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Crítica: Ars Nova Copenhagen y Paul Hillier estrenan a Arvo Pärt en el CNDM

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20 de febrero de 2018

El conjunto danés, con el célebre director británico al frente, realizó un recorrido tan extraño como desconcertante, en un concierto que brilló por el sentido homenaje al gran compositor estonio.

Merecido homenaje, decpecionante resultado

   Por Mario Guada | @elcriticorn
Madrid. 19-II-2018. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Auditorio 400. Centro Nacional de Difusión Musical. Series 20/21. Old World, New World. Obras de Arvo Pärt, Alonso Lobo, Manuel de Sumaya, Christian Wolff, Abraham Wood, John Cage, Hernando Franco y anónimos. Ars Nova Copenhagen | Paul Hillier.

   Este era probablemente el concierto más esperado de la temporada en las Series 20/21 del Centro Nacional de Difusión Musical. El espectacular Auditorio 400 del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía –de acústica absolutamente impecable– acogió el estreno en Madrid –el absoluto tuvo lugar el día anterior en Salamanca– de And I heard a voice [2017], composición del estonio Arvo Pärt (1935), sin duda uno de los grandes compositores vivos, en cuyo catálogo la música coral tiene una importancia superlativa. La historia de esta composición se remonta varias décadas atrás y en palabras del propio Pärt:

Este texto me impactó hace 20 años, cuando recibí la noticia de la muerte de mi buen amigo y apoyo Konrad Veem, arzobispo estonio que servía en Suecia. La carta de su mujer citaba estas líneas de una traducción estonio de la Biblia [«Y oí una voz del Cielo que decía: ‘Escribe: Bienaventurados los muertos que de aquí en adelante mueren en el Señor. Sí, dice el Espíritu, descansarán de sus trabajos, porque sus obras van con ellos’». Apocalipsis de San Juan 14:13] y su lectura me impresionó profundamente. Normalmente, la frase «descansarán de sus trabajos» se traduce de forma literal. Sin embargo, hay una versión que lo traduce como «ellos respirarán de sus trabajos». Ellos han fallecido, están recuperando el aliento, pero a la vez están todavía con nosotros. Es como la vida eterna. Esta segunda traducción estona del texto del texto nos ofrece una rara interpretación para el mayor de los secretos.

   Parece ser que Pärt intentó durante muchos años llevar a cabo la composición de esta obra como tributo a su querido amigo Veem, pero cada vez que se ponía a ello era incapaz de confeccionar apenas unos compases, pues le afectaba demasiado su pérdida. Cuando el CNDM le hizo llegar la petición del encargo conjunto con la Universidad de Salamanca, con motivo del 800.º aniversario de la fundación de esta, Pärt vio por fin una oportunidad de rendir el tributo que tenía pendiente y, ante el asombro de todos –incluido el CNDM, que no contaba con que aceptara dicho encargo–, llevó a cabo su composición en solo tres días. La obra, concebida para coro mixto [SATB] a cappella, es un ejemplo meridianamente claro del estilo compositivo del estonio, dentro de ese lenguaje tan propio y reconocible que se ha bautizado como minimalismo sacro –incluye también ciertas obras de otros autores como John Tavener, Henryk Górecki, Sofia Gubaidulina o Pēteris Vasks–. Carente de la complejidad rítmica o armónica de algunas de sus grandes obras para coro, en ciertos momentos parece beber de la música folclórica en sus melodías. Es curiosa la inclusión de su idioma natal en toda la obra, a excepción del verso inicial, por lo extraño del idioma estonio dentro en su catálogo coral. Pärt salda así su deuda con Veem y su familia, contando además con la presencia de dos de dos de sus hijos entre los asistentes al concierto.

   El resto del programa, que por cierto estoy todavía intentando comprender, resultó una inconsecuente amalgama de obras y compositores sin otro razonamiento que el arbitrio del ensemble danés y su director británico. Desde el impresionante Magnificat Sexti toni, de Hernando Franco (1532-1585) –qué magnífica la obra de este autor español, que desarrolló su labor en el Nuevo Mundo, y qué poco se interpreta–; pasando por dos extraordinario motetes del gran Alonso Lobo (1555-1617), la horriblemente interpretada La bella incorrupta –a doble coro–, del mexicano Manuel de Sumaya (c. 1678-c. 1755); continuando por composiciones del XIX, en un giro hacia el salmo inglés –Evening Hymn, anónimo de principios de siglo, y Brevity, de Abraham Wood (1752-1804)–, así como al folclore vocal irlandés –On Ragland Road, canción original en gaélico, en un arreglo coral de Hillier–. Así se llegó hasta la composición coral del siglo XX, coronada por el propio Pärt –Kleine Litanei [2015], Virgencita [2012] (qué magnífico obsequio del autor al pueblo mexicano) y Bogoróditse Dyévo [1998]–, y coprotagonizada por Johan Cage (1912-1992) –Ear for EAR (Antiphonies) [1983]– y Christian Wolff (1934) –Evening Shade, Wake Up [2004]–.

   La interpretación de Ars Nova Conpenhagen y Paul Hillier, en general decepcionante, no logró la excelencia salvo contadas ocasiones. La interpretación de Sumaya fue una clara evidencia de la horrible e irrespetuosa concepción que del repertorio novohispano tienen la mayor parte de los conjuntos del centro y norte de Europa. En cuanto a Lobo, sin desmerecer la pulcritud de la afinación en muchos momentos, el bello equilibrio entre las partes y la notable dicción del latín, no es un repertorio en el que los daneses parezcan sentirse demasiado cómodos, cada vez más alejados de la polifonía del Renacimiento a la que sí dedicaron ciertos esfuerzos hace años. Algo mejor su desempeño en el Magnificat de Franco, un final que puso algo de justicia histórica sobre el escenario –a pesar de la arbitraria elección de hombres, después mujeres y finalmente todos juntos en la interpretación del canto llano de los versos impares–. La plantilla de tres cantores por cuerda hace que se descuelguen ciertas voces, lo que es siempre muy peligroso sino se trabaja con mucha pulcritud y refinamiento. En ciertas ocasiones una de las tres sopranos estaba excesivamente fuera del conjunto, con un sonido demasiado presente y un uso excesivo del vibrato. Algo similar sucedió –fuera del sonido global– por momentos con uno de los tenores. Sin duda el ensemble se mueve mejor en territorio contemporáneo, como demostraron la excepcional interpretación de la pieza de Wolff –la más compleja del programa–, de una tremenda exigencia técnica y auditiva, con ciertos momentos de politonalidad; así como una lograda resonancia de los armónicos en la pieza de Cage. Ciertamente esperaba un trabajo de fligrana y la mano de un orfebre en Hillier, pero me encontré con una dirección ajustada pero muy poco refinada, a veces casi superficial de música de tanto calibre. El programa, que es toda una radiografía de lo que ha sido la carrera de este director, a caballo entre el Renacimiento y lo contemporáneo, quedó sin duda en una especie de caricatura de quien ha sido una leyenda la dirección coral durante décadas.

   Quizá lo más interesante de la velada resultaron las interpretaciones de Pärt, con un sonido pulido, aunque con ciertos problemas de afinación para un conjunto de este nivel, un buen trabajo dinámico y estilísticamente afines a la escritura del estonio. De cualquier manera, me parecen de mayor interés los trabajos que sobre este repertorio ha realizado el Estonian Philharmonic Chamber Choir | Tõnu Kaljuste. En general, esta versión tan íntima de composiciones minimalistas resulta redundante y un tanto desangelada. Cuánto más recomendable, en cualquier caso, el trabajo llevado a cabo por The Tallis Scholars | Peter Phillips dentro de esta misma línea, e incluso el realizado por el propio Hillier al frente de The Theatre of Voices.

   Sea como fuere, la excusa de la velada, el estreno de la obra Pärt, congregó a apasionados de la obra del compositor –que se arremolinaron a su alrededor al concluir el concierto– y sin duda sirvió para marcar esta fecha como histórica en el calendario del CNDM. Lástima que, como en otras muchas ocasiones, la falta de acierto en la confección de un programa sostenible, atrayente y sobre todo reflexivo resulte un poderoso lastre sobre el resultado final. Personalmente, esperaba mucho de un conjunto que lo tiene casi todo para brillar de forma epatante sobre un escenario, más aún sobre uno con una acústica impoluta como esta. Pero la concepción del arte tiene estas cosas: lo que para alguno resulta claramente decepcionante, para otros roza la excelencia. Afortunadamente existen estas divergencias, sino qué aburrido resultaría el mundo...

Fotografía: Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM).

Autor:Mario Guada
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