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Crítica: 'Daphne' de Richard Strauss en el Capitole de Toulouse.

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Autor: Alejandro Martínez
1 de julio de 2014
Claudia Barainsky como Daphne

LOS CLÁSICOS ANTE EL ESPEJO DEL TIEMPO

Por Alejandro Martínez

29/06/2014 Toulouse: Théâtre du Capitole. Richard Strauss: Daphne. Claudia Barainsky, Andreas Schager, Franz-Josef Selig, Anna Larsson, Roger Honeywell y otros. Hartmut Haenchen, dir. musical. Patrick Kinmonth, dir. de escena.

   Quizá no haya hoy en día un reto escénico y teatral mayor que el de llevar a cabo una producción con mimbres y objetivos clásicos que no se antoje sin embargo apolillada y vetusta. En ocasiones el reto se duplica con el clasicismo del libreto, como es el caso de esta Daphne. El reto en Toulouse recaía en manos de Patrick Kinmonth, habitual colaborador de Robert Carsen, y responsable así por ejemplo de la escenografía y vestuario del Anillo que estamos viendo en Barcelona o de la conocida Traviata de Carsen que se repone de tanto en tanto en Venecia. Kinmonth era en este caso el responsable también de la escenografía y el vestuario. Digámoslo desde el principio: los clásicos no envejecen mal forzosamente. Siempre hemos sostenido que el problema de una propuesta escénica no es su clasicismo o su modernidad (términos ya demasiado gastados, dicho sea de paso), sino la incompleta y a menudo caduca realización de la misma. Kinmonth decide recrear un escenario realista, de formas rocosas, netamente helénico. A ese decorado se suma un vestuario con idéntica ambición, aunque de realización poco afortunada.El espectáculo no resulta rancio ni apolillado, e incluso tiene detalles afortunados, pero son los menos en un conjunto que desilusiona, sobre todo, por el modo en que desaprovecha una historia tan fascinante y cargada de poesía como la que concluye con la metamorfosis de Daphne, tan bien ilustrada musicalmente por Strauss. Claus Guth puso en escena en Frankfurt una Daphne mucho más centrada en esta traducción estética y simbólica del lenguaje musical straussiano. Recientemente pudimos ver la Elektra de Patrice Chéreau en la Scala de Milán. Las comparaciones son odiosas. Estábamos también, si se quiere, ante una concepción “clásica”, pero realizada con tal inteligencia, con una teatralidad tan consumada y auténtica, que el clasicismo o no de la misma pasaba a un segundo plano. En el caso de Kinmonth, más allá de lo frustrante de su escenografía y vestuario, hay errores de bulto, como la torpe concepción del movimiento de masas, con un coro alborotado, llenando el espacio casi por mor del horror vacui, cuando sin embargo el escueto escenario del Capitole demandaría un tumulto más medido. Igualmente hay detalles que rozan lo cómico, como Apollo ondeando su arco al viento según se prolonga el acorde tras su gran intervención (“Jeden heiligen Morgen…”). La iluminación de Zerlina Hughes, muy primaria y a veces torpe, no ayudó tampoco a redondear la propuesta. Sí puede hablarse de un buen trabajo, al menos, en el caso de la escenografía de Fernando Melo, que contribuye a dotar de cierto dinamismo un espectáculo que adolce, por encima de todo, de una dirección de actores muy poco estimulante.

   La Orquesta del Capitole de Toulouse hacía doblete en este fin de semana, tras su concierto dedicado a Mahler con Sokhiev. En esta ocasión volvieron a mostrar su solvencia aunque a las órdenes de Harmut Haenchen, batuta bien conocida en Madrid, tras haber dirigido Lady Macbeth, Boris Godunov y Lohengrin en el Teatro Real. Su dirección para esta Daphne fue un tanto primaria y funcionarial, sin resaltar quizá toda la riqueza y poesía que anidan en la partitura de Strauss. Logró al menos redondear una lectura muy académica, con las virtudes y limitaciones que ello implica.

   La soprano Claudia Barainsky, con un repertorio que abarca desde la Marie de Soldaten a la Medea de Reimann pasando por Pamina o Zerbinetta, se antojó convincente en el papel protagonista. No estamos ante una solista memorable pero sacó sin duda adelante su parte con mucho más que dignidad, esforzada y voluntariosa. La parte de Daphne es francamente ligera, salvo por algunos esporádicos pasajes de mayor dramatismo. No en vano fueron voces como las de Maria Reining, Hilde Güden, Lucia Popp, June Anderson o Reneé Fleming las que más han brillado con esta partitura. 

   En el resto del reparto, Andreas Schager fue un Apollo de un solo trazo, algo vociferante, incapaz de modular más allá del forte y envarado también en lo escénico. Una voz timbrada y grande, sí, pero en manos de un intérprete primario, poco o nada espoleado además por una dirección de actores mejorable. El papel de Leukippos, ideal para un Wunderlich o un Dermota, estuvo aquí encomendado a Roger Honeywell, tenor de emisión estrangulada, timbre imposible y muy poco comunicativo en escena. Decepcionante Franz-Josef Selig, tras su estupendo Marke del Teatro Real, mostrando aquí una emisión gruesa y demasiado esforzada. Anna Larsson prestó su centro bien timbrado y denso y su figura de empaque y teatralidad bien medida a las intervenciones de Gea.

   Cabe por último elogiar el buen hacer del Teatro del Capitole de Toulouse, que presenta a menudo temporadas con un logrado equilibrio, con alicientes en uno u otro de sus títulos. Esta Daphne era un buen reclamo, como lo son un buen puñado de títulos de los que este teatro ha previsto para la temporada 14/15, desde el Massacre de Wolfgang Mitterer al programa doble de Britten pasando por Castor et Pollux de Rameau, Les Fiançailles au couvent de Prokofiev o La Guerre des boutons de Philippe Servain. Ya quisiéramos más temporadas con este enfoque en nuestro país...

Foto: Patrice Nin / Théâtre du Capitole de Toulouse

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