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Crítica:  Sofya Melikyan en el Festival de Música Ciudad de Lugo

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Autor: Pablo Sánchez Quinteiro
6 de junio de 2022

Recital de la pianista Sofya Melikyan en el Festival de Música Ciudad de Lugo con obras de Fauré, Franck, Mompou y Liszt

Sofya Melikyan

Exquisita musicalidad

Por Pablo Sánchez Quinteiro | @psanquin
Lugo, 26-V-2022. Círculo de Bellas Artes. Festival de Música Ciudad de Lugo. Sofya Melikyan, piano. Obras de Franck, Fauré, Mompou y Liszt.

   El día 26 tuvo lugar uno de los platos fuertes del Festival de Música Ciudad de Lugo, el recital de la pianista armenia Sofya Melikyan, a la cual ya pudimos admirar hace un año en Santiago de Compostela, donde junto a la Real Filharmonía de Galicia la pianista interpretó el Quinto concierto de Saint-Saëns. Allí pudimos disfrutar de su magnífico balance entre una exquisita musicalidad y un poderoso sonido que alcanza con facilidad asombrosa los fortissimi más intensos. 

   Presentó un amplísimo programa cuyo arranque fue reflejo de su pasión por la música francesa, con obras de Fauré y Franck. Tras ellas, la música de Mompou fue un relajado interludio que dio paso sin pausa a una exigente sección lisztiana. 

   El hermoso Nocturno nº 1 de Fauré fue un elegíaco comienzo, gracias una interpretación cristalina, en la que hubo un luminoso manejo de los timbres y un fraseo nada mecánico, enfatizando a la perfección la sutil ansiedad que recorre la obra. La interpretación a continuación del Impromptu nº 2, no podía haber sido mejor escogida. Con sus vertiginosas escalas, interpretadas con asombrosa limpieza, y al vertiginoso tiempo desplegado, el contraste generado con la pieza anterior fue máximo.

   Con el Preludio, coral y fuga de Cesar Franck, nos adentramos en un terreno más denso. El venerable preludio fue interpretado de forma temperamental por Melikyan; es precisamente carácter lo que requiere una obra de tan intenso cromatismo. El hipnótico coral adquirió un carácter místico; aunque hubo un mínimo desliz en la primera exposición del contratema, algo absolutamente anecdótico en un recital tan abrumador. La fuga, impecable de principio a fin, fue una auténtica catedral sonora.

   Los Juegos de niños de Mompou constituyeron un reparador relevo. Sutileza, limpieza y clarividencia en interpretaciones emotivas que culminaron en la siempre entrañable, Niñas en el jardín. En ella sorprendió con el carácter un tanto lúgubre que Melikyan le confirió. Tal vez por este motivo la pianista invirtió el orden de interpretación de las obras de Liszt que cerraban el programa. Así, las lúgubres niñas en el jardín, en vez de dar paso a la anunciada “Lúgubre góndola” se continuaron, sin advertencia al público con el más mundano Vals olvidado nº 1

   La lúgubre góndola marcó la transición de cara al gran crescendo final de la noche. Fue una versión serena, intimista, sin excesos; sobria representación de la despedida del compositor al maestro Richard Wagner. Fue un buen ejemplo de la madurez de Melikyan. En el terreno anecdótico, fue curioso como perfectamente sincronizado con el morrendo final de la obra, un objeto cayó desde una silla contundentemente… Tras el susto, y sin aplausos, Melikyan devolvió la alegría al público con la fluida y ensoñadora vitalidad de los Juegos de agua en la Villa de Este. La pianista fue más allá de lo descriptivo, impregnando a la música con toneladas de nostalgia, extraídas del piano de forma magistral.

   El largo e intenso viaje musical culminó en la exigente Sonata Dante, obra de inmensa carga dramática, que abarca un vasto rango de emociones. Al mismo tiempo, es un bosque salvaje de notas en el que muchos intérpretes se pierden, llegando incluso en ocasiones a caer en lo grotesco. A estas alturas del recital, ya estaba claro que éste no sería el caso de Malikyan, quien efectivamente encontró un magnífico equilibrio entre los pasajes más líricos, dotados de una exquisita nobleza, y las secciones más salvajes. Poniéndose exquisito, al margen de algún desliz de lo más normal en semejante marathon pianística, algunas transiciones, siempre cruciales, resultaron algo abruptas. Pero globalmente, fue una Dante sublime tanto en sus episodios líricos como en los pasajes más dantescos.

   Dos relajantes propinas, el Minueto de la Suite en sol menor de Handel y la Danza de los montañeses de la compositora Geghuni Chitchyan, pusieron el punto final a un recital para recordar, que nos permitió disfrutar del arte de una joven pianista que, más allá de su inmenso virtuosismo y musicalidad, consigue mover y conmover al público expresando a través del instrumento su voz propia, como sólo hacen los más grandes.

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