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Crítica: Silvia Márquez y Virginia Martínez con la Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia

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Autor: José Antonio Cantón
30 de abril de 2021

Concepto, acción y transmisión

Por José Antonio Cantón
Murcia, 28-IV-2021. Audito y Centro de Congresos 'Víctor Villegas'. Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia (OSRM). Solista: Silvia Márquez (clave). Directora: Virginia Martínez. Obras de Poulenc y Stravinski.

   Haciendo demostración de un gran entendimiento emocional orientado a la interpretación musical, la clavecinista aragonesa Silvia Márquez y la directora titular de la ÖSRM, Virginia Martínez, han simultaneado idea, representación y comunicación en su recreación del Concierto campestre, para clavecín y orquesta, FP 49 de Francis Poulenc desde una musicalidad que implicaba un trabajo arduo en controlar la particular  expresividad que requiere esta obra ante la diferencia dinámica de sonido de sus dos elementos concertantes. Implementado el instrumento de tecla con una muy cuidada amplificación electrónica de natural frecuencia plana, este hándicap quedaba resuelto inicialmente aunque se produjo un periodo de adaptación en el equilibrio de sus magnitudes durante la parte inicial del primer movimiento, después del Adagio que lo abre, y la aparición por parte de la solista del tema que abre su desarrollo, en el que se pudo admirar su soltura e igualdad de digitación como la demostrada en la cadencia, que pudo llevar al oyente a desear escuchar a esta clavecinista sola, por ejemplo, con un programa de virginalistas flamencos o británicos.


   En el segundo movimiento se produjo una mejor acomodación de tensiones e intensidades dándose uno de los momentos más felices de la interpretación, jugando muy a favor la sensibilidad femenina de las dos protagonistas para transmitir la lírica que contienen sus compases favorecidos por un aire de siciliana de ambivalente acentuación, que hace tan atractiva a esta danza tan apreciada durante el barroco. De nuevo, Silvia Márquez, en la sustancial coda conclusiva dejó patente su musicalidad sustentada en una gran capacidad técnica.

   Su particular intervención en el movimiento final, haciendo alarde de una fluido diálogo con la orquesta, sustanciado en un gran entendimiento con Virginia Martínez, permitió admirar la naturalidad de ambas intérpretes, lo que hacía que se percibiera como música feliz, a la que venía a sumarse la intervención de la sección de viento-madera en esa intención de realzar el carácter bucólico de su contenido. Cerraban así una actuación en la que la voluntad del compositor quedaba transmitida en toda su dimensión estética, reflejándose la riqueza de su orientación neoclásica.

   La segunda parte del concierto estuvo dedicada a la Primera sinfonía en mi bemol mayor de Ígor Stravinski con la que Virginia Martínez, conociendo a la perfección las cualidades de la ÖSRM, ha sacado de cada una de sus secciones instrumentales el máximo partido. La impronta dada el primer movimiento estaba situada en un grado contenido de celeridad y brío para favorecer el ajuste del instrumento orquestal a los pasajes sincopados, muy determinantes en la fogosidad que desprende el segundo allegro de esta parte inicial de la obra, que se manifiesta en una especie de galope constante que requiere un determinante dominio en la métrica de su tempo.


   Más distendidamente, Virginia Martínez planteó la dirección del Scherzo con una respuesta orquestal a su inicio realmente elocuente en la sección de viento-madera, que generaba una sensación de oscilación sonora en el oyente hasta la aparición del trío que vino a serenar el discurso, dejando una impresión de calma bien entendida y mejor expresada por la cuerda antes de adquirir de nuevo la dinámica del principio, ejecutada aquí con mayor contundencia por la percusión.

   Acentuó el dramatismo que contiene el tercer movimiento, un Largo que permitió que los violonchelos expusieran con dramatismo sus sones que recordaban a un manifiesto sentido «tchaikovskyano», que debió quedar en la mente del joven Stravinski. La ÖSRM se manifestó con  elocuente sentimiento creándose distintas atmósferas dentro de su propio espacio sonoro, contrastado por intervenciones solísticas como las realizadas por el primer fagot, la trompa o el violonchelo que dejaban la sensación de un trabajo sólido en ensayo buscando el dramatismo que destila este extenso movimiento, sin que llegara a decaer en momento alguno. La distensión empleada en el Finale favoreció una triunfal expresividad de conjunto aderezada por pasajes en los que la madera ponía notas de color que, desde una bien-sonante armonía, anticipan el dominio de orquestación que ya desde joven apuntaba este genio de la música del siglo XX. Mención especial requiere la sección de metales liderada por una tuba que estuvo realmente impactante.

   El programa de este concierto, por contenido, duración e interpretación, dejaba una complaciente sensación en el público, que  pudo percibir el buen estado de forma de la ÖSRM respondiendo a su titular con significativa musicalidad y elocuente sonoridad en cada una de sus secciones instrumentales, hecho que favorecía siempre la transmisión del mensaje de las obras.

Foto: Sinfónica de  la Región de Murcia

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