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Crítica: Pablo Mielgo dirige a la Filarmónica de Málaga

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21 de diciembre de 2016

LA SOLEMNIS PRÓLOGO DE LA NAVIDAD

   Por Alejandro Fernández
Málaga. 16/XII/2016. Temporada de abono de la Orquesta Filarmónica de Málaga 2016/2017. Concierto de abono nº7 Navidad. F. Schubert. Orquesta Filarmónica de Málaga. Coral Carmina Nova. Solistas: María Espada, soprano; Esmeralda Espinosa, mezzosoprano; Juan Antonio Sanabria, tenor y Damián del Castillo, barítono. Dirección: Pablo Mielgo. Programa: Sinfonía nº 5 en si bemol mayor, D. 485 y Misa nº5 en la mayor, D. 678, de F. Schubert

   Como cada año, y ya comienza a parecer eterno, el primer edil de la ciudad, nuevamente nos subraya lo mucho que se desvela por la cultura en Málaga y apunta, y hemos perdido la cuenta, que no ceja en su empeño por construir el auditorio para la Filarmónica de Málaga (OFM). La cosa ya mueve a sorna y como siempre se deshace en ese cúmulo de intenciones de cualquier bienqueda. En cualquier caso,  el abono  de la OFM  encabezado por el debut de Pablo Mielgo  acabó resultando un tanto frío e indiferente por no hablar de apagado, aún siendo Schubert el gran protagonista del abono de Navidad de la Filarmónica que enlazaba, además, con el abono anterior dedicado a la figura de Brahms; los dos extremos del romanticismo germánico, el orfebre y el arquitecto. Dos visiones que, más que enfrentadas, parecen soldadas; más que opuestas, diversas.

   Schubert es uno de los pilares del Romanticismo alemán. Su temprana muerte no le privó de legarnos un extenso catálogo donde el capítulo vocal ocupa un puesto destacado entre la larga lista de lieder y obra sacra. El músico vienés encarna al artista moderno que vive exclusivamente de su trabajo sin depender de patrono alguno. Tamaña empresa no le fue del todo provechosa, pero el hecho es que su producción destila el espíritu libre de un creador hoy irrenunciable.

   A los veinte años Schubert escribe su quinto trabajo sinfónico inspirado en la genialidad de Haydn pero sobre todo Mozart, algo que apreciamos incluso en la propia plantilla orquestal, más cercana al clasicismo que al aparato romántico, en contraste con su Misa en la mayor, donde no escatima en efectivos. Pablo Mielgo, director invitado por la OFM, jugó precisamente con esta idea en la lectura de esta Quinta sinfonía.

   Mielgo desplegó  dinámicas fluidas, de juicioso color, especialmente en los tiempos extremos resaltando de este modo la particular forma con la que Schubert ensambla su discurso temático sobre la base de motivos claros y fácilmente identificables por el oyente. Tras el inconfundible allegro de apertura llegó el andante sereno y recreado. Destacar el papel de las maderas y cuerdas especialmente en el minuetto de indudable inspiración mozartiana en contraste con el allegro conclusivo conectado al ánimo del primer tiempo donde los temas se distinguen por su carácter vibrante y acelerado.

   De las seis misas escritas por Schubert es a partir de la quinta, que llamó Missa Solemnis, cuando descubrimos el verdadero interés del género, al conseguir cincelar un trabajo maduro y pulido para lo que no descarta una plantilla orquestal más amplia y efectista añadiendo metales y percusión.  Carmina Nova, que dirige Diego González Ávila, junto a las voces solistas de Espada, Espino, Sanabria y del Castillo completaban los efectivos propuestos por la Filarmónica para una versión cargada de intención que la acústica del coliseo malagueño, como es habitual, se encargó de emborronar.

   Pablo Mielgo ofreció una interpretación sosegada, centrada en los efectos y acentos así como los propios hallazgos que atesora la página, como los episodios en monodia del Credo, o la dulzura con la que trataría el Agnus Dei conclusivo. Del cuarteto solista subrayar el color aportado por la voz de María Espada, que es siempre un acontecimiento por su gusto, capacidad de empaste y fraseo; la interesantísima aportación de la mezzo Esmeralda Espinosa a la que pudimos escuchar en la Suite Celtiberia de Moreno Buendía en la temporada pasada; el tenor canario Juan Antonio Sanabria y el barítono malagueño Damián del Castillo que es una apuesta segura por parte de la OFM.

   Programa alejado de efectos y navidañeces cansinas, posiblemente poco exprimido y algo improvisado en ocasiones. Coincidiendo con el tradicional abono de Navidad el Consistorio otorgó el premio a la mejor labor musical del año a la malagueña Berna Perles a quien CODALARIO dedicó una extensa entrevista en el mes de septiembre. Filarmónica, Carmina Nova y todo el auditorio felicitó la Navidad cantando el Noche de Paz.

Autor:Alejandro Fernández
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