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Crítica: Pedro Halffter dirige 'El emperador de la Atlántida' en el Teatro Real de Madrid

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18 de junio de 2016

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EL EMPERADOR DE PEDRO HALFFTER

  Por Raúl Chamorro Mena
Madrid, 12/VI/16. Teatro Real. Prólogo: El canto de amor y muerte del corneta Christoph Rilke, para narrador y orquesta (Viktor Ullmann), Adagio in memoriam Ana Frank (Viktor Ullmann y Pedro Halffter), Pequeña obertura para “El emperador de la Atlántida” (Viktor Ullmann y Pedro Halffter); Der Kaiser von Atlantis oder Der Tod dankt ab -“El emperador de la Atlántida o la abdicación de la muerte”- (Viktor Ullmann y Pedro Halffter). Blanca Portillo (Narración), Alejandro Marco-Buhrmester (El emperador Overall), Martin Winkler (El altoparlante), Torben Jürgens (La muerte), Roger Padullés (Arlequín), Albert Casals (Un Soldado), Sonia de Munck (Bubikopf), Ana Ibarra (El tambor mayor). Orquesta titular del Teatro Real. Dirección musical: Pedro Halffter. Dirección de escena: Gustavo Tambascio.

  La alegría y celebración que merecería la programación de una obra como Der Kaiser von Atlantis, no sólo por las circunstancias en que fue compuesta si no por la calidad de su música y su poco habitual presencia en los escenarios, quedó atenuada al no poder escucharse la orquestación original de Viktor Ullmann, es decir su creación genuina e íntegra.

   Ullmann confinado en el guetto-fortaleza de Terezin, una especie de campo de concentración “especial” donde eran recluidos judíos seleccionados con una aparente capacidad de autoorganizarse, creó la obra en ese entorno, con esos medios, en esas circunstancias, que son totalmente fundamentales y esencializan la composición. Por ello, resulta inadmisible que las mismas puedan utilizarse, precisamente, como argumento justificativo de una intervención desnaturalizadora sobre la partitura en forma de orquesta densa y grandilocuente, en lugar de la camerística de 13 instrumentistas prevista por el autor de una música con ecos del primer Schönberg, Krenek, Korngold, Zemlinsky…

   Ullmann, que no pudo ver estrenada su obra, fallecería en Auschwitz, sin embargo, el destino sí quiso que el manuscrito de “Der Kaiser” se conservase, al contrario de lo ocurrido con gran parte de su creación musical.

   Esta reorquestación encargada por el propio Joan Matabosch a Pedro Halffter resulta, al igual que la dirección musical de éste durante toda la velada, tan aparatosa y fuera de lugar, como vacía y trivial. Tan pesante y rimbombante como banal, tan huera y autocomplaciente como desfiguradora y, en definitiva, tristemente falseadora de la creación original.

   A este contexto hay que sumar la poco estimulante propuesta escénica de Gustavo Tambascio, de la que no puede negarse como mejor virtud, que expuso la narración con cierta claridad, pero sin potenciar ninguno de los elementos como la ironía, la caricatura, la crítica moral y demás carga simbólico-metafórica que encierra la obra. Irreprochable por su profesionalidad y compromiso, el elenco encabezado por el Emperador Overall de Alejandro Marco-Buhrmester, con sus medios modestos y emisión gutural, siempre superior en lo interpretativo (recordemos su Sant François de Messiaen de hace unos años en el Madrid Arena) que en lo vocal. Apreciable también el Arlequín de Roger Padullés, tenor de voz liviana, pero bien emitida y que fraseó siempre con intención. Mejor Sonia de Munck, de emisión áerea, vibrato característico y agudos punzantes, en su Bubikopf, que Ana Ibarra de timbre velado y sin liberar, como Tambor Mayor. Animoso, de lirismo arrebatado, el soldado de Albert Casals, que protagoniza con De Munck el maravilloso dúo de la tercera escena, un canto a la esperanza humanística: “Sólo el amor puede unirnos a todos”. Correcto Torben Jürgens en el papel de esa muerte que se niega a colaborar en la barbarie desatada por el Emperador y sólido Martin Winkler como el Altoparlante.

   A los efectos de completar el espectáculo dada la corta duración de ”Der Kaiser von Atlantis”, se ofreció un prólogo compuesto por la apropiada “El canto de amor y muerte del corneta Christoph Rilke”, para narrador y orquesta, también compuesta por el músico polaco en Theresienstadt, en la que destacó Blanca Portillo como narradora con una articulación tan nítida como incisiva y contrastada, propia de un actriz teatral de raza. Mucho más discutible por no decir de inclusión arbitraria cuando no, caprichosa, el “Adagio in memoriam de Anna Frank” y la “Pequeña obertura para el Emperador de la Atlántida”, creaciones del insaciable y omnipresente Pedro Halffter, cual “Emperador” supremo y todopoderoso, basados en movimientos de la Sonata para piano nº 7 de Viktor Ullmann. La dramaturgia de este prólogo, ayuna de ideas y profusa en trilladas proyecciones, resultó tan poco interesante como la de la ópera, oscilando entre lo confuso, lo simplón y lo pueril.  

   Habrá que esperar aún en Madrid para poder presenciar el genuino “Der Kaiser von Atlantis” de Viktor Ullmann.

Foto: Javier del Real

Autor:Raúl Chamorro Mena
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