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Robert Schumann: Sus otros lieder

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8 de julio de 2014

 

 

Foto: Robert Schumann

           

LOS OTROS LIEDER DE SCHUMANN, COMPUESTOS ENTRE 1849 Y 1853 

   Por Silvia Pujalte
En junio de 1839 Robert Schumann escribía al también compositor y crítico musical Hermann Hirschbach: “Siempre he situado a las canciones en un nivel inferior a de la música instrumental; realmente, nunca las he considerado un gran arte”. En febrero de 1840, en una carta a su prometida Clara Wieck, Schumann decía: “¡Oh, qué dicha escribir canciones, y yo lo he desatendido todos estos años!”  Es cierto que ambas afirmaciones no son contradictorias, pero algo había cambiado en los meses que median entre ambas cartas.      
   La poca consideración que tenía Schumann hacia las canciones era habitual en su época; en 1839, once años después de la muerte de Schubert, las canciones todavía eran consideradas música de salón para ser interpretadas en reuniones privadas. Por otra parte, Schumann y los compositores de su generación eran plenamente conscientes de pertenecer al movimiento romántico, y la música por excelencia era la instrumental, la que no precisaba de palabras para expresar los sentimientos. Pero gracias precisamente a esa generación nacida alrededor de 1810 el lied iba a situarse como uno de los grandes géneros propios del Romanticismo.
   Schumann había escrito una docena de lieder entre los años 1827 y 1828, al descubrir los de Schubert  gracias a unos amigos, la familia Carus. Schumann tenía 17 años y su padre había muerto unos meses antes, en agosto de 1826. August Schumann le había dado una sólida formación humanística, literaria y musical, y el joven se debatía entre dedicarse a la música o a la poesía, con una clara ventaja de la música. Después de esos tempranos lieder no hubo ninguno más hasta 1840 y continuó dedicándose con todas sus energías al piano.


   En julio de 1839 Robert llevó a los tribunales a Friedrich Wieck, padre de Clara, para conseguir del juez el  permiso para casarse con ella que Wieck le denegaba desde hacía años. La situación era complicada: Clara, menor de edad, había sido alejada de Robert y sólo podían comunicarse por carta, gracias a la complicidad de algunos amigos. Robert se sentía inseguro y temía que en cualquier momento la joven cediera a las presiones de su padre y se casara con algún otro pretendiente. El padre, a su vez, utilizó toda clase de argumentos (muchos de ellos falsos) para desprestigiar a Robert ante el juez, aunque Robert contó en su defensa con la ayuda de amigos con relevancia social como Franz Liszt. En enero el juez falló a favor de Schumann, pero Wieck recurrió y el proceso continuó, aún con más dureza que en la primera fase.
   Si contamos aquí estas peripecias pertenecientes a la vida privada del compositor es porque esta situación que angustia tanto a Schumann es el detonante que le lleva a componer lieder casi compulsivamente; de los aproximadamente doscientos cincuenta que escribió en total, la mitad fueron escritos entre febrero de 1840 y enero de 1841 (en septiembre de 1840 se casaban por fin Robert y Clara). Los ciclos más célebres son prácticamente todos de esa época: Dichterliebe, Liederkreis op. 24 y op.39, Myrten, Frauenliebe und -leben,... Pocas veces se interpretan los otros lieder de Schumann, los compuestos entre 1849 y 1852; en este artículo los recorreremos brevemente, proponiendo una lista de doce canciones para ilustrar musicalmente el viaje.


Dresde, 1849

En 1849 Robert Schumann vivía en Dresde y las cosas habían cambiado mucho desde aquel 1840 que había sido tan duro para él. Los primeros años de su matrimonio, hasta finales de 1844, los habían pasado Clara y Robert en Leipzig; poco a poco Robert había ido consiguiendo reconocimiento como compositor, seguía siendo el editor de la Neue Zeitschrift für Musik [1] y era profesor del conservatorio de la ciudad, fundado por su amigo Felix Mendelssohn. Clara, a su vez, seguía siendo una gran concertista y había empezado a componer, alentada por su marido. En lo personal, la pareja había tenido descendencia y se había reconciliado con Friedrich Wieck.
   Todo iba bien menos la salud de Robert; a principios de 1844 acompañó a Clara a una gira por Rusia y regresó exhausto, con los nervios destrozados, sin poder dormir, acosado por las pesadillas. Tras una crisis nerviosa alarmante, los médicos le aconsejaron que dejara sus ocupaciones en Leipzig y se trasladara a una ciudad más tranquila, con la prohibición de escuchar música porque afectaba demasiado a su sistema nervioso. Así fue como en diciembre de 1844 la familia se trasladó a Dresde, una ciudad apacible con una vida musical y social escasa. El reposo sentó bien a Schumann, que mejoró algo y pudo seguir componiendo; con el tiempo, volvió a dar clases en el conservatorio y dirigió el coro municipal de la ciudad.

   En 1849, Robert Schumann vuelve a componer lied; desde 1840 apenas había compuesto diez. Es el año de la revolución en Dresde; Schumann es partidario de sus ideales pero es contrario a la violencia. Su salud maltrecha tampoco le permite afrontarla y se traslada una temporada al campo, a una localidad cercana, Kreischa. Esa primavera, además, muere Carl, su único hermano vivo, y la pérdida le afecta enormemente, como le afectará en octubre la muerte de Chopin, a quien tiene en mucha estima. Parece que una vez más los lieder serán un refugio para Schumann. En marzo, Clara escribe en su diario: “me parece extraño cómo los horrores que nos rodean despiertan en Robert sentimientos poéticos tan completamente diferentes en apariencia a todo esto”; el 1 de abril Robert escribe a su amigo Ferdinand Heller: “Las tormentas hacen que el hombre vuelva a si mismo, y yo he encontrado en el trabajo un consuelo para los terribles sucesos exteriores.”
   Schumann sigue componiendo ciclos, como ya había hecho en 1840, son escasos los lieder aislados. La principal novedad que presentan los ciclos de 1849 es que la mayoría están compuestos para varias voces, algo poco habitual nueve años atrás cuando los lieder eran para Clara. Son ciclos pensados para cantar en los salones que hoy en día se interpretan completos pocas veces sobre el escenario, no es habitual reunir cuatro voces para un recital.

   El primero de estos ciclos es Spanisches Liederspiel, op.74 [2], compuesto en los últimos días de marzo. Está formado por diez canciones (tres dúos para dos voces femeninas, uno para tenor y barítono, otro para tenor y soprano, tres solos para barítono, tenor y soprano y dos cuartetos) y los textos están extraídos de Volkslieder und Romanzen der Spanien, un volumen publicado en 1843 por Emanuel Geibel que recoge traducciones al alemán de poesía española de los siglos XV i XVI. De este ciclo destacamos un lied que es considerado una obra maestra, el bellísimo In der Nacht, duo para tenor y soprano.
  Los poemas de Spanisches Liebeslieder, op. 138 son también de Geibel, extraídos del mismo volumen de poesía. Una parte de ellos están compuestos en los días inmediatamente posteriores a la composición del Spanisches Liederspiel y otra parte a lo largo del mes de noviembre. Está escrito también para cuatro voces (dos lieder para soprano, dos para tenor, uno para barítono, un duo para las dos voces femeninas y otro para las masculinas y un cuarteto) pero presenta dos novedades con respecto al ciclo anterior: el acompañamiento es para dos pianos e incluye dos piezas (la primera, Vorspiel, y la  sexta, Intermezzo) sólo para los acompañantes, que se convierten en solistas. El lied interpretado por el barítono, que añadimos a la lista de reproducción, está dedicado a un río que tenemos muy cerca: Flutenreicher Ebro.

Foto: Clara y Robert Schumann


   De un carácter muy diferente es el Liederalbum für die Jugend, op. 79, compuesto entre abril y mayo; el propio Schumann explica su intención: “Veréis que he elegido poemas de los más grandes maestros, pero sólo aquellos adaptados a la juventud. Veréis también cómo desde la simplicidad he pasado a cosas más difíciles que acaban con Mignon, contemplando la vida espiritual.” El álbum está formado por veintinueve canciones para dos voces femeninas (incluyendo ocho dúos) e incluye poemas de diferentes poetas, como por ejemplo Fallersleben, con nueve canciones, Mörike, Rückert, Geibel, Uhland, Andersen o los grandes Schiller y Goethe. De esta colección añadimos a nuestra lista de reproducción el no.12, Der Sandmann, sobre el personaje que cuida de que los niños tengan dulces sueños.

   El último de los ciclos para varias voces que mencionaremos es Minnespiel, op. 101, compuesto en los primeros días de junio. Aquí Schumann vuelve a las cuatro voces pero esta vez recuperando a uno de sus poetas habituales: Friedrich Rückert (poeta al que los aficionados al lied nunca le agradeceremos lo suficiente su obra). El último ciclo de Robert su primera etapa es Zwölf Gedichte aus Liebesfrühling, op. 37, compuesto a cuatro manos con Clara en enero de 1841. De estas doce canciones el compositor recupera dos, Schön ist das Fest des Lenzes y So wahr die Sonne scheinet, convertidos ahora en cuarteto y duo respectivamente. y añade seis más del mismo poemario, Frühlingsliebe, escrito por Rückert para celebrar su boda.  En total este ciclo incluye un duo soprano-tenor, uno soprano-barítono, dos canciones para soprano y para tenor y dos cuartetos. Añadimos a nuestra lista de reproducción uno de los lieder para tenor, una obra preciosa, Mein schöner Stern!

   El ciclo más conocido de entre todos los que compone Schumann en su segunda etapa es Lieder und Gesänge aus Wilhelm Meister, op.98a. Está escrito inmediatamente después del Liederalbum für die Jugend y ambos ciclos quedan encadenados (aunque las motivaciones y los destinatarios sean diferentes) porque el último lied del Liederalbum, Mignon, es el primero del ciclo de Wilhelm Meister. En 1849 se celebraba el centenario del nacimiento de Goethe, que había muerto tan solo diecisiete años antes; Schumann estaba inmerso en su gran obra, las Escenas de Fausto, una parte de la cual se estrenó simultáneamente en tres ciudades como homenaje al gran poeta, y probablemente estuvo revisando también la novela Los años de aprendizaje de Wilhelm Meister. De las doce canciones que contiene la novela, cantadas por diferentes personajes, Schumann pone música a nueve: cuatro del arpista, tres de Mignon, una de Philine y un duo entre el arpista y Mignon que, curiosamente, después de haber compuesto tantas canciones para varias voces, adjudica a Mignon. Nosotros nos quedamos para nuestra lista con uno de los poemas más tristes de la historia del lied, que ya es decir: Wer nie sein Brot mit Tränen ass, cantada por el arpista.
   Schumann aún compuso algunos lieder más durante 1849: dos breves ciclos, Vier Duette, op.78 y Drei Gesänge, op.95 y cuatro lieder aislados, entre ellos una balada, Die Handschuh, op.37 y un melodrama, Schön Hedwig, op. 106. En total, son setenta y cinco los lieder compuestos por Schumann durante 1849.


Dresde, 1850

   Durante el último año de Schumann en Dresde compone treinta lieder más, concentrados entre primeros de abril y primeros de agosto. Ya no hay composiciones para más de una voz y un tercio son canciones aisladas (que en ocasiones completan un cuaderno para su publicación). Algunos expertos consideran que en esas canciones ya se aprecia claramente el deterioro de su salud mental, otros por el contrario opinan que Schumann estaba perfectamente lúcido cuando componía y esta experimentando y buscando nuevos caminos para la canción. Sea como sea, encontramos canciones muy diferentes de las compuestas con anterioridad; valga como ejemplo Stiller Vorwurf, op77/4, definida por Graham Johnson como “belleza extraña y vagabunda” y “una especie de incoherencia inspirada”.

Foto: Robert Schumann en 1850.


   El primer ciclo del año 1850 es Drei Gesänge, op. 83, compuesto a principios de abril; las tres canciones son de tres poetas diferentes: el primero está sin identificar, el segundo es de Rückert y el tercero es de Eichendorff, el poeta del Liederkreis, op. 39. Al mes siguiente Schumann compone Sechs Gesänge, op.89, a partir de poemas de Wilfried von der Neun (seudónimo de Wilhelm Schöpff), poeta contemporáneo y próximo al compositor. La última pieza del ciclo, Röslein, Röslein, es una deliciosa miniatura que comienza de una manera muy original y que tiene un acompañamiento de piano de aires chopinianos, una canción juguetona que nos lleva a tiempos mejores para Schumann.
   Son también de Von der Neun los dos últimos lieder de Lieder und Gesänge, op. 96, compuestos en julio, pero de este Opus nos quedamos sin duda con una de las obras maestras de Schumann, Nachtlied, su versión del poema más músicado de Goethe, Über alle Gipfeln ist Ruh. Finalizamos este repaso por el año 1850 con el ciclo escrito a continuación, Sechs Gedichte und Requiem, op. 90, con seis poemas de Nikolaus Lenau y un séptimo, el Requiem, con texto de Leberecht Blücher Dreves añadido por Schumann en memoria de Lenau al creer equivocadamente que acababa de morir (estaba gravemente enfermo y murió dos semanas más tarde).

Düsseldorf, 1851

   Robert Schumann y su familia se trasladan a Düsseldorf en otoño de 1850, allí Schumann dirigirá la orquesta y el coro de la ciudad sustituyendo a Ferdinand Hiller. Ya no se siente a gusto en Dresde y tiene ilusión por iniciar un nuevo proyecto en una ciudad que le recibe con los brazos abiertos, pero su salud ya está muy deteriorada; podemos hacernos una idea de su sufrimiento a partir de estas líneas sobre su alojamiento en Düsseldorf: “consultando un viejo atlas, encontré entre los edificios principales de la ciudad tres conventos y un manicomio. Esto último me perturba mucho, porque cuando estuvimos en Maxen nuestro apartamento tenía vistas al manicomio y eso estropeó mi visita, no me gustaría que volviera a suceder lo mismo.”


   Tras los primeros meses en Düsseldorf, Schumann vuelve a componer lieder, unos veinticinco durante 1851. De todos ellos los más importantes son los que compone a partir de los poemas de Elisabeth Kulmann, agrupados en dos ciclos compuestos simultáneamente a finales de primavera; son los Mädchenlieder, op. 103, cuatro duos para voces femeninas, y los Sieben lieder von Elisabeth Kulmann, op. 104. Un ciclo a partir de los versos de una mujer es algo sorprendente en la época, además se trata de una desconocida (aunque cabe preguntarse cuántas poetas conocidas había por aquel entonces) y, más sorprendentemente todavía, de una joven fallecida a los diecisiete años.

  Elisabeth Kulmann nació en Rusia en 1808 de padre ruso y madre alemana; durante su infancia murieron su padre y sus seis hermanos y quedó sola con su madre en condiciones económicas precarias. En 1824 enfermó y un año más tarde moría. En 1835 su profesor editó su poesía, escrita  para compartir solamente con sus personas más cercanas, y fue el mismo profesor quien se la dio a conocer a Schumann en 1851, que inmediatamente se dispuso a elegir los poemas que iba a musicar. A menudo se ha considerado esta elección una muestra evidente de la decadencia de Schumann, que había sido un experto en literatura y muy cuidadoso eligiendo poemas para escrbir sus canciones, pero la atracción del compositor por Elisabeth Kulmann se debe sobre todo a lo que él considera una vida dedicada al arte, le conmueve descubrir tanto talento en una jovencita y que esa vida se malogre tan pronto. Cuando conozca a un joven Johannes Brahms de veinte años, en otoño de 1853, expresará de nuevo su admiración por una persona que luchando contra las dificultades ha conseguido dedicar la vida al arte.

Foto: Busto de Elisabeth Kulmann.


   Los Sieben lieder von Elisabeth Kulmann presentan otra novedad: Están encabezados por un texto de Schumann, una dedicatoria (“[...]Si estas canciones ayudan a revelar a la poetisa en unos círculos en los que todavía es desconocida, su propósito se habrá cumplido[...]”) y otro texto cierra el ciclo (“[...]Así nos dejó, gentil como un ángel pasando de una orilla a otra [...]”); además, Schumann presenta cada una de las canciones explicando por qué las ha elegido. De la canción que escuchamos en nuestra lista de reproducción, Die letzten Blumen starben, dice el compositor: “Un poema lleno del presentimiento de la muerte, escrito probablemente en su último año de vida. Junto a su casa tenía un pequeño jardín, en el cual cultivó flores año tras año. También había un álamo cerca.”
   Además de esas canciones, Schumann compuso durante 1851 un nuevo ciclo a partir de poesía de Lenau, Vier Husarenlieder, op.117, y algunas canciones de diferentes poetas, agrupadas en ciclos de tres o cuatro o bien aisladas.

Düsseldorf, 1852-1853

   En su primera temporada en Düsseldorf (1850-1851), Schumann es tratado con severidad por la crítica; en la segunda las cosas van a peor y son el público y los miembros de la orquesta los que le retiran su apoyo. Lo cierto es que a Robert le fallan las fuerzas y apenas puede marcar los tiempos, tiene dificultades para hablar, se agota con facilidad, en ocasiones incluso se abstrae durante la interpretación de una pieza dejando a la orquesta sin dirección, y en la tercera temporada tiene que ser sustituído por el segundo director. A finales de 1852 escribe: “Durante casi la mitad de este año he estado anulado por una grave afección nerviosa”. No es de extrañar, pues, que componga sólo tres lieder hasta diciembre, cuando compone un ciclo a partir de poemas atribuídos a otra mujer de vida trágica y muerte prematura, Gedichte der Königin Maria Stuart, op. 135. De los cinco lieder que lo forman, escucharemos Gebet, la plegaria de la reina antes de su ejecución.

Foto: Maria Estuardo.

  
   Los lieder de María Estuarda son pràcticamente los últimos, posteriormente sólo escribiría dos más, en septiembre y octubre de 1853. En febrero de 1854 escribe a Joseph Joachim: “A partir de ahora mi música se calla, al menos exteriormente. Es el momento de acabar. El día cae ya.”

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Notas

(1) Neue Zeitschrift für Musik fue una revista fundada en Leipzig en 1834 por Robert Schumann, Friedrich Wieck y Ludwig Schuncke.

[2] Un liederspiel era una actividad típica de las reuniones sociales: varios miembros de la reunión interpretaban una pequeña obra de teatro formada por un conjunto de canciones. Por citar el ejemplo más célebre, un liederspiel es el origen de los versos de Die schöne Müllerin.

 

Autor:Sílvia Pujalte
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