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Crítica: Semyon Bychkov dirige 'Parsifal' de Wagner en el Festival de Bayreuth

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Autor: José Amador Morales
25 de agosto de 2018

Hermoso y ecuménico Parsifal

   Por José Amador Morales
Alemania. Bayreuth. Festspielhaus. 14-VIII-2018. Richard Wagner: Parsifal. Andreas Schager (Parsifal), Günther Groissböck (Gurnemanz), Elena Pankratova (Kundry), Thomas J. Mayer (Amfortas), Tobias Kehrer (Titurel), Derek Welton (Klingsor). Coro y Orquesta del Festival de Bayreuth. Semyon Bychkov, dirección musical. Uwe Eric Laufenberg, dirección escénica.

   Una vez superadas las visicitudes por las que pasó este Parsifal firmado por Uwe Eric Laufenber y que supusieron la renuncia prácticamente in extremis de Andris Nelsons como su director musical, tras lo cual asumió la batuta Harmut Haenchen con gran éxito, lo cierto es que esta producción escénica nos resulta la más hermosa y convincente del actual Bayreuth tal y como comentamos el pasado año. Alejada de esvásticas o experimentos antropológicos, es fiel a la partitura de Wagner al tiempo que aporta una mirada nueva. A quienes les impactara la película De dioses y hombres (Xavier Beauvois, 2011) como a quien esto suscribe, es inevitable que les evoque emociones afines, pues hay paralelismos y concomitancias entre esta producción de Parsifal y el citado film, especialmente evidentes a la hora de trasladar una comunidad religiosa a un escenario bélico actual. No obstante, encontramos al mismo tiempo detalles snob que ya parecen inevitables: desde la apertura de telón a mitad de los preludios del primer y tercer acto o determinadas imágenes de sexo explícito que no aportan nada por estar descontados en la información aportada por el libreto (gestos obscenos de Klingsor con la cruz-dildo o coito de Amfortas con Kundry); ya comentamos en su día y a propósito del antimusical Anillo de Castorff que Bayreuth parece estar pasando su particular e infantil etapa de grotesco “destape” erótico-pornográfico. Pero en cualquier caso, la progresión dramática con que se aborda el personaje de Parsifal, la adaptación del fenómeno de lo trascendente o místico a una circunstancia bélica como la de Irak con la urgencia del compromiso moral que ello conlleva y el mensaje universal de humanismo ecuménico con que se cierra la obra, es de una hondura, coherencia y, en definitiva, belleza incuestionables.

   Semyon Bychkov ofreció una dirección profundamente conocedora de la obra como demostró en Madrid hace dos años. Aquí volvió a exponer un color y sentido del fraseo muy idiomáticos, una teatralidad conseguida mediante tempi ágiles, aunque siempre musicales, así como la incorporación de determinados efectos de gran impacto como los impresionantes silencios tras el “Amfortas! Die Wunde!” de Parsifal o el grito de Kundry tras “und... lachte!”.

   El Parsifal de Andreas Schager posee una voz liviana y ensanchada artificialmente que ahora presenta en su registro central un vibrato desagradable, seguramente provocado por el abordaje de roles tan pesados como sendos Siegfried, Tristan o incluso Tannhäuser. Su canto tampoco es en sí mismo expresivo lo que le lleva en demasiadas ocasiones a sobreactuar, como a partir del "Amfortas! Die wunde!" donde tendió a la histeria. En cualquier caso su natural lirismo es patente en el primer acto y sobre todo en la escena final, aunque para entonces acusa fatiga vocal. Por su parte, Elena Pankratova se mostró espectacular de medios vocales y talento dramático (esto último particularmente evidente de un año a otro). Sin duda tiene todos los elementos para ser la Kundry actual y heredera de las grandes creadoras del personaje: voz timbrada, carnosa, homogénea, con agudos cómodos y graves con excelente apoyo (como en la frase "in die Arme!" y en toda su espectacular escena final del segundo acto).

   Günther Groissböck ha sido “ascendido” a Gurnemanz tras su estupendo Veit Pogner y, no en vano, posee un color atractivo y de gran proyección aunque no especialmente ancha y tal vez demasiado juvenil para la parte. Quizás más preocupado por controlar la emisión de la voz (lo cual no siempre consigue) que por aprovechar el gran partido expresivo de su personaje, en este sentido resultó el reverso de Zeppenfeld, su antecesor en esta producción; sin duda, tiene margen para madurar interpretativamente el personaje, pues en lo vocal lo tiene a favor.  Thomas J. Mayer compuso un Amfortas de timbre desabrido y mate aunque consiguió dotar de cierta autenticidad al personaje, logrando conmover con sus "Erbarmen!" durante la consagración del primer acto. Algo juvenil el Klingsor de Derek Welton pero por lo demás muy convincente y con importante presencia vocal.

   Una vez más, tanto el Coro como la Orquesta del Festival de Bayreuth rayaron a una altura impresionante, logrando escenas de un colorido y exhibiendo una gama de matices que, precisamente en el Festpielhaus y con esta maravillosa partitura hacen de su prestación algo insuperable.

Foto: Festival de Bayreuth

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