Crítica de José Antonio Cantón del concierto de la Orquesta de Córdoba bajo la dirección de Salvador Vázquez, con la Tercera sinfonía de Beethoven en el programa
Superando formas establecidas
Por José Antonio Cantón
Córdoba, 27-XI-2025. Gran Teatro de Córdoba. Orquesta de Córdoba. Director: Salvador Vázquez. Obras de Ludwig van Beethoven e Igmar Alderete Acosta.
El programa que ha ocupado el tercer concierto de abono de la Orquesta de Córdoba (OC) en la presente temporada ha tenido la particularidad de ofrecer dos obras en las que un marcado espíritu rupturista constituye la esencia de su razón de ser: por un lado la Tercera Sinfonía, Op. 55 “Heroica” de Beethoven y por otro Problema sinfónico, compuesta por el violinista y compositor hispano-cubano Igmar Alderete Acosta, componente de la plantilla de la OC desde prácticamente la fundación de esta formación en la primera mitad de la década de los pasados años noventa. El maestro Salvador Vázquez ha querido hacer el estreno absoluto de esta obra, que llevaba escrita desde el año 2011, constituyendo un significativo homenaje al magisterio de Maurice Ravel como uno de los más influyentes orquestadores de la historia, aunque no haya en ella alusión alguna a la música de este gran compositor vasco-francés, según se desprende de las propias valoraciones de Igmar Alderete recogidas en el programa de mano.
Estructurada en tres movimientos simplemente enumerados sin indicación de carácter que siguen el esquema habitual de forma ternaria de tempo variable (rápido, lento, rápido) esta obra es todo un alegato sonoro en pos de apuntar cómo la música contemporánea se ha alejado del oyente, atendiendo sólo a elitistas minorías de entendidos, desconectando así del efecto que ha de tender a satisfacer y enriquecer la experiencia del aficionado, según se deduce también del explícito comentario del compositor al respecto. Para propiciar un acercamiento entre creador y receptor, esta composición ha sido concebida como un poema sinfónico en el que se mantiene una cierta intención armónica tonal, siendo destinada su primera parte a los instrumentos graves que dejan una sensación de sólida estructura formal, que se contrasta con una serie de grupos camerísticos que atomizan el colorido de su desarrollo de manera sugerente y contemplativa, para terminar con un discurrir y expansión sonora que quiere conectar con el oyente, provocando positivamente su capacidad de escucha, revolviéndose así contra la desconexión que a lo largo del siglo XX, y en especial desde la llamada Escuela de Darmstadt de 1946, se viene dando entre la creación musical de vanguardia y el público. La detallada lectura del maestro Salvador Vázquez contribuyó sobremanera a una esclarecida exposición de esta intención que fue asumida con determinación técnica y convicción estética por la orquesta, lo que favoreció el lucimiento de esta su primera audición.
El concierto se inició con una contundente y a la vez triunfal versión de la obertura de la música para el ilustrado ballet Las criaturas de Prometeo, Op. 43 de Ludwig van Beethoven que, con buen criterio, el director situó al principio del programa como predisposición anímica a la Sinfonía “Heroica” que ocupó la segunda parte de la velada. Su primer tema lo expuso de manera concisa a la vez que impulsiva, para compensar tal sensación con la delicada intervención de la cuerda y la sección de viento-madera en el segundo, que sirvió para aglutinar la unívoca respuesta de la orquesta como instrumento colectivo.
Este efecto fue determinante para conseguir la épica con la que Salvador Vázquez planteó la expresión de la sinfonía, haciendo sentir esa originalidad rupturista que quiso alcanzar Beethoven con ella, desconectando así de la música orquestal del siglo XVIII. El montaje que realizó el maestro de esta obra crucial en el repertorio del autor y en la historia de la forma sinfónica puede resumirse en el detallado análisis que hizo de sus cuatro movimientos que se reflejaba con precisión en la cinética de su gesto. Hizo una lectura del allegro inicial con expansiva y triunfal determinación. Con recogida introspección planteó el discurso de la marcha fúnebre, generando un sobrecogedor efecto en su conjunto. Así mismo, el impulso vital que imprimió al scherzo quedó contrastado con su trío, indicado a la orquesta como sumo detalle, para terminar la ejecución de la sinfonía con una esclarecida distinción formal en la que los ritmos contrapuntísticos de su variado discurso derivaron en un final jubiloso que provocó la entusiasta respuesta del público, que percibe cómo en cada concierto la Orquesta de Córdoba sigue progresando en esa senda de consolidante superación determinada por su director titular.
Foto: Rafael Alcaide
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