CODALARIO, la Revista de Música Clásica
Está viendo:

Crítica: Roberto González Monjas, Véronique Gens y Eduardo Soutullo con la Orquesta Nacional de España [ONE]

  • Comparte en Facebook
  • Comparte en Twitter
  • txcomparte_whatsapp
Autor: Aurelio M. Seco
12 de enero de 2026

Crítica de Aurelio M. Seco del concierto de la Orquesta Nacional de España bajo la dirección de Roberto González Monjas, con Véronique Gens como solista

Roberto González Monjas, Véronique Gens y Eduardo Soutullo con la Orquesta Nacional de España [ONE]

De lo simbólico en música

Por Aurelio M. Seco | @AurelioSeco
Madrid, 9-I-2026. Auditorio Nacional. Temporada de la Orquesta y Coro Nacionales de España. Obras de Eduardo Soutullo, Ernest Chausson y Respighi. Director, Roberto González Monjas. Soprano: Veronique  Gens.

   El «Sinfónico número 10» de la Orquesta Nacional de España [ONE] dejó el debut de un nombre conocido de la música española, Roberto González Monjas, actual director de la Sinfónica de Galicia, violinista y director de talento, músico de energía positiva, nerviosa, desbordante, cuyo nombre ha empezado a sonar fuerte desde hace unos años. El concierto dejó dos sensaciones, una menos interesante en la primera parte y una segunda más atractiva, animada y pimpante.

   Comenzó la velada con la primera audición pública de Das Eismeer [El mar de hielo], título del famoso cuadro de Caspar David Friedrich en el que Eduardo Soutullo, Premio Nacional de Música 2023, dice haberse inspirado. En dicha pintura es obvia y central la Idea de la Muerte, vehiculada a través de la trágica biografía de su autor. Estamos ante un cuadro sustantivo cuyos meroemas han sido utilizados incluso en el cine, por ejemplo en Superman. La conexión entre el cuadro y la música de Soutullo existe porque nos la cuentan en el programa, aunque tras haber oído la partitura nos parece que a la obra del compositor le falta dialéctica sin resultar el material propuesto excesivamente atractivo. Soutullo no logró sumergirnos en su Mar de hielo, que naufragó un poco entre los aplausos de cortesía del público, a pesar de la buena puesta en sonido de director y orquesta.

Eduardo Soutullo con la Orquesta Nacional de España [ONE]

Eduardo Soutullo con la ONE

   Poema de amor y del mar de Ernest Chausson es una partitura hermosa, sutil y ligeramente embriagadora, con detalles realmente emotivos, melancólicos y delicados. Una obra muy difícil de dirigir que no se hizo bien. Fue obvia la falta de volumen vocal de Véronique Gens, soprano de voz bonita pero inadecuada para esta sala y repertorio. Sus gestos pretendidamente expresivos y ostentosos contrastaban con la escasa respuesta en su voz, obteniendo una versión plana que no llegó al público. No hubo conexión en ningún momento con la orquesta ni la naturaleza de la partitura, estando soprano y conjunto como en dos lugares diferentes, por volumen y atmósfera. Tampoco logró el director engarzar ambas partes, ni encontrar el tono simbólico sutil que requería unir tan misteriosamente mar y amor. Incluso sentimos desdibujados, abocetados, los momentos más preciosos de esta música. Por otro lado, no entendimos tanto movimiento prescindible sobre la tarima ¿No sirve de nada la enseñanza y ejemplo de los grandes maestros del pasado respecto a la importancia de adherir el gesto a la música? González Monjas parecía necesitar una cancha de tenis para dirigirse a la orquesta, mostrando una gestualidad superflua e innecesaria.

  La segunda parte resultó mejor, empezando por las partituras: Fuentes de Roma y Pinos de Roma de Respighi, más atractiva e importante la segunda que la primera. La versión fue notable por parte de orquesta y director. González Monjas se mostró atento y pulcro en los detalles, llegando a epatar la versión en los momentos más obvios y esperables.

   Decía Ramón Barce que «El simbolismo del sonido no apunta, como en los materiales plásticos y literarios, a entidades concretas y unitarias, sino a las formas y procesos abstractos de estas entidades». El problema de esta afirmación es que dichos «procesos abstractos» tampoco son, en absoluto, unívocos, y proceden de la naturaleza psicológica del compositor de turno salvo que, institucionalizados, se engarzen en una larga cadena de materialidades sustantivas capaces de poder representar musicalmente determinadas «formas» del Mundo.

 

Foto: OCNE

  • Comparte en Facebook
  • Comparte en Twitter
  • txcomparte_whatsapp

Compartir

<< volver

Búsqueda en los contenidos de la web

Buscador

Newsletter

Darse alta y baja en el boletín electrónico