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Crítica: Recital de Piotr Beczala en el Auditorio de Oviedo

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Autor: Nuria Blanco Álvarez
2 de mayo de 2017

PIOTR BECZALA, IL DIVO

   Por Nuria Blanco Álvarez | @miladomusical
Oviedo. 30-IV-2017. Auditorio Príncipe Felipe. Conciertos del Auditorio. Piotr Beczala, tenor. Coro de la Ópera de Oviedo. Oviedo Filarmonía. Marzio Conti, director.

   Piotr Beczala recaló en la capital asturiana para ofrecer un recital de arias de óperas italianas y francesas acompañado por el Coro de la Ópera de Oviedo y la Oviedo Filarmonía dirigida por su titular, Marzio Conti, en lo que fue su última actuación de temporada al frente del conjunto. El director italiano acaba de anunciar su retirada, no sólo de la titularidad de dicha orquesta, sino también de la dirección orquestal. La cita era muy esperada por el público que abarrotaba la sala y que no dejó de vitorear y aplaudir al cantante a lo largo de todas y cada una de sus intervenciones. Beczala es sin duda uno de los cantantes de referencia del momento, con una voz plena, segura y de bellísimo timbre, un tenor lírico que, precisamente ahora, se encuentra evolucionando hacia un mayor dramatismo. 

   Fue emocionante su interpretación de Porquoi me réveiller, de Werther de Massenet, que tanto éxito le dio esta temporada en el Liceo, donde bisó el tema, una pena que Conti no controlase  el volumen de la orquesta para que pudiéramos disfrutar de los maravillosos agudos del cantante así como de su gusto interpretativo, unos agudos redondos, que mantienen la belleza de la voz, que no la rompen, pero que no terminan de explotar del todo. Hay cierta apariencia de frialdad por ello en este tenor, que parece centrarse en cantar bello y elegante pero no arrebatado. Un tenor clásico, Beczala; un gran tenor. El exceso de volumen deslució varios momentos de la velada, como el aria Di quella pira de Il trovatore, donde tanto el coro masculino como la propia orquesta interpretaban con una intensidad tal que era francamente difícil escuchar al artista (un poco justo en el agudo final), que no tiene precisamente una voz pequeña. También tuvo el cantante que matizar el tempo con que la orquesta lo acompañó en el conocido Nessun dorma, de la ópera Turandot, de Puccini, que hubo de agilizar para adaptarlo a sus necesidades. Creemos que una mayor prolongación del agudo final hubiera sentado bien al fragmento, habiendo sido cantado con el arte canoro que sólo unos pocos elegidos pueden aportar hoy.

   Efectivamente, no es Beczala un tenor que guste de lo estentóreo o exagerado. Tampoco lo necesita. Posee un fraseo precioso y cálido como pocos. Hizo las delicias del público mostrando en la exigente Tombe degli avi miei de Lucia di Lammermoor todas sus cualidades técnicas, con un fiato inagotable, un control de la voz admirable, unos agudos muy cuidados, y graves de inusual presencia para un tenor.

   Incluso el público neófito irrumpió en aplausos en mitad de la pieza deslumbrado por el espectáculo canoro, y es que un divo arrastra a las masas y sin duda la calidad hace afición. Continuó brillante en la bellísima La fleur que tu m´avais jetée, que interpretó con extraordinario gusto, acabando la conocida escala que termina en "si" en un piano en falsete, forma de concluir muy del gusto de José Carreras, tenor al que recuerda en ciertos giros o en su naturalidad de emición, siendo muy diferentes en otras cosas. Ya explicaba en una reciente entrevista concedida a CODALARIO que precisamente se encuentra preparando el papel de Don José de Carmen para debutarlo próximamente.

   El Coro de la Ópera de Oviedo acompañó al tenor en varias piezas, con un volumen desmedido como hemos comentado, pero fue en el conocido Coro de esclavos de Nabucco, de Verdi, donde pudo lucir sus cualidades, único tema para el que no necesitaron partitura, no en vano lo representaron en la pasada temporada de ópera en la tablas del Teatro Campoamor. Su interpretación fue ciertamente hermosa y rica en detalles. Coro de esclavos aparte, para el lucimiento del coro se podrían haber elegido mejores piezas.

   La velada se cerró con tres propinas, una magnífica interpretación de E lucevan le stelle de Tosca, al que faltó cierto apasionamiento que sin duda va bien a esta partitura mítica; Freunde, das Leben ist lebenswert de Giuditta de Lehár –única pieza en alemán de la noche-, cuya interpretación nos recordó cómo la cantaba Fritz Wunderlich, y la canción napolitana Core´ngrato, que puso al público en pie en cerrada ovación a este magnífico cantante. Gran concierto y éxito para la organización.

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