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Opinión: «Del silencio». Por Aurelio M. Seco

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Autor: Aurelio M. Seco
17 de mayo de 2026

Artículo de opinión de Aurelio Martínez Seco sobre el silencio y Richard Strauss

Richard Strauss

Del silencio

Por Aurelio M. Seco | @AurelioSeco
Hablamos del silencio como concepto musical y tambien del Silencio como Idea general, tras oír la fascinante Quinta sinfonía de Beethoven puesta en sonido por ese hombre silencioso y magnífico que fue, componiendo y dirigiendo, Richard Strauss. Nos vemos sorprendidos por esta penetrante versión en el silencio calmado de nuestra habitación al apreciar su fecundidad artística universal.

   Entre las cosas que nos quedan de los más importantes hombres de la historia, a veces cuajan las más circunstanciales y ruidosas. Le ha pasado a Francisco Umbral, por aquel libro en televisión, y también a Fernando Fernán Gómez, actor genial de voz preciosa y titánica que hizo temblar a un periodista. En música, la imagen que muchos tienen e incluso fomentan de Strauss es la del director desganado que sólo agita los brazos más rápido y con pasión cuando, mirando el reloj, se da cuenta de que llega tarde a cenar. Es una imagen injusta y populachera, incapaz de adentrarse en la importancia del carisma de un genio ante la orquesta. En una ocasión, Zubin Mehta se puso al frente de un conjunto que no había dirigido nunca y, durante los ensayos, la orquesta, que era bastante normal, parecía sonar como la Filarmónica de Viena. Era Mehta y había que estar preparado y a la altura del carisma. Cuando Zubin Mehta ensayaba, el silencio se cortaba en el ambiente por el respeto a su figura y su voz se oía clara a través de la música porque había silencio.

  Entonces, ¿el silencio es música, forma parte de la música o no es música el silencio? ¿Es música el famoso 4:33 de John Cage?, autor que venía a demostrar con dicho rótulo, dentro y fuera de la famosa cámara anecoica, que no es posible el silencio. Pero no se puede confundir el Silencio con su concepto físico, que nadie puede oír. Cage y su cámara anecoica, la cámara anecoica y John Cage: este es el titular sesgado de una parte de la historia de la música moderna que a veces se explica a los niños en un ambiente asombroso como si el profesor silenciado de sí mismo estuviese hablando de magia. Las consecuencias de los experimentos sonoros de Cage han tenido y tienen su interés, pero más en el terreno filosófico o físico que en el puramente musical. Lo que nos resulta extraño es ver programada la obra en concierto; pero ahí está, haciéndose una y otra vez en todo el mundo como si se estuviese poniendo sonido al alma humana. Las consecuencias que ha tenido en el campo de la «música contemporánea» este gesto de Cage creemos que han sido excesivas generando, por un lado, multitud de creadores silenciosos; por otro, los compositores silenciados.

   Antaño la atmósfera sonora del hombre resonaba por sus silencios, no sólo en un marco sociológico (el silencio de los pueblos, el de las montañas...) sino en las propias obras de arte. No decimos que el silencio haya desaparecido hoy del todo, pero sí que su lugar es menos importante, en lo sociológico y en lo artístico, siendo esta cuestión a nuestro juicio fundamental, y un rasgo típico, no sólo de una especie de ruido de fondo antropológico sino de cierto silencio espiritual. En los diálogos de las películas y de las series de televisión, los silencios de antes nos permitían encontrar una verdad humana que hoy hemos perdido a fuerza de futurismos tecnologicos y filosofistas de la música. Son ejemplares y enigmáticos, por ejemplo, los silencios de aquellos Anillos de oro que Ana Diosdado escribió con mano maestra y Antón Garcia Abril adornó con su música melodiosamente clásica, es decir, sustantiva. En Tiempo feliz de caramelo, la voz de José María Rodero nos recuerda, por su poder evocador, a la de Fernando Fernán Gómez y sus titánicos silencios.

   A la Quinta sinfonía de Beethoven también le han robado, de alguna forma, sus silencios, los más dramáticos y llamativos. Oímos a Furtwangler, De Sabata y Strauss y ahí están, gritando en la profundidad del hombre y a través de él, como si la conciencia general homogenizante no hubiera metido todavía su mano ruidosa en la historia, la ciencia y demás cosas típicas de hoy. La interpretacion de la Quinta sinfonía de Beethoven es, hoy más que nunca, un ejemplo paradigmático de la involución artística de nuestro siglo, por lo restrictivo de su concepción. Pero escuchemos, siquiera un instante, ese comienzo genial de la Quinta de Beethoven dirigida por Richard Strauss y preguntemos al aire ruidoso, ¿dónde están hoy aquellos silencios? Es como si hubiera un miedo al silencio. ¿Y quien dirige en el XXI su Zaratustra como Karajan y el propio Strauss?

   En una entrevista realizada a Ana María Matute en su día para televisión por Fernando Sánchez Dragó, la gran escritora española relató lo siguiente, sin recordar ad pedem litterae lo escrito en su Aranmanoth. «-¿Qué es la felicidad?», le pregunta en el libro Windumanoth a Aranmanoth. «La felicidad», responde Ana María Matute a Sánchez Dragó en la citada entrevista, verbalizando una respuesta más directa, clara y mejor que la escrita, «es el silencio».

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