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Crítica: Rossen Milanov y el pianista Luis Eduardo Pérez en el último concierto de temporada de la OSPA

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Autor: F. Jaime Pantín
12 de junio de 2016

               LA OSPA CIERRA LA TEMPORADA DE SU 25 ANIVERSARIO

  Por F. Jaime Pantín
Oviedo 10 de junio de 2016. Abono número 16 de la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias. Director: RossenMilanov. Piano: Luis Fernando Pérez. Obras de Johannes Brahms y Richard Strauss.

   Cerraba la OSPA el pasado viernes la temporada de su 25 aniversario con la última entrega del ciclo Cuaderno de  viajes. En el programa, el Concierto en re menor op. 15 de Johannes Brahms y la Sinfonía Alpina op. 64 de Richard Strauss llenaron una larga sesión que se prolongó durante casi dos horas y media.

   Ya con la orquesta en la penumbra del escenario, sobre la gran pantalla del Auditorio se proyectó un vídeo conmemorativo de estos 25 años, que han pasado como un suspiro pero en los que se han vivido sin duda los mejores momentos de la historia musical asturiana, algo que no  hubiera sido posible sin una base que se remonta a muchos años atrás y que tuvo como protagonistas a varias generaciones de músicos cuyo esfuerzo y dedicación contribuyeron a mantener viva la llama que finalmente alumbró a la orquesta que actualmente conocemos, orgullo de todos y probablemente el mayor exponente cultural de esta comunidad.

   La densidad extrema de las dos obras programadas hace dudar sobre la conveniencia de su inclusión simultánea en un mismo concierto, no solo pensando en el público sino en las posibilidades de preparación por parte de los músicos, teniendo en cuenta el tiempo real de ensayo existente.

  La Sinfonía Alpina de Richard Strauss se manifiesta más bien como Poema Sinfónico en un solo movimiento, tras el que subyace una estructura verdaderamente sinfónica que se concreta en 22 fragmentos programáticos anotados por el compositor con vocación descriptivista.

   La idea del viaje, del viajero y del camino, así como la contemplación de la naturaleza, poseen una  amplia tradición en la cultura del romanticismo y frecuentemente esconden un anhelo metafísico más allá de lo estrictamente narrativo. En el caso de esta sinfonía, Strauss desarrolla además todo el esplendor de su ciencia y fantasía orquestal y así la exigencia en el plano técnico- con la inclusión de instrumentos infrecuentes y máquinas que imitan sonidos diversos- se acentúa de manera ostensible. La obra exige una gran orquesta de más de 120 músicos y la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA) apareció muy reforzada en todas sus secciones por miembros de la Oviedo Filarmonía (OFIL), lo que aumentó su potencial y magnitud sonora, algo que, si bien  complicó un equilibrio y definición claramente mejorables, no impidió disfrutar de magníficos momentos en muchos de los números de esta obra grandiosa -bien expuesta y organizada por el maestro Milanov- cuya fuerza, colorismo y espectacularidad hicieron las delicias del público

   La evidente falta de conexión entre los actores principales, Rossen Milanov y Luis Fernando Pérez, propició una accidentada y escasamente coherente interpretación del impresionante 1º Concierto brahmsiano. Probablemente nunca el piano haya sido más instrumento de cuerda que con Brahms y la necesidad de una sonoridad densa, intensa, noble y cálida es requisito indispensable para una traducción adecuada de estos pentagramas, algo que desde el primer momento se echó de menos en el pianismo de Luis Fernando Pérez, intérprete de probada solvencia en diversas áreas del repertorio pero cuya técnica y temperamento no parecen adecuarse a las exigencias que plantea este concierto. Los primeros compases de su intervención solista -convirtiendo los exigentes triples trinos cuidadosamente anotados por Bramhs en simples trémolos lisztianos con las manos alternadas, procedimiento que, además de alterar el texto de manera sustancial, se aleja totalmente de  la estética pianística brahmsiana- supusieron una declaración de intenciones. La inestabilidad en el tempo, con numerosos altibajos entre piano y orquesta, la falta de redondez sonora, un legato insuficiente y un exceso de percusividad en los ataques, unidos a la ausencia de continuidad en el fraseo y una escasa cuadratura rítmica propiciaron una versión nerviosa e inestable que no hizo justicia a la belleza de una obra que exige una importante dosis de  planificación intelectual, madurez técnica, capacidad poética y pasión controlada para evidenciar su contenido.

   El propio Luis Fernando Pérez manifestó al público que tras el 1º Concierto de Brahms no se podía  tocar nada. Se podría discutir pero, en todo caso, el Bailecito de Guastavino no pareció la mejor opción.

Fotografía: Facebook de la OSPA

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