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Crítica: Harnoncourt dirige la 'Misa Solemnis' de Beethoven en Salzburgo

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Autor: Alejandro Martínez
24 de julio de 2015

A LA DERECHA DEL PADRE

Por Alejandro Martínez

Salzburgo. 22/07/2015. Festival de Salzburgo: Beethoven: Misa Solemnis. Laura Aikin (soprano), Elisabeth Kulman (alto), Johannes Chum (tenor), Ruben Drole (bajo). Concentus Musicus Wien. Arnold Schoenberg Chor. Dirección musical: Nikolaus Harnoncourt.

   Hay obras que parecen esperar a algunos músicos, y viceversa, hasta que llegue el momento exacto para su encuentro. Recordemos que Furtwaengler renunció a continuar incorporando la Misa Solemnis en su repertorio, incapaz de quedar satisfecho con ninguna de sus interpretaciones de la misma. En el caso de Beethoven y Harnoncourt las coincidencias son elocuentes: Beethoven compuso esta insondable partitura cuando la sordera ya le había asolado casi por completo y Harnoncourt, que bordea ya los 86 años de edad, se ponía esta vez al frente de la misma cuando ha perdido ya mucha movilidad, saliendo de hecho al escenario apoyado en dos muletas, si bien ganando en vigor y vitalidad una vez emplazado en el podio.

   La versión musical de esta Misa expuesta en Salzburgo tuvo todas las señas de identidad de este último Harnoncourt, un tanto exagerado y extravagante en su hacer, muy denso y reflexivo, con un fraseo a veces lánguido y contemplativo en demasía, y abundando en tiempos marcados al extremo, casi caprichosos. Y sin embargo, el resultado final, a pesar de todo ello, transpiraba una sencilla hondura, lejos de la imponente monumentalidad de un Klemperer, con cuya versión creció quien escribe estas líneas. Un lectura densa y compleja, pues,  la de Harnoncourt, desde una óptica que crece y se proyecta más hacia adentro que hacía afuera, apoyada en una sonoridad marca de la casa, con la dosis justa, o sea mínima, de brillo y vibrato en la cuerda, dando lugar a un sonido más bien mate, levemente apagado y grisáceo. De nuevo, todo ello en contraste con la intensidad y medida trascendencia que desplegaba la interpretación comandada por Harnoncourt, transparente y a su manera luminosa, y de la que cabe resaltar la exquisita filigrana en el “Et incarnatus est” y un monumental y exultante “Gloria”. Por méritos propios, ese gran músico que es Harnoncourt está ya sentado a la derecha del padre, sea éste Beethoven, Bach o Mozart.

   Los mimbres para la interpretación difícilmente podían mejorarse, con el Concentus Musicus Wien, donde hay músicos que llevan toda la vida con Harnoncourt, desde la fundación del conjunto, y con las voces del Arnold Schoenberg Chor, un auténtico especialista en mostrar como sencillas las partituras más complejas. Junto a ellos, más bien discreto el desempeño del cuarteto vocal, destacando no obstante el buen hacer de las dos voces femeninas, Laura Aikin y Elisabeth Kulman.

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