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Crítica: Perry So dirige el 'Stabat Mater' de Dvorak en la temporada de la Sinfónica del Principado de Asturias

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Autor: Nuria Blanco Álvarez
27 de marzo de 2018

 Stabat Mater doloroso

   Por Nuria Blanco Álvarez | @miladomusical
Oviedo. 23-III-2018. Auditorio Príncipe Felipe. Concierto extraordinario de Semana Santa. Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias. Mª José Moreno, soprano; Ana Ibarra, mezzosoprano; Pablo Bemsch, tenor; David Menéndez, barítono. Sociedad Coral de Bilbao. Enrique Azurza, maestro de coro. Perry So, director.

   Como viene siendo habitual en estas fechas, la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias ha ofrecido su concierto extraordinario de Semana Santa. En esta ocasión interpretando el Stabat Mater de Dvorak, una bellísima obra, muy emotiva; más si cabe por las dramáticas circunstancias personales por las que atravesaba el compositor en los momentos de su creación. El sufrimiento de una madre que ve morir a su hijo no sólo hace referencia aquí a la Virgen María, sino también a la propia esposa del músico, Anna Cermáková, que ve por triplicado este dolor, si es que se puede hablar de medidas para pérdidas de esta magnitud, al fallecer sus tres hijos en menos de dos años.

   En un auditorio de nuevo con escaso público, compartió escenario con la orquesta la Sociedad Coral de Bilbao ocupando el puesto que desde hace años ostentaba el Coro de la Fundación Princesa de Asturias para este evento. La OSPA estuvo dirigida por su segundo de a bordo, el maestro Perry So, tan habitual desde hace años al frente de la agrupación y que en esta temporada ostenta el título de “Colaborador artístico”, que bien podía creerse que se trata de un firme candidato a la titularidad de la orquesta, habida cuenta además de que ha sido elegido portada del librito-programa del tercer trimestre de la temporada de la OSPA, no obstante, cada vez son más insistentes los rumores de una próxima renovación de su actual titular Rossen Milanov que en nada está ayudando a la entidad para que salga del difícil momento por el que lleva atravesando ya desde hace demasiado tiempo y que no parece tener fin si no se toman decisiones de calibre que den una vuelta de tuerca a la dejadez con la que se está llevando a la orquesta y se pueda activar el enorme potencial de los buenos profesionales que abarrotan los atriles de la agrupación.

   El maestro chino conoce a la perfección a esta orquesta y supo sacarle partido para su lucimiento a lo largo de la obra, sin embargo, no supo controlar el balance sonoro de todos los participantes dando un protagonismo desmedido a la agrupación instrumental que tapaba constantemente a la masa coral e incluso, en algunas ocasiones, a los propios solitas. Bien es cierto que la Sociedad Coral de Bilbao, a pesar de sobrepasar los 80 integrantes, presentó un volumen deficiente en todo momento y una falta de entidad general, pero podrían haberse trabajado más los distintos planos sonoros. Sus voces se apreciaban desgastadas, más en las secciones masculinas; sorprendió la falta de precisión en muchas entradas y los descuidados finales de numerosas frases, los golpes de voz en determinadas vocalizaciones de los melismas, repentinos fortes en sílabas concretas, falta de delicadeza, en definitiva, mucho trabajo pendiente para el maestro de coro Enrique Azurza. En “Eia, mater, fons amoris” se escucharon arrastres de la cuerda de contraltos y una dicción general deficiente, además de un énfasis desmedido sólo en la primera sílaba de las palabras, comiéndose las últimas. En “Tui nati vulnerati” volvieron a estar eclipsados por el volumen orquestal, como ya ocurriera en la pieza inicial y las sopranos deberían haber cubierto más su sonido en sus intervenciones en “Virgo, virginun praeclara”, donde mostraron la fragilidad de sus voces, al igual que los bajos que no manifestaron suficiente peso vocal. Sorprende además que las mujeres del coro no luzcan uniforme, vistiendo cada una con su propio atuendo de color negro. A la vista del resultado y teniendo en Asturias uno de los coros de referencia a nivel europeo, como es “El león de oro”, no se entiende que en su casa no se le acabe de poner en el lugar que tan merecidamente se han ganado por méritos propios y se cuente con él de manera habitual para eventos como este y de cualquier otro tipo, con un repertorio adecuado al número de sus voces, pero que incluso en este caso, seguramente habrían desarrollado más eficazmente esta tarea.

   El cuarteto solista realizó un buen trabajo general. David Menéndez dio muestras una vez más de su espléndida voz, tanto en volumen como en gusto interpretativo, incluso en las notas más graves, siempre cuidadas. El tenor Pablo Bemsch solventó con corrección su solo “Falc me vere tecum flere” si bien se echó en falta una mayor entidad canora. Fue mucho más enérgico en su dúo con la soprano Mª José Moreno, quien puso de manifiesto su excelente fiato y bonita línea melódica; al igual que la mezzo Ana Ibarra que realizó una notable interpretación de su parte solista, con una voz elegante y de gran presencia.

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