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CRÍTICA: 'SARKA' DE JANACEK EN EL TEATRO DE LA MAESTRANZA DE SEVILLA. Por J. J. Ponce

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6 de febrero de 2013
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VENCIÓ "SARKA" 

Sárka - Leos Janácek. Teatro Maestranza - Sevilla. 5 Febrero 2013. Mark S. Doss - Barítono,  Roman Sadnik - Tenor, Christina Carvin - Soprano, José Manuel Montero - Tenor

      Janacek ya poseía reputación como compositor instrumental antes de abordar el genero operístico, especialmente fuera de las fronteras checas en países de habla germánica. Su primer acercamiento al género fue con Šárka (1887), cuya historia se basa en un libreto de J. Zeyer inspirado en la mitología nacional. La ibra no se estrenaría hasta 1925, habiendo sido revisada en varias ocasiones por el autor.  De corte eminentemente romántico, cuenta la historia del amor de una amazona y un guerrero, mezclada con la lucha por el poder.  Šárka  busca el escudo y el cetro de Libuse y al llegar a la gruta donde se encuentra enterrada encuentra a Ctirad, el guerrero al que debe combatir y derrotar. El amor surge, la amazona le engaña para conseguir el botín y le da muerte. Comprendiendo su error se inmola con él en la pira funeraria. Janácek, desalentado por los resultados conseguidos en su primer acercamiento a la ópera, dio un giro a su trabajo, interesándose por la música popular morava, fruto de lo cual nacería Danzas de Lassko, que daría lugar a su segunda ópera: Pocatek román (El comienzo de un romance). Su tercer trabajo - Jenufa- le proporcionaría reconocimiento internacional.
      Desde Sárka hasta el final de su vida Janácek tuvo especial interés por la música coral, como se puede observar en la intervención de los coros en esta primera ópera, llegando a formular su propia teoría sobre la melodía del lenguaje. La producción presentada en el Maestranza proviene del Teatro La Fenice de Venecia y recuerda, de alguna manera, la arquitectura de los templos asirios. Es la primera vez que la ópera se representa en España. Un título, en definitiva, poco habitual en el cartel de los teatros, puede que por ser un trabajo considerado ‘menor'.
       Musicalmente la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla demostró la calidad de sus componentes y la dirección de Santiago Serrate supo sacar los matices y la expresividad que la partitura exigía en cada momento, dando el protagonismo que las voces pedían, llegando a momentos exquisitos en la muerte del protagonista. Inicialmente Serrate no figuraba como batuta pero en nada ha desmerecido su elección, pues dio a la orquesta un sonido limpio, amplio, lleno de matices y un protagonismo adecuado.

      En el elenco de voces destacó Mark S. Doss (Premysl), un barítono que desde el primer momento dejó correr la voz por la sala, se movió con facilidad por los pasajes y demostró el poder de la zona baja de su tesitura. Intenso inicio del segundo acto con su "Mi alma se conmueve con un triste presentimiento".  El papel de Sárka fue interpretadopor la soprano alemana Christina Carvin, que realizó un buen trabajo vocal y dio el sentido dramático que el personaje requería en cada momento, combinando -a pesar de la dureza del lenguaje del libreto- sensualidad con fuerza. Carvin demostró dominar la técnica y se movió con facilidad dentro de sus características tímbricas, como demostró en el aria del primer acto ‘¡Oye, Libuse, quién está delante de ti!'
      Por su parte Roman Sadnik, que encarnó a Ctirad, no tuvo su noche. Cantó sin fuerza, abriendo los agudos -casi rozando el galleo en algún momento- y faltándole la forza que el guerrero requería y la pasión interpretativa necesaria. En el dúo de amor con Sárka la voz quedó totalmente tapada por la orquesta. Le faltó control de voz y tuvo momentos en que la colocaba tan atrás que sonaba engolada. Sin embargo, y a pesar de lo secundario del papel, José Manuel Montero -tenor que encarnaba a Lumir- hizo un trabajo digno, con fuerza -especialmente en la escena final-, proyectando la voz en la sala sin dificultad, con un fraseo limpio y buena línea de canto. El montaje escénico estuvo salpicado de alegorías, la más destacable la del final de la ópera, en la que unas mariposas -representando las almas de los amantes- simbolizan la unión de ambos en el más allá.
Autor:J. J. Ponce
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