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Artículo: «Giacomo Puccini y Fanny Anitúa». Por Enid Negrete

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Autor: Enid Negrete
14 de marzo de 2026

Artículo de Enid Negrete sobre Puccini y la mezzo mejicana Fanny Anitúa

«Giacomo Puccini y Fanny Anitúa». Por Enid Negrete

Giacomo Puccini y Fanny Anitúa

Por Enid Negrete
Los caminos de la investigación operística siempre son sinuosos e inesperados. Quizá eso sea lo que haga de este quehacer algo tan apasionante. Gracias a la era digital y a la voluntad de hacer pública y consultable la documentación histórica, muchos de los archivos operísticos europeos abren ahora sus documentos al público académico y diletante, para poder disfrutar de muchos datos, imágenes y documentación que dan veracidad a nuestro trabajo o que permiten tener noticias y valoraciones que de otra manera serían solo rumores.

   Este es el caso de estas dos cartas que he hallado en el recientemente abierto y digitalizado Archivo Histórico Ricordi y que le dan un valor distinto a una de las mejores cantantes de la historia de la ópera mexicana: La mezzosoprano Fanny Anitúa. Llegar a ellas fue una casualidad feliz, de esas que se tienen cuando estás buscando cualquier otra cosa y te parece lo que ni siquiera habías imaginado que existiera.

   Fueron escritas de Puño y letra por Giacomo Puccini (1858-1924) en 1917, cuando él ya es un compositor de fama y éxito sin cuestionamientos. De hecho, se puede considerar el compositor más importante de su tiempo en ese momento. Ese año estaba dedicado a terminar su famoso tríptico, que incluía tres obras: Il Tabarro, Gianni Schichi y Suor Angelica.  

   Esa es la razón por la que mantiene una abundante correspondencia con Carlo Clausetti, ejecutivo, traductor y abogado de la casa Ricordi, sobre las posibilidades de representación y el desarrollo de las obras que, como cada vez que estaba por estrenar, se volvían la obsesión del compositor. El 7 de septiembre de ese año le escribe:

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Querido Claudio,

Oye, Sour Angélica está casi lista, de aquí a quince días estará terminada la instrumentación ¿Cómo te la mando? Pienso que puedo llevarla yo cuando vaya para La rondine en el Dal Verme. Dile a Tito [Ricordi] que quiero que las dos óperas se hagan en escena este invierno. Creo que se pueden hacer en Roma. Si no se ocupa él, ¿Debo  encargarme yo? Para Il tabarro se necesita a Titta Ruffo y para Sour Angelica han pensado en la Mazzoleni, y para la princesa  en la Besanzoni o la Anitúa

Sour Angelica durará una hora y il tabarro un poco más, una hora y cuarto o una hora y veinte. Como ves el espectáculo ya está. Respóndeme. Muchos saludos, Giacomo [ Archivio Storico Ricordi LLET00545. Traducción de la autora]

   Ver el nombre de la Anitúa escrito por la caligrafía de Puccini es algo realmente emocionante.  El compositor más importante de su tiempo piensa en una mexicana para uno de los pocos personajes de mezzo que escribe. Pero más allá de esto,  nace la pregunta  ¿Qué había hecho la Anitúa para que el compositor más exitoso de la historia de la ópera pensara en ella?

   Francisca Anitúa Medrano (1867-1968), mejor conocida como Fanny Anitúa, es la cantante mexicana más importante del cambio de siglo, tal y como lo demuestran estas cartas y toda la documentación que ha generado su trabajo dentro y fuera del país, a la cual hoy tenemos mucho más acceso que antes y eso es una razón para revalorarla en toda su dimensión. 

   La Anitúa perteneció a una generación que vivió los mayores cambios sociales y políticos de México, en años muy sangrientos y difíciles. Su infancia en plena era porfiriana, le garantizó una educación privilegiada para su época. Era heredera directa de la cultura decimonónica mexicana. Cantaba desde los 13 años en coros estudiantiles, donde descubrió sus facultades vocales y se formó en el Conservatorio Nacional de Música de la ciudad de México, donde fue estudiante de declamación del poeta mexicano Juan de Dios Peza (1852-1910). 

   En 1906, a los escasos 20 años de edad es elegida para el estreno en México del oratorio La rédemption de Charles Gounoud en el Casino Español. Al año siguiente y a consecuencia de este debut, Porfirio Díaz, a través de Justo Sierra apoyó, tanto sus estudios en Europa como la internacionalización de su carrera. Se despide de México con un famoso concierto en el Teatro Arbeu de la capital en donde cantó extractos de Mignon de Ambroise Thomas y La Gioconda de Amicare Ponchielli.

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   Su debut en 1909 en el Teatro Nacional de Roma, como protagonista de Orfeo ed Euridice de Gluck, la catapulta a una carrera internacional que incluyó los teatros más importantes de Italia y de Europa, donde trabajó con los grandes maestros de su tiempo: Arturo Toscanini (1867-1957), Tullio Serafin (1878-1868), Pietro Mascagni (1863-1945) y Giorgio Polacco (1875-1960).  

   Tiene sólo 24 años cuando debuta en la Scala de Milán cantando la Erda de Siegfried de Wagner y 26 cuando debuta en la Sala Pleyel de París en su faceta de concertista. El repertorio que abarca en sus primeros años de carrera es muy sorprendente.

   En 1916 había ganado el concurso para hacer la Rosina de la gira conmemorativa del centenario del estreno de Il barbiere di Siviglia y, precisamente ese año, 1917, la Anitúa, tiene una actividad incansable.

   Para 1917 no ha cumplido ni una década de carrera profesional, tenía 30 años de edad y estaba, en medio de la primera guerra mundial, disfrutando de sus éxitos en Sudamérica. 

   Comienza el año abriendo la temporada en el teatro Real de Madrid [ Todos los datos fueron sacados del Archivo Teatro Real que está localizado en el MAE- Museu i Centre de Docmunetació de les Arts Escèniques del Institut del Teatre de Barcelona, archivo del que fui la primera investigadora que lo estudió], en el que se había ganado el estatus de estrella desde su debut en 1914 y 1917 es uno de los años en los que más trabajó. Esa temporada dio inicio con Aida de Giuseppe Verdi, y la Anitúa regresaba por tercera vez con uno de los personajes que la harían famosa, Amneris, el cual había cantado bajo la dirección de Pietro Mascagni en La Fenice de Venecia cinco años antes. De su trabajo en este papel en el Teatro Real se dijo: “La noble contralto que debutó anoche con Aida, la bellísima Fanny Anitúa, dio una cátedra de pasión y bien hacer.” [Esta crítica apareció en el periódico La mañana (Edición de Madrid) hoy ya desaparecido pero consultable en versión digital, el 14 de enero de 1917].

   Ese año cantó en este teatro un de total veinticinco funciones de cinco personajes diferentes (Amneris, Dalila, Fricka, Ulrica y Oscar), pero sobre todo hay un hecho que sorprende bastante: el día 18 de febrero canta a las cuatro de la tarde Fricka de la ópera Die Walküre de Richard Wagner y cinco horas después, a las 9.30 de la noche, la Ulrica de Un ballo in maschera de Giuseppe Verdi. Si no se conservara el programa de mano de este hecho, sería difícil de creer. Aunque Fricka no es un papel muy largo y ella tenía la fuerza y la juventud de sus 30 años, sinceramente no es algo recomendable para la salud vocal de nadie, ni entonces ni ahora, pero es también la prueba de que su técnica vocal es inmejorable, ya que la Anitúa cantó hasta 1948, lo que le da casi cuarenta años de carrera artística impecable.  

   Entre los grandes éxitos que va a tener ese año en el Teatro Real se cuenta la Dalila, que alternó con una función extraordinaria, a beneficio de la prensa, de la zarzuela La viejecita. De su trabajo en la ópera de Camille Sain-Saenz dijo un crítico: “Excelente cantante, actriz consumada y mujer escultural la Anitúa, su Dalila tenía que resultar como para quitar el sentido a todos los Sansones del mundo.” [Recuerdo de un siglo de Teatro. Vol II 1914-1917. Colección teatral de prensa madrileña de 1851 a 1955].

   Después de unos meses cantando en Italia, empieza su gira por Sudamérica, comenzando por el Teatro Colón de Buenos Aires, donde  durante los meses de junio, julio y agosto dará veintitrés funciones de cinco roles principales: Dalila, Rosina, Bragania y Frika, además del estreno mundial de la ópera El sueño del alma de Carlos López Buchardo, haciendo el papel de la Reina [Datos obtenidos de la base de datos: Todas las ópera del teatro colón desde 1908. http://www.operas-colon.com.ar/].

   Seguirá la gira a la ciudad de Montevideo, en el teatro Solís, donde abordará un repertorio un poco más dispar, en cuanto a tesitura, que los anteriores: desde la mezzo lírica como en el estreno uruguayo de La Rondine, haciendo el papel de Susy, luego papeles más buffos como Zeffia y Amina de Die Rosenkavalier, y la Rosina de Il barbiere di Siviglia, para terminar como mezzo dramática con el protagónico de Carmen [Fuente: L’almanacco de Gherardo Casaglia. http://almanac-gherardo-casaglia.com/].

   Anitúa termina el año 1917 en Sao Paolo, habiendo cantado más de sesenta funciones de once papeles, casi todos protagónicos y que abarcaban todo el rango vocal de la mezzo, desde la coloratura rossiniana hasta las profundidades wagnerianas.

   Seguramente  todas estas son las razones para que Giacomo Puccini escribiera otra carta a Clausetti el 26 de octubre del mismo año diciendo:

 Querido Claudio

Adjunto una carta de Carelli en la que le escribí sobre mis obras y los intérpretes.

Para Tabarro y Angélica necesitas una buena mezzosoprano – la [nombre ilegible] es demasiado inmadura y yo no confío en la suerte - necesitas Garibaldi o quizás Anitúa - en fin, una artista con esa autoridad [ Archivio Storico Ricordi LLET00547. Traducción de la autora].

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   De esta carta podemos deducir la opinión que se tiene de ella en el medio operístico italiano de su momento: una artista con autoridad. Increíble para una extranjera y con menos de diez años de haber pisado por primera vez la escena.

    ¿Por qué no cantó finalmente el papel en el estreno mundial? La razón no está todavía muy clara, hay la posibilidad de que haya sido porque esos años Anitúa estuvo en una ferviente actividad y su agenda estaba muy apretada, pero lo que sí es un hecho es que desecharon su nombre a fines de 1917 o principios del año siguiente, porque en la carta del 11 de noviembre de 1918 [Que se puede consultar en el epistolario  Carteggi Pucciniani que también publicó el Archivo Ricordi], Puccini le escribe a Clausetti que ya va a llegar la mezzo española Matilde Blanco para trabajar los bocetos de Sour Angélica. La Blanco lo cantará en el estreno europeo en Italia el 11 de enero de 1919 en el teatro Constanzi de Roma, mientras que en el estreno mundial en el Met de Nueva York lo canta Flora Perini. 

   Nunca sabremos ni siquiera si la propia Anitúa se enteró de que se hablaba así de su trabajo ni quién lo comentaba. A pesar de ello, tener pruebas de que alguien como Puccini piense en una mexicana como la intérprete ideal de uno de sus papeles, es sorprendete y llega a nosotros como las estrellas: la luz de un mundo que ya no existe, pero sigue brillando.

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