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Crítica: Sebastian Weigle dirige «Martha» de Flotow en la Ópera de Frankfurt

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Autor: Raúl Chamorro Mena
17 de diciembre de 2019

Una gran labor de equipo

Por Raúl Chamorro Mena
Frankfurt, 14-XII-2019, Oper. Martha oder der market zu Richmond - Martha o el mercado de Richmond (Friedrich von Flotow). Juanita Lascarro (Lady Harriet), Katharina Magiera (Nancy), AJ Glueckert (Lyonel), Gordon Bintner (Plumkett), Barnaby Rea (Lord Tristan). Coro de la Opera de Frankfurt. Frankfurter Opern-und museum Orchester. Dirección musical: Sebastian Weigle. Dirección de escena: Katharina Thoma.

   Después del gran éxito de su ópera Alessandro Stradella (Hamburgo, 1844), Friedrich von Flotow (1812-1883) recibe un encargo de la Ópera Imperial vienesa que dará lugar a Martha o el mercado de Richmond, estrenada en 1847 y única ópera de su autor que se ha mantenido en repertorio (durante el siglo XX cada vez menos) y que debe su cuota de popularidad a dos fragmentos. A saber, «La última rosa del verano» pieza basada en una balada popular irlandesa, que canta la soprano en el segundo acto y, sobretodo, el aria de Lyonel «Ach! so fromm, ach so traut» popularizada en su versión italiana «M'appari tutt'amor», que han interpretado todos los grandes tenores, especialmente desde que Enrico Caruso cantó Martha en el MET de Nueva York traducida al italiano.


   Flotow ya había puesto música al asunto con ocasión del ballett-pastiche Lady Harriet ou la servant de Greenwich (libreto de Vernoy de Saint-Georges) del que compuso el primer acto.

   La ópera Martha, con libreto en lengua alemana de Friezrich Wilhelm Riese sobre el mismo argumento del ballett indicado, contiene una crítica contra la aristocracia ya decadente, sus relajadas costumbres e inferioridad moral frente a las clases populares, que albergan sentimientos más puros y nobles en su vida cotidiana en los pueblos y aldeas. Lady Harriet, cansada de su vida regalada y ociosa, decide acudir junto a su dama de compañía Nancy, ambas disfrazadas de aldeanas (como la Duquesa de Medina en Jugar con fuego de Barbieri, que también se disfraza de criada para sus intrigas amorosas) al mercado de Richmond en el que se subastan las mozas campesinas para que trabajen durante un año en el campo para el granjero que las gane. Les acompaña - y no de muy buena gana- el cretino pretendiente de Lady Harriet, Lord Tristan. En este caso serán los hermanastros Lyonel y Plumkett los que se lleven a «Martha y Julia» y después de diversas vicisitudes y enredos se terminarán casando con ellas.


   La música de Flotow contiene influencias francesas, también folklóricas y una gran riqueza melódica. La Opera de Frankfurt reponía esta producción estrenada en 2016 con dirección escénica a cargo de Katharina Thoma y musical de Sebastián Weigle. Ante todo, destacar la notable labor global de la representación, que pone de relieve todo el encanto de la obra y en la que todo está bien trabajado, apropiadamente engrasado con unos cantantes del ensemble del teatro sin estrellas, pero impecables profesionales, correctos y musicales en lo vocal e implicados en el aspecto interpretativo, a lo que se une unos cuerpos estables, orquesta y coro, de alto nivel. Todo ello cimenta la categoría de una casa de ópera.

   El montaje transpone la historia a la actualidad, aunque no importa mucho si en lugar de una noble aburrida, tenemos a una dama de alta sociedad. Lo cierto es que la puesta en escena discurre dinámica, con una dirección de actores bien trabajada y unos personajes perfilados con propiedad. Se incluye algún elemento (los animadores de la feria a modo de cheerleaders son hombres, el primero que puja es un hombre travestido...) que reconduzca esa subasta de mujeres campesinas a lo que hoy se considera políticamente correcto.

   Coro espléndido por empaste, ductilidad y gama dinámica y magnífica la orquesta bajo la dirección refinadísima, transparente, radiante, de texturas diáfanas y luminosa ligereza, de Sebastián Weigle.

   En el elenco destacó el timbre intesantísimo, compacto, bien colocado y homogéneo de la mezzo Katharina Magiera, cantante, además, impecablemente musical y desenvuelta en su creación escénica de Nancy. Juanita Lascarro, de timbre desigual, un tanto deshilachado y con capacidad en la zona alta, aunque con notas un tanto hirientes, fue una correcta Lady Harriet. El barítono Gordon Bintner demostró una vez más, ser un intachable cantante de ensemble, seguro en lo vocal e implicado en lo escénico. El tenor AJ Glueckert dispone de un timbre grato y frasea con musicalidad, pero un registro agudo sin resolver le lleva por la calle de la amargura, como pudo comprobarse, sin ir más lejos, en la parte final de la famosa aria de Lyonel «Ach so fromm» que, sin embargo, había sido delineada con buena línea canora. Muy gris en lo vocal, pero divertidísimo en escena, el Lord Tristan de Barnaby Rea.

Foto: Ópera de Frankfurt

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