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Crítica: Pablo González y Zee Zee con la Sinfónica de la Región de Murcia

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Autor: José Antonio Cantón
19 de mayo de 2026

Crítica de José Antonio Cantón del concierto de Pablo González y Zee Zee con la Sinfónica de la Región de Murcia

Pablo González y Zee Zee con la Sinfónica de la Región de Murcia

 Sólida lectura de Tchaikovsky

Por José Antonio Cantón
Murcia, 15-V-2026. Auditorio Regional ‘Víctor Villegas’.  Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia. Solista: Zee Zee (piano). Director: Pablo González. Obras de Camille Saint-Saëns y Piotr Ilich Tchaikovsky.

   El noveno concierto de la presente temporada de la Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia (ÖSRM) ha significado una de las actuaciones más singulares de esta formación asistida por el maestro asturiano Pablo González en calidad de director invitado y contando con la intervención de la pianista chino-estadounidense Zee Zee, con dos obras señeras de sus respectivos repertorios como son el Segundo concierto para piano y orquesta en Sol menor, Op.22 de Camille Saint-Saëns, escrito el año 1868, y la Quinta sinfonía en mi menor, Op. 64 de Piotr Ilich Tchaikovsky, iniciada su composición dos décadas después.

   La elegante maestría del director se puso en evidencia desde los primeros compases del concierto facilitando la presentación que la solista hizo de la obra concertante que resume muchas de las mejores cualidades de Camille Saint-Saëns: maestría pianística, cultura histórica, imaginación formal y refinamiento francés. Más de siglo y medio después de su estreno, conserva intacta su capacidad de sorprender y fascinar, ya que en ella coexisten el espíritu barroco, la pasión romántica y la claridad clásica, unidos por la personalidad singular de un compositor que supo convertirse en uno de los grandes músicos franceses del romanticismo tardío desde su doble faceta de creador e intérprete, consiguiendo con esta obra un doble objetivo; seducir al público general con melodías de un encanto inmediato y cautivar a los académicos mediante el seguimiento de una estructura formal rigurosa. Estas ideas se han materializado en las manos de la pianista, que supo en todo momento transmitir tales consideraciones estéticas con una elevada musicalidad.

   Así, en el primer movimiento, Andante sostenuto, expuso su cadencia inicial con una curiosa articulación barroca que hacía recordar las fantasías y preludios en el órgano de aquel estilo, desplegando sus solemnes arpegios sin un pulso rítmico estricto antes de aparecer los acordes orquestales con los que se iniciaba el diálogo entre los dos elementos concertantes. A partir de ese momento, se inició su rapsódico desarrollo con una tensión en aumento, muy bien controlada desde el pódium, aspecto que quedó marcado en el clímax central de este movimiento, en el que la orquesta alcanzaba una tremenda intensidad dramática que, desde el piano, Zee Zee mantenía a través de unos acordes masivos que fueron un destacado contraste ante la subsiguiente contemplativa quietud con la que se disuelve este tiempo inicial.

Pablo González y Zee Zee con la Sinfónica de la Región de Murcia

   El segundo fue tratado de manera ingeniosa a la vez que elegante como reflejo de la complacencia propia que existía en el París del Segundo Imperio, ya desde los primeros golpes de timbal. La solista se apropió del compas ternario en el que está escrito propiciándose así su asombrosa técnica de articulación y de claridad de sonido, mostrando una especial suavidad de mezzo-forte, todo ello, desde una manifiesta relajación del brazo y la muñeca que le permitía una pulsación independiente de los dedos que dejaba una sonoridad de nítida claridad de un alto valor expresivo. Se convertía de este modo este tiempo en uno de los momentos más destacados de la velada, con un director que supo jugar con la brillante rítmica que desarrollaba la pianista desde su poderoso mecanismo.

   El movimiento final, Presto, fue un muy bien organizado torbellino de implacable energía desde los frenéticos golpes del típico satarello italiano que adopta el autor. Zee Zee solventaba todas la dificultades de la conclusión del concierto con sobrada capacidad técnica que hacía que la velocidad de los tresillos y los trinos, integrados en las rápidas líneas melódicas parecieran fáciles por la natural respuesta de su mecánica digital, lo que favorecía que el oyente se sintiera trasladado por un viaje emocional sin precedentes. El público se asombró ante tal despliegue de facultad pianística, provocando un cerrado e intenso aplauso. Como queriendo contrastar estas tensiones, correspondió con un exquisita interpretación de la paráfrasis que escribió Franz Liszt denominada Der Müller und der Bach S.565 núm.2 sobre un famoso lied de Franz Schubert, que significó, desde la preciosa melodía de su canto, todo un bálsamo para el oyente.

   Trascendiendo el concepto del destino como leitmotiv que sustenta la Quinta sinfonía de Tchaikovsky, el maestro Pablo González se dispuso a su recreación despojándose de los clichés que puedan tenerse de esta obra emblemática del sinfonismo del siglo XIX, adentrándose a sus planteamientos introspectivos desde una lectura que descubría la controvertida personalidad del autor desde sus sólidos postulados musicales. De tal modo presentó el descendente motivo que abre su primer tiempo, Andante-Allegro con anima, antes de conducir los dos temas que ocupan su desarrollo y la recapitulación final. Impulsó la presencia de la trompa en el famoso pasaje que abre el Andante cantabile que ocupa el segundo lugar de la sinfonía, llevando al primer clarinete a un reposado aire contrapuntístico que destacó entre la orquesta, hasta alcanzar la resignada conclusión del movimiento. Resaltó el carácter de vals del tercero con inquieta elegancia, dejando aparecer en su coda esa idea del destino que subyace en la obra como una sombra que terminó de disiparse renunciando a atacar de inmediato el Finale, como suelen hacer algunos directores como factor de contraste para resaltar aún más la conclusión de la sinfonía. En este momento rubricó su extraordinaria lectura impulsando que la orquesta brillara con inolvidable expresividad, dejando una máxima sensación de plenitud en el oyente con una magistral conducción de la coda que cierra la obra. Terminaba de este modo una de las interpretaciones más logradas de la temporada de la ÖSRM que quedará seguramente como un recuerdo imborrable en los aficionados a tenor de su clamoroso e intenso aplauso.

Foto: OSRM

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