollador» ¿Se ve reflejado en esas palabras?

Es difícil hacer una valoración cuando me halagan de esa manera. A veces me comentan que parece que no me cuesta nada tocar. Eso es la visión que se puede tener desde fuera porque desde dentro me cuesta mogollón. Me agrada que me valoren así, pero yo siento las cosas de forma diferente.


¿Qué vínculos establece con el violonchelo? ¿moldea usted su sonido o él le lleva por un determinado camino?

Depende muchísimo del instrumento. Cada uno tiene su sonido, de eso no hay ninguna duda, es física pura, pero cada instrumento tiene su personalidad. Hay instrumentos que no la tienen, en el sentido de que te dejan tocarlos como quieras y siempre suenan de una manera determinada, y otros no. El instrumento que toco ahora que es un Stradivarius de 1696 y tiene muchísima personalidad, más que cualquier otro que haya tocado o probado. Así que este chelo si no le tocas como él quiere, con ciertas fuerzas aquí y allá, no suena. Me tuve que adaptar a él y pasé por lo menos un año para hacerle sonar medianamente bien y tres para acostumbrarme y sentirlo realmente mío. Llevo casi seis años con él y puedo decir que ahora sí somos un equipo, y me parece que el violonchelo ha crecido conmigo, lo que me alegra un montón. Este chelo tenía fama de ser muy difícil, que lo es, y las personas que lo conocían antes de que lo tocara yo me han comentado que no pensaban que pudiera tener ese sonido.

Cómo organiza su tiempo, entre viajes, estudios, conciertos... Por ejemplo, cuando tiene que tocar en 48 horas tres conciertos

Es verdad que desde hace un par de años mi agenda se ha acelerado un montón. Este tengo 80 conciertos y, claro, aún estoy aprendiendo a lidiar con ello. Por ejemplo, en dos semanas de 2020 he estado en E.E.U.U. y Japón, y he tocado 6 conciertos. Esto es imparable, así que cuando llegué a Tokio después de 32h de viaje me di una ducha y me puse a estudiar, porque no tienes otra opción. Estudias lo que vas a tocar esa semana y la siguiente, y si puedes, en una horilla o dos, lo que vas a interpretar la siguiente. Tener todo en la cabeza, en los dedos, supone que tienes que trabajar también mucho tus pensamientos, el convencerte de que todo va a salir bien. Es verdad que al haber pisado tantos escenarios vas cogiendo tablas y no tienes tantos nervios como al principio. Pero aun así no es fácil, sobre todo porque nunca sabes cómo te vas a sentir después de un viaje. Cuando estuve recientemente en Nueva Orleans el primer concierto me sentí genial, pero en el segundo tenía un jet lag horroroso y lo único que pensaba era en meterme en la cama, y parte del trabajo es intentar que eso no se note.


Usted ha comentado que le llama la atención el que no siempre coincide su valoración de cómo ha tocado un concierto con respecto a la del espectador.

Es algo que nunca llegaré a entender, por eso creo que ayuda mucho el tener entre el público a alguien en el que confías plenamente. Mi novia viaja mucho conmigo, es violinista y tiene un oído increíble, así que sus opiniones me sirven muchísimo. Tener un oído externo a ti siempre ayuda, pues tu sensación no siempre tiene que ver con lo que estás proyectando. Por eso viene muy bien el grabarse. Yo lo hago continuamente porque hay tantas cosas que influyen, cómo te sientes, tus sensaciones, la acústica de la sala… A veces crees que estoy tocando más lento y suena muy rápido; suceden cien mil cosas por lo que hace que sea muy difícil ser objetivo y es necesario ser realista, por eso me grabo.

¿Qué momentos le resultan más satisfactorios y cuáles le producen mayor tensión?

El más satisfactorio es cuando estás disfrutando en el escenario y no piensas en nada ajeno a la música, ya que todo es concentración. El de más tensión tal vez se produce antes del primer ensayo, cuando llegas muy apurado por los viajes y no has podido descansar todo lo que te hubiera gustado o cuando la obra aún no es tuya plenamente.

¿Cuándo elige usted las obras y cuándo se ve obligado a seguir los calendarios de programación de los auditorios?

Cada proyecto es diferente. Lo normal es que tengas que ceder a los calendarios de las salas, pues una programación de una orquesta es muy compleja. A veces hay suerte y te dicen que toques lo que quieras, pero otras te indican qué quieren que intérpretes. Hay que ver un poco de lo que te consideras capaz. Si ves que es imposible tocar dos conciertos diferentes en dos semanas tienes que decir que no y si te sientes con fuerzas adelante. La decisión final, obviamente, es tuya, y por tanto eres el que resuelves si afrontas el reto o no.


¿Qué repertorio es el que prefiere?

Va cambiando. La última obra de la que me he enamorado, que nunca fue un amor mío, ha sido el concierto de Elgar. Siempre pensé que era un poco menor y ahora que le estoy volviendo a tocar la verdad es que me encanta. Tengo que pedir perdón a Elgar porque es un conciertazo.

¿Cómo es su relación con otros intérpretes y con los directores?

El tema de ponerse de acuerdo en tempos o cosas similares no es ningún problema. Todo el mundo es tan profesional y ha tocado tantas veces que es muy sencillo cuadrar las cosas. Normalmente se dispone de un ensayo largo, el general y el concierto, y no suele surgir ningún problema, salvo que sea una obra nueva o contemporánea no hace falta más. Hace mucho que no tengo un encuentro con un director que no me haya entendido con él para nada. Además, a mí me gusta mucho adaptarme a diferentes interpretaciones, pues cuando tocas tantas veces un determinado concierto, por ejemplo, el de Dvorak, te gusta descubrir cosas nuevas y el hacerlo con alguien diferente te hace ver cosas que a lo mejor no habías pensado. Si no me gusta esa propuesta nueva no lo vuelvo a hacer, pero al menos lo he probado. Cuando toco con alguien al que admiro mucho, como con Dudamel en los Ángeles, me pongo en sus manos. Creo que lo toqué muy diferente en cuestión de tempos y dinámicas, pero admiro tanto a Gustavo que lo que diga va a misa. Fue una versión muy fresca y con mucha energía y aprendí un montón, por lo que adopté muchas cosas de esa interpretación. Con cada persona que tocas aprendes algo y vas sumando.

Háblenos del Triple concierto de Beethoven, que tiene previsto interpretar junto a Anne-Sophie Mutter y Khatia Buniatishvili.

Tengo muchísimas ganas, es de los proyectos que llevo esperando años, por lo menos tres y, bueno, es el Triple de Beethoven, que lo vamos a tocar prácticamente por toda Europa. La verdad es que me hace una ilusión increíble. Yo con Mutter he trabajado varias veces, cámara, el doble de Brahms, y la adoro pues me parece una de las grandes violinistas de la historia. Con Khatia no he trabajado, pero me apetece muchísimo pues es una gran pianista. Es un proyecto increíble y supone un reto tan incómodo y tan difícil para el chelo que cuando me lo ofrecieron al principio me dio muchísimo respeto, porque claro un Triple de Beethoven con esas solistas, en las mejores salas europeas…Aunque inmediatamente dije: guau, vamos a hacerlo.


¿Es consciente del gran nivel musical en el que se encuentra?

Para mí cada vez que toco con grandes, como Dudamel, Mutter, Mehta, sigo sintiendo como que me dan una oportunidad y no se me ocurre pensar que estoy a su altura. Lo veo como un regalo, no soy el único chelista del mundo, sé que hay mucha gente que toca increíblemente, y a todo el mundo le encantaría tener esos conciertos con esos intérpretes o directores.

¿Tiene manías a la hora de dar un concierto?

Creo que debería preguntárselo a mi novia que es la que me ve. Pienso que manías no tengo, me gusta estar lo más descansado que pueda y si tengo la oportunidad de echarme una media hora antes del concierto lo hago para estar descansado, así como comer plátano y chocolate antes de salir a tocar, pero vamos, poca cosa. No creo tener ninguna superstición y prefiero normalizar el día del concierto lo más posible.

¿Se cuida de alguna forma especial para evitar la fatiga y las lesiones?

Al tocar con tanta frecuencia y con una exigencia tan grande los músculos se resienten, pero no hago nada extraordinario, aparte de estirar y recibir un masaje al mes, si puedo. Calentar muy bien antes de tocar es fundamental. Desde hace un año y pico me estoy tomando muy en serio hacer deporte, concretamente correr, pues he notado que me beneficia muchísimo mentalmente y así conozco un poco las ciudades a las que voy. Corro una media horita, hago unos 5 o 10 kilómetros. Y además comiendo tanto fuera, al margen de que muchas veces comes mal, engordas muchísimo, y si no me cuido no me van a caber los trajes.

¿Cómo se siente antes y después de un concierto?

Cada uno es diferente. Antes puedo estar súper relajado, hablando con la gente, tranquilo, pero otras veces estoy sin parar de estudiar y no quiero ver a nadie. Después del concierto es un mundo; a veces, si he acabado muy contento, estoy totalmente relajado, guardo el chelo y me voy a cenar, y otras veces no he acabado tan contento y estoy dándole vueltas a las razones por las que no hice esto o aquello, y eso me lleva horas.


¿Cómo se combate la soledad?

A mí me encanta viajar con mi novia y eso hace las cosas mucho más fáciles. Ir solo siempre es más duro pero, bueno, cuando estoy solo algo aprendo y me da cierta inspiración, que luego trato de volcarlo en la música. Intento no bloquear mis sentimientos y creo que como músico es muy importante no tener miedo a lo que sientes en cada momento. Si un día te encuentras fatal, pues abrazas esa sensación, ese sentimiento y lo llevas en tu música. Cuanto más tengas que decir como artista mucho mejor.

Si le preguntan sobre grandes músicos ¿seguiría nombrando a Martha Argerich la primera?

Sin duda, pues esa mujer no es normal, es el músico ideal, lo tiene todo. Posee la intuición más increíble y a la vez sabe lo que hace, y tiene una razón de ser. Técnicamente es más que perfecta y siempre que toca es especial. Si vas a ver un concierto de ella será un acontecimiento hasta el ensayo. Yo la vi ensayar en Munich y me preguntaba cómo puede ser esto un ensayo, si lo que está haciendo tiene una calidad de grabación. Para mí ella es mi máximo ídolo.

Además de Argerich, con músicos que haya tocado, desde luego Mutter. Recuerdo la primera vez que toqué el Brahms con ella, no es lo mismo verla como espectador a 30 metros que tenerla a 30 centímetros, y alucinaba con su control del arco, y aun ahora alucino con ella. De directores aprendo muchísimo de Daniele Gatti. Le vi un concierto en Munich con la Bayerischer Rundfunk y fue uno de los grandes conciertos que he escuchado, resultó magistral. No solo admiro a músicos clásicos, pues uno de mis grandes ídolos es B.B. King, el guitarrista de blues. Tiene la intuición de Argerich, pero en versión blues, y es capaz de con apenas unas notas hacer una frase increíble. De hecho, tengo pensado poner en mi estudio dos grandes cuadros de Martha y King y mirarlos cuando trabajo para que me den inspiración.


Qué se debería cambiar en España para que los músicos de clásica estuvieran más presentes en los medios generalistas, al mismo nivel que las figuras del pop

Yo no entiendo por qué pasa esto y no estamos más presentes como en otras partes del mundo. En Berlín es otro nivel y estamos superpresentes en el día a día a todos los niveles, en la tele, en la radio. Voy a pensar cómo podemos cambiar esto.

¿Se puede estudiar en España música a gran nivel sin necesidad de salir fuera?

Yo creo que sin ninguna duda, pues mi formación en el Reina Sofía fue increíble. Tenemos una suerte asombrosa con esta escuela y desde luego no hace falta irse. Obviamente salir siempre es recomendable, pero de cualquier lado. Si eres de Alemania debes salir de allí y ver otras maneras de tocar, de concebir la música. No es bueno tener una visión demasiado unidireccional, y esa fue una de las cosas que más aprendí al irme a Alemania. De los 3 a los 19 años mi escuela era la rusa y no podía concebir hacer música de una manera diferente a como me habían enseñado mis profesoras, que seguían la línea de Rostropovich. Cuando llegué a Alemania, aunque mi profesor había estudiado precisamente con Rostropovich, me encontré con que tenía una idea más abierta de la música. Al principio pensaba que esta gente estaba equivocada, pero luego me di cuenta de que no, que no hay una sola manera de tocar el instrumento y que hay cientos de formas de hacerlo correctamente. Esto me dio mucha libertad artística y fue el momento de descubrir nuevas maneras de tocar y tener una visión muy amplia de tu campo.

Las otras artes de qué manera le influyen

Yo todo lo que me pasa, lo que hago, lo llevo a la música. No hay una separación entre el Pablo chelista y el que no, pues me siento músico las 24 horas del día y todo lo que me afecta, lo que me pasa, lo vuelco sobre la música. Y espero que con esto consiga que las cosas vayan a mejor-se ríe abiertamente y comenta- o a peor.


¿Cómo es su vida fuera de la música?

Bueno, como ya he dicho el deporte me limpia la mente, es como una medicina, y en mi vida privada me gusta estar en casa y no me saca nadie de ella. Por ejemplo, entre marzo y abril creo que voy a estar en casa cinco días, así que cuando llego es imposible convencerme para que salga. Estoy en pijama tranquilo estudiando todo el día.

¿Y su relación con las nuevas tecnologías? ¿Es buen instagramer?

Intento no meterme en líos, pero me gusta mucho el contacto con mis seguidores y mis páginas las llevo yo personalmente. Me gusta colgar videos y la verdad es que me lo paso muy bien, me lo tomo como una pequeña distracción, sobre todo cuando estoy solo. Lo utilizo también como forma de estudio, me grabo en video y lo subo, pues me parece positivo que otros estudiantes vean que no es oro todo lo que reluce. Que comprueben que yo estudio como los demás y que me cuesta sacar las cosas. Si hubiera existido instagram cuando yo era estudiante me hubiera encantado poder ver como ensayaban los músicos que eran mi referencia. Y así intento motivar a la gente joven.

¿Cómo lleva lo de viajar con el violonchelo?

Es un drama, siempre es incómodo por las proporciones y el peso. Cuando viajo va conmigo y curiosamente a muchos azafatos les cuesta entender que vaya en un avión. Me ha pasado de todo y ya me lo tomo como algo normal. Siempre me quejo de lo coñazo que es ir cargado con el chelo, pero hace poco hice un viaje relámpago para cenar por el cumpleaños de mi padre y le eché de menos, así que no me voy a volver a quejar. Como compañero de viaje es ideal, ni habla, ni te molesta, lo único que pesa mucho.


Una frase de aliento para los estudiantes

No es nada fácil, pues cada uno es un mundo y está en una etapa diferente. Lo único en lo que insisto es en que se graben. Cuando voy a dar clases magistrales por ahí me doy cuenta que muchos no son conscientes del sonido que emiten porque no se graban y no tienen esa percepción de lo que suena fuera, por lo que diría que tiene que ser parte de su aprendizaje.

¿Qué opina de las técnicas extendidas en el violonchelo?

Todo lo que pueda ir a favor de la música es bienvenido, no si son solo tonterías. En mi caso una de las cláusulas del contrato que tengo del violonchelo es que no puedo golpearle, ni dar con el arco, así que yo no tengo contacto con ese tipo de música.

¿Qué cualidades atribuye a la grabación y al directo?

Una grabación en estudio te da la posibilidad de poder conseguir la versión que tú quieres, la que es perfecta para ti en ese momento, algo que dado todas las cosas que pasan en el directo no sería posible. La grabación es como una fotografía de un momento en tu vida y el directo tiene la belleza de que es algo que según acaba se ha perdido y solo permanece en la memoria de la gente y puede incluso cambiar y engrandecerse esa percepción con el paso del tiempo. Un cd no te va a dar esa memoria de lo escuchado como un concierto.

¿Qué diferencias nota entre el interpretar música de cámara y el hacerlo como solista?

Opino que no son dos mundos tan diferentes como algunos creen y yo me lo tomo todo como si fuera música de cámara. Cuando toco de solista lo veo como hacer cámara a gran escala, pues una orquesta no puede reaccionar tan rápido como una persona sola y tiene el filtro del director. En la cámara la relación es más directa. Creo que soy flexible cuando actúo con otros intérpretes y siempre estoy buscando ese algo diferente cada vez. Incluso cuando toco con la misma persona cinco o seis veces no van a ser iguales. Por ejemplo, este año estoy haciendo muchos recitales con el pianista Luis del Valle y cada vez que tocamos es algo diferente y nos alegra mucho el comprobar que hay cosas que hemos hecho que salen muy bien y otras que no funcionan, y que es mejor retirarlas. Pero lo importante es haberlo probado.


¿Qué tal va Pablo Ferrández de sentido del humor?

Creo que bien. El sentido del humor es importantísimo y gran parte de mi tiempo libre me gusta disfrutarlo. Viene bien reírse de uno mismo y no tomárselo todo en serio. Una vez tocando con Mutter, en un concierto de cámara que ella hacía con músicos jóvenes en su fundación, cogí la partitura de viola y puse indicaciones en plan de broma, nos empezó a entrar la risa en el concierto y Mutter nos hecho una mirada… Son tonterías en mitad de una gira, que resultan divertidas.

¿Cuáles son sus planes de futuro?

Seguir con lo que estoy haciendo. El año que bien ya está cerrado y va por el mismo camino que este. Trato de disfrutar lo máximo posible lo que la vida me está dando, y aunque trabajo mucho por ello no deja de ser un regalo. Ya he estrenado conciertos compuestos para mí, así que quizá como anhelo me gustaría tocar en el Carnegie Hall. Una meta que aún no ha llegado pero que está cerca. No por nada en particular, sino porque nunca lo he hecho.

Autor:Agustín Achúcarro
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