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Crítica: Pepe Romero y la Annapolis Symphony Orchestra en el Auditorio Nacional

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Autor: Raúl Chamorro Mena
11 de junio de 2022

Pepe Romero interpreta el Concierto de Aranjuez en el Auditorio Nacional de Madrid acompañado de la Annapolis Symphony Orchestra bajo la dirección del español José Luis Novo

Pepe Romero

El sublime magisterio de Pepe Romero

Por Raúl Chamorro Mena
Madrid, 8-VII-2022, Auditorio Nacional. Gira Annapolis Symphony Orchestra. Chapultepec, bosquejos sinfónicos (Manuel Ponce). Concierto de Aranjuez para guitarra y orquesta (Joaquín Rodrigo). Pepe Romero, guitarra. Sinfonía nº 3, op. 44 (Sergei Rachmaninoff). Orquesta Sinfónica de Annapolis. Dirección: José Luis Novo. 

   En los últimos años se asiste cada vez más el fenómeno de encontrar magníficos conciertos en aquellos eventos que, a priori, protagonizan orquestas y directores de menos renombre y fama. Las grandes orquestas, actualmente, están en su mayoría comandadas por músicos más bien superficiales, acomodados y de más que discutible talento. En este caso, una orquesta de buen nivel, la Sinfónica de Annapolis, entregada y motivadísima, porque sin gozar de gran celebridad está de gira por España y quiere quedar lo mejor posible, dirigida por su titular desde 2005, el español, vallisoletano, José Luis Novo, ofreció un magnífico concierto, con la participación de un artista del calibre de Pepe Romero, de los más grandes guitarristas de la historia. Una pena que el Auditorio presentara una media entrada y que seguramente no encontrarán reseñas del concierto ni en las publicaciones especializadas, pero su resultado artístico, en opinión del que suscribe, fue muy superior que la mayoría de los conciertos presenciados este año dentro los más prestigiosos ciclos que se desarrollan en el Auditorio Nacional de Música. 

   Annapolis es una ciudad de unos 40.000 habitantes, capital del Estado USA de Maryland, una de las trece colonias que declararon su independencia de Gran Bretaña en 1776 y formaron los Estados Unidos. La orquesta Sinfónica de la ciudad, en un primer momento como Orquesta Cívica de Annapolis, comenzó su andadura en 1962. Como ya se ha subrayado su titular en los últimos 17 años es el vallisoletano José Luis Novo.  

José Luis Novo

El director español José Luis Novo lleva 17 años al frente de la Annapolis Symphony Orchestra

   El mexicano Manuel Ponce (1882-1948), principalmente recordado por su canción Estrellita, estrenó Chapultepec en 1922, si bien la revisó profundamente en 1934. El nombre proviene de un castillo situado en una colina, que fue sagrada para los aztecas, y que posee formidables vistas de la ciudad de México DF. La obra, muy bella e impecablemente orquestada, es buena muestra del gran oficio de su autor y cuenta con 4 movimientos, Primavera, Nocturno, Paseo diurno, Canto y danza. José Luis Novo expuso de manera apropiada y clarividente las atmósferas de la obra. Desde los ecos impresionistas de Ravel y Debussy de los dos primeros movimientos -en los que brillaron especialmente las maderas- a los más raciales e inspirados en el fólklore mexicano de los dos últimos, con ese capítulo final, canto y danza, de intenso impulso rítmico y carácter danzable.  

   Todo un lujo poder escuchar la obra más justamente popular e interpretada para guitarra -también de toda la música española-, el Concierto de Aranjuez de Joaquín Rodrigo, por el gran Pepe Romero, en la cumbre de su magisterio artístico a los 78 años de edad. La música de Rodrigo, de raíz neoclásica y con sonoridades de folklore castellano, evoca la vida cortesana del Siglo XVIII, con una elegancia y refinamiento que la emparenta al estilo galante. El músico murviedrés afirmaba, respecto a la orquestación del concierto, que debía ser «suficientemente resistente para dar consistencia a ese fantasma sonoro que es la guitarra y, al propio tiempo, tan ligera que no cubriera la sutil vaguedad del instrumento». En contra de lo que es habitual, Pepe Romero tocó el concierto sin amplificación, como debe ser, y a fe mía que no hizo falta, pues se combinaron la amplitud del caudal sonoro de su guitarra con el equilibrio conseguido por la batuta de Novo y la orquesta en su exquisito acompañamiento. Desde el primer acorde de la guitarra, que empieza y termina la obra, pudo apreciarse el sonido bello, bien calibrado, de generoso volumen y variedad de colores de la guitarra de Romero. El fraseo variado, con abundante gama dinámica, contrastado, pletórico de claroscuros, penetró como pocos en las entrañas de la música. Pocas veces se ha escuchado a una guitarra “cantar” de esa manera tan elevada la archifamosa melodía del segundo movimiento, alma central del concierto, previamente introducida de forma impecable por el solista de corno inglés de la orquesta. En resumen, una mezcla de profundidad musical, expresividad y virtuosismo, propia un artista con todas las letras. Las ovaciones y «bravos» saludaron el final del concierto y fueron premiadas por Romero con una fantasía cubana de su padre Celedonio, con el que formó junto a sus hermanos un glorioso cuarteto. La pieza fue anunciada por él mismo y fue una perfecta muestra de su aquilatado virtuosismo.

   Tan bien organizada como bien tocada resultó la Tercera Sinfonía de Sergei Rachmaninoff, obra mucho menos habitual que la segunda y que constituye una de sus últimas composiciones, toda vez que su actividad como pianista virtuoso ocupaba la mayor parte de su tiempo. La obra, dividida en tres movimientos - el segundo ejerce al mismo tiempo de movimiento lento y de scherzo- fue estrenada en 1936 por la orquesta de Filadelfia bajo la dirección de Leopold Stokowski con escaso éxito. La calidad de la orquesta dedicataria de la composición nos indica que se destina a una agrupación virtuosa, pero la ausencia de la esos temas exuberantes, líneas melódicas envolventes y fuerza emocional de la segunda, compuesta treinta años atrás, pueden explicar la fría recepción de la obra ante la decepción del compositor. La Sinfónica de Annapolis no es una de las grandes orquestas estadounidenses (big five o big seven), pero es una buena orquesta, que demostró tener bien trabajada la obra con su titular José Luis Novo el frente. Transparencia sonora, fraseo bien labrado y juego de dinámicas se sumaron a una estupenda actuación de todos los solistas, incluido el violín concertino al comienzo del segundo capítulo. El último movimiento culminó de forma brillante, como corresponde, una interpretación bien construida y de impecable acabado. Director y músicos actuaron ataviados con mascarilla, excepto, lógicamente los de las sección de viento.

Pepe Romero en el Auditorio Nacional

Pepe Romero, en una sesión de ensayo previa al concierto. Foto: Facebook Annapolis Symphony Orchestra

   Curiosamente el programa de mano, telemático, no en papel, contenía las propinas a interpretar por una orquesta. En primer lugar, una festiva y arrolladoramente danzable Conga del fuego nuevo de Arturo Márquez (Sonora, 1950) y como pletórico final, una flamígera interpretación del intermedio de La boda de Luis Alonso de Gerónimo Giménez. Brillantísima, ígnea, entregadísima una interpretación en la que hasta el zapateado sonó genuino a la par que vibrante. Un placer escuchar nuestra música tocada con tanta entrega por una orquesta de sede tan lejana. Y otro placer comprobar cómo un director titular español interpreta música española con su orquesta, a diferencia de otros más famosos y que nos visitan con asiduidad. 

   El público, muy diferente al habitual, se mostró franco y espontáneo, aplaudió al final de cada movimiento, pero escuchó la música con respeto y la máxima atención, disfrutando a fondo del concierto.

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