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Crítica: Rubén Gimeno y Antonio Galera con la Sinfónica del Principado de Asturias

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Autor: Inés Tartiere
8 de mayo de 2017

                                                                    SIEMPRE NOS QUEDARÁ PARÍS

   Por Inés Tartiere |  @InesLFTartiere 
Oviedo. 28-IV-2017 , 20:00 horas. Auditorio Príncipe Felipe. "Relatos II": Antonio Galera (piano), Rubén Gimeno (director). Obras de Debussy, Falla, Milhaud y Stravinsky.  

   El pasado viernes 28 de abril, la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias nos brindó un concierto con un denominador común: París.
La velada comenzó con Claude Debussy y su conocido Preludio a la siesta de un fauno, basado en un poema bucólico de Stéphane Mallarmé. Como bien destaca en las notas de este programa el musicólogo Israel López Estelche, Debussy es uno de esos autores sin los que la música del siglo XX no hubiera sido igual. Estandarte de la música francesa, su música bebe de la fuente de inspiración wagneriana y de su relación amor-odio con el compositor germano. El viento es impresionante en esta obra, con una orquestación peculiar, rica en encadenamientos armónicos no funcionales que perseguían ese sonido nítido y vaporoso que invita al letargo, y en el que la OSPA no defraudó, deleitándonos con un sonido delicado y refinado, con el correcto ritmo melódico, haciendo justicia al primer hito del impresionismo sinfónico.  

   La magistral partitura de nuestro compositor más internacional, Manuel de Falla sonó a continuación, con la célebre Noches en los jardines de España, para piano y orquesta. Hastiado por el mal trato recibido por parte de la sociedad musical española viajó a París, y fue allí donde inspirado por unas fotografías de Granada comenzó a componer esta obra de tres movimientos. Es sin duda la obra más impresionista del gaditano.

   El jóven pianista valenciano, Antonio Galera acompañó a la OSPA en esta pieza que evoca tres diferentes jardines españoles. El primero es en el Generalife, que aflora a los jardines de la Alhambra granadina, recordando sus fuentes de agua, su atmósfera inolvidable, donde piano y orquesta nos hicieron transportarnos por unos minutos a ese paisaje de ensueño, exhibiendo el valenciano un virtuosismo que parecía innato. El segundo movimiento o Danza lejana es un misterio en cuanto a localización, aunque las melodías de raíz ibérica están muy presentes. Galera nos deleitó con una riqueza de sonido  muy notable y elegantes formas, aunque su mejor momento llegaría en el tercer número, En los jardines de Córdoba, que se asocia inmediatamente con la localización geográfica implícita en el título, y donde mejor se entendieron piano, director y orquesta, realizando el valenciano una interpretación imponente, apasionada y siempre con buen gusto, consiguiendo la pulcritud deseada en el sonido, y demostrando porqué es una de las promesas del panorama pianístico nacional, arrancando los aplausos del público.  

   El punto exótico de la noche llegó al comenzar la segunda parte, con el cosmopolita compositor francés Darius Milhaud y su Buey sobre el tejado. Pieza muy alegre y novedosa, de clara inspiración brasileña, país donde el compositor vivió dos años. El elemento unificador es la melodía inicial, que se repite en varias ocasiones a modo de estribillo. La politonalidad está muy presente en esta obra, confiriéndole un carácter muy personal y original.  Rubén Gimeno intentó buscar la perfección sonora de la pieza, y quizás pecó de exceso de volumen, sobre todo en la parte final de la obra, aunque no empañó el buen hacer de la orquesta durante todo el concierto. 

   La maravillosa suite El pájaro de fuego, de Stravinsky cerró la velada, poniendo la guinda perfecta a este gran concierto. En 1910 se estrena en París con un éxito rotundo e inmediato. Según el propio Stravinsky, “nada volvió a ser lo mismo desde ahí”.  Los cinco movimientos estuvieron cargados de fuerza e intensidad, manteniendo siempre la tensión de la obra. Mención especial merece la percusión. Destacó la danza infernal del rey Kastchei, donde la música enloquece y la orquesta nos mostró una entrega apasionada y de plena belleza. 
   Gimeno supo estar a la altura de las exigencias técnicas de la suite del genio ruso, demostrando mucha personalidad y seguridad, siendo quizás donde más cómoda pareció sentirse la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias. El director valenciano, que esta semana dirigirá a la Oviedo Filarmonía en el Teatro Campoamor, con la zarzuela Don Gil de Alcalá, conoce bien a la OSPA y realizó un concierto muy serio y solvente, con un programa exigente que demandaba delicadeza, elegancia y fuerza por partes iguales. No defraudó en absoluto.  

Foto: Facebook OSPA

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