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Rosa García Ascot, la musa del Grupo de los Ocho

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Autor: Blanca Alfonso Salas
13 de mayo de 2021

Rosa García Ascot (1902-2002), la musa del Grupo de los Ocho


Por Blanca Alfonso Salas
Rosa García Ascot nace en Madrid el 8 de Abril de 1902, siendo la tercera y única mujer de cuatro hermanos, en el seno de una familia con grandes inquietudes culturales. Su casa era lugar de celebración, casi a diario, de reuniones de artistas e intelectuales de la época, como Lorca, Buñuel, José Bello o Emilio Prados, además del músico Felipe Pedrell, amigo de la familia.

   Comienza muy joven sus estudios musicales de piano con su madre, pianista, y más tarde en el Conservatorio con María Rosendo, etapa en la que compone sus primeras piezas infantiles, a las que ella llama “cositas”, sencillas y armónicas. La revista Feminal le publica en 1916 dos de ellas: Allegro de una sonatina y Escena de la novia y el mendicante. Pero Pedrell, viendo las grandes cualidades que tenía, se ofrece a darle clases en Barcelona, donde él residía habitualmente, aprovechando los viajes que el padre de Rosa realizaba por su trabajo, en los que Rosa comienza a acompañarle para asistir a dichas clases.  

   Ante la falta de continuidad y la molestia de tanto viaje para una niña, Pedrell les recomienda que vayan a ver a Enrique Granados, residente en Madrid, y comienza las clases con él en 1915, pero debido a la trágica muerte de éste en 1916, Pedrell les deriva hacia Manuel de Falla. Éste no admitía discípulos por falta de tiempo, pero al pedírselo su maestro, por quien Falla sentía gran respeto y admiración, accede a ello, convirtiéndose así Rosa en su única alumna y creando una relación muy importante para ella que perduraría hasta la muerte del maestro.

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   Las clases tuvieron lugar primero en la casa de Falla y después era éste quien se desplazaba a casa de los padres de Rosa. Ella misma lo describe en sus memorias: “Iba a nuestra casa de la calle Bailén, porque no llegó a ir a la de Miguel Ángel. Antes de tomar café (tomaba siempre café) decía: Un momento, permítanme un momento. Y se ponía al balcón mirando al Palacio Real a la izquierda y el Jardín del Moro a la derecha. ¡Qué casa y qué recuerdos!”

   Pero en 1920 Falla se traslada a vivir a Granada y surge de nuevo el problema de los desplazamientos. Empiezan a ir cada quince días más o menos, pero Falla deja en manos de su hermano Germán, que vivía en Madrid, la enseñanza del piano, y él se centra más en la composición, alternando los desplazamientos de Rosa a Granada con la correspondencia entre ambos, donde sigue dándole consejos. Posteriormente le recomendará a Joaquín Turina como profesor, aunque él sigue supervisando sus trabajos a través de la correspondencia y en los desplazamientos.

   En esta etapa compone algunas de sus mejores obras y logra reconocimiento como compositora. Entre ellas están Cielo bajo, obra para orquesta de la que sólo se conservan varios borradores en el Archivo de la Residencia de Estudiantes. Con plantilla, en principio, para violines, violas, violonchelos, contrabajos, flautas, corno inglés, clarinete en fa, oboe, trompa, timbales y piano, no hay seguridad de que la concluyera, ya que no consta como acabada en ningún sitio. Los borradores tienen correcciones de Falla y Turina.

   También es de esta época (1930) la Suite para piano, que más tarde derivaría en la Petite Suite. Esta primera versión constaba de Alemana, Sarabanda, Rondó, Giga y Allegro. De ella hizo una versión para orquesta con solamente tres partes: Giga, Zarabanda y Rondó en 1931.

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   Española, para guitarra (1933) es una versión para este instrumento del último movimiento, Allegro, de la Suite para piano, que se corresponderá con el tercero de la definitiva Petite Suite para piano. Está dedicada a Regino Sainz de la Maza y digitada por él. Se publicó en 1971 por Unión Musical Española.

    Concierto para piano y orquesta (1933). Según el testimonio de la propia Rosa en sus memorias, se perdió en la guerra civil al entrar unos milicianos en su casa y destruir todo. Se conservan algunos borradores en la Residencia de Estudiantes, que probablemente sean de 1938 con la intención de reescribirlo después de su pérdida. Constaba de tres movimientos y ella lo consideraba su mejor obra.

   En 1930 varios jóvenes músicos madrileños deciden unirse para dar a conocer la nueva música que se estaba fraguando, teniendo como referencia la iniciada por Falla. Anteriormente habían ido dándose a conocer en conciertos individuales en el Lyceum Club, institución femenina ligada a la Residencia de Estudiantes. Falla tenía amistad con Alberto Jiménez Fraud, director de la Residencia, e introduce a Rosa en ese círculo. Este joven grupo admite a Rosa en él por su valía y afinidad musical pero también como símbolo de modernidad por el hecho de ser mujer.  El Grupo, conocido como Grupo de los Ocho de Madrid, quedó integrado finalmente por Ernesto Halffter y su hermano Rodolfo, Juan José Mantecón, Julián Bautista, Fernando Remacha, Salvador Bacarisse, Gustavo Pittaluga y la propia Rosa García Ascot. La presentación tuvo lugar el 29 de Noviembre de 1930 en la Residencia de Estudiantes con una conferencia a cargo de Pittaluga y un concierto interpretado por Rosa con obras de cada componente, incluyendo dos movimientos de la primera versión de su Suite para piano.

   En la Residencia de Estudiantes conoce a Jesús Bal y Gay, compositor y musicólogo gallego, encargado de las actividades musicales de la institución. Con él contraería matrimonio en 1933, matrimonio duradero de por vida, aunque sin descendencia.


   En 1935, un buen amigo inglés de Falla, Jhon Trend, catedrático de la Universidad de Cambridge, propone a Jesús Bal incorporarse como lector de español en dicha universidad, y allí se traslada el matrimonio, donde permanece tres años. Rosa desarrolló allí una amplia actividad concertística, faceta que ya había iniciado en Madrid, interpretando principalmente las obras de Falla y de los miembros del Grupo de los Ocho.  Tuvo también varios alumnos y allí compuso además algunas de sus obras, como Marcha (entre 1935-1938) y Preludio (1938), ambas para piano, con un carácter muy diferente, más atonal y más alejado del estilo de Falla, estilo que Rosa había imitado en sus anteriores composiciones. Concluye la Petite Suite para piano, Suite solamente en su primera versión, en una línea que se puede considerar una mezcla entre los dos estilos.

   Cuando acaba Jesús el lectorado en Cambridge en 1938, deciden ir a México, donde se encontraban otros compatriotas, ya que España estaba en guerra, pero Rosa se queda un año en París para estar con sus padres, que se habían exiliado allí por ser cónsul en esta ciudad uno de sus hermanos. Aprovecha la estancia en la Ciudad de la Luz para trabajar la composición con Nadia Boulanger, gran admiradora de Falla, quien la introduce en la élite musical de la ciudad. Con ella trabaja especialmente el contrapunto y entra en el mundo de las disonancias, además de seguir la corriente impresionista, muy presente en la época y más en el país. De esta época es la obra Tres canciones para trío de viento (clarinete, oboe y fagot), una de las pocas que Rosa compuso para cámara. Las dos primeras son bastante disonantes, mientras que la última tiene una línea más melódica.

   Después de un año en París, Rosa decide reunirse con su marido. Su objetivo era llevarse también a su familia, pero en principio no puede ser y realiza ella sola el viaje en marzo de 1939, acompañada de Jhon Trend. Sus padres y hermanos lo harían unos meses más tarde.


   En México Jesús es propuesto para fundar, entre otros, la Casa de España. Allí trabaja como crítico musical en el diario El Universal y como investigador del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM. Rosa se introduce igualmente en el ambiente cultural del país y sigue su trayectoria como concertista, dando a conocer principalmente la obra de Falla en distintos espacios como el Palacio de las Bellas Artes, la sala Schiefer o el Instituto Anglo-Mexicano de Cultura. El matrimonio cultiva la amistad con los demás españoles allí exiliados como Adolfo Salazar, María Zambrano o Rodolfo Halffter, así como traban una duradera relación con Igor Strawinsky y su mujer Vera, relación comenzada con su hijo Soulima cuando éste estuvo en Madrid interpretando junto a Rosa el Concierto para Cuatro Pianos y Orquesta de Cuerda de Bach. Igor llegó a México en 1940 para dirigir un concierto y allí se fraguó una amistad entre los matrimonios que perduró en el tiempo.

   También durante su estancia en la capital azteca Rosa cultiva otra faceta como galerista de arte. En 1955 abren, como negocio para subsistir, la Galería Diana, con ayuda económica del director del Banco de México Eduardo Villaseñor. Rosa era la encargada principal de llevarla. La convirtió además en un lugar de encuentro cultural donde también había libros y se escuchaba música. En ella se expusieron cuadros de muchas mujeres pintoras como Remedios Varo, Leonora Carrington o Vera Strawinsky. La cerraron en 1965 cuando regresaron a España definitivamente.

   En 1947 fallece Manuel de Falla y Rosa le dedica un concierto extraordinario como homenaje en la Sala Schiefer con las obras más representativas de su maestro. A partir de esta fecha se retira de los escenarios. La pena por el fallecimiento del que fuera su mentor le impide seguir.

   Se empieza a dedicar entonces más a la docencia, labor que siguió desempeñando hasta su regreso a España. Animada por Jesús compone algunas obras más, pero cortas y sin grandes pretensiones. Son de esta época algunas piezas para piano, muchas sin título y algunas sin finalizar. Sin embargo publica por primera vez una de sus obras: Preludio para piano, en 1947, compuesta ya hacía años en Cambridge. Se encarga de la publicación Ediciones Mexicanas de Música.

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   Con motivo del 50 aniversario de la Residencia de Estudiantes, los antiguos residentes se ponen de nuevo en contacto. Este hecho les produce nostalgia de su tierra y en 1962 vuelven por un tiempo, considerando la posibilidad de un regreso definitivo, lo que sucede en 1965. Contribuyó a ello el hecho de que la guerra había concluido, la situación en España era tranquila y la familia de Rosa (sus padres y alguno de sus hermanos) habían fallecido ya en México.

   Su vuelta a España se produce de manera tranquila; poca actividad musical, desconocimiento sobre ellos y olvido son las pautas que marcan sus días. Solo se reúnen de vez en cuando con amigos para realizar encuentros culturales y musicales. Pero poco a poco empieza algún reconocimiento. Antonio Buxán, amigo de Jesús, se esfuerza por darles a conocer de nuevo y les anima a escribir sus memorias. En 1971 Unión Musical Española le publica a Rosa Española, para guitarra, compuesta en 1933, versión del Allegro de la Petite Suite para piano. Con la fundación de la Asociación de Mujeres en la Música se empiezan a programar también algunas obras suyas en los conciertos, así como en los aniversarios de la Residencia de Estudiantes. Radio Clásica también se hace eco de algunas de sus obras. En 1989 el matrimonio recibe el premio de la Comunidad de Madrid a la Creación Musical.

   Desde su vuelta Rosa tiene también algunos alumnos, entre las que se encuentran las hijas de María Teresa Heredia. Surgió una gran amistad entre ambas, de tal modo que es María Teresa quien se hace cargo de ella durante los últimos años de su vida y más después del fallecimiento de Jesús en 1993, de tal manera que Rosa, al carecer de descendencia, la hace depositaria de toda su obra. Falleció en la residencia de mayores de Torrelaguna el 2 de Mayo de 2002.

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   Su vida, sin duda, fue muy interesante por todas sus experiencias y por los contactos personales y musicales de los que gozó dentro y fuera de España, que la enriquecieron en todos los aspectos. Su obra comienza a tomar forma desde sus clases con Falla, adscribiéndose al estilo nacionalista pero con un sello personal algo disonante. Sorprende especialmente el Preludio para piano, compuesto en 1938 en Cambridge, totalmente atonal, cuando aún no había tomado contacto con Nadia Boulanger ni con esta corriente. No obstante, en sus obras posteriores compuestas en París y más tarde en México, se aprecian matices impresionistas y quizá de música eslava, presentes también en la obra de Boulanger al estar influenciada ésta por la rama materna en esta línea; asimismo sus rasgos atonales podrían tener relación con la música de Strawinsky.

   De cualquier modo la obra de Rosa es muy interesante a pesar de no ser demasiado extensa, circunstancia agravada por la pérdida de parte de su obra durante la guerra civil. Quizá su figura ha tenido más repercusión que las de sus coetáneas María Teresa Prieto, Emiliana de Zubeldia, María Rodrigo o Elena Romero, con obras de más envergadura, por ser integrante del Grupo de los Ocho. No obstante merece un gran reconocimiento.

   Su obra se encuentra repartida entre el Archivo de la Residencia de Estudiantes y el archivo personal de María Teresa Heredia. El musicólogo Ignacio Clemente ha realizado el trabajo de recuperación más exhaustivo hasta la fecha, así como la grabación de un CD bajo el sello Orpheus, Piano Tribute a Rosa García Ascot, en 2018, con varias de sus piezas. Existe otro CD, Viento de Plata, con obras de Jesús Bal y Rosa García Ascot por la pianista Paula Ríos y la soprano Eva Juárez con el sello Columna Música, en 2015. La pianista Susana Marín grabó con RNE el Preludio para piano en 1990.


Bibliografía y Fuentes

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Archivo de la Residencia de Estudiantes de Madrid.

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Bal y Gay, Jesús y García Ascot, Rosa. Nuestros trabajos y nuestros días. Fundación Banco Exterior. Colección Memorias de la Música Española. Madrid. 1990.

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Casares Rodicio, Emilio. Música y Músicos de la Generación del 27. Alianza Editorial. Madrid. 1983.

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Coronas Valle, Paula. Ecos de la Generación del 27. Filomúsica, revista en internet. Nº 9. Octubre 2000.

Departamento de Cultura de Fundación Argentaria (BBVA)


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Marco, Tomás. Historia de la música española del siglo XX. Alianza Música. Madrid. 1998.

Orozco, Manuel. Manuel de Falla. Editorial Destino. Barcelona. 1985.

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