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Crítica: Recital de Stefano Bollani en Bolonia

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Autor: Magda Ruggeri Marchetti
7 de mayo de 2023

Crítica del recital de piano de Stefano Bollani ofrecido en el Auditorium Manzoni Bolonia

Stefano Bollani

Un excepcional improvisador

Por Magda Ruggeri Marchetti
Bolonia, 2-V-2023. Auditorium Manzoni. Bologna Festival XLII edición. Sección Grandes Intérpretes. Piano solo de Stefano Bollani.

  Stefano Bollani es ciertamente un gran intérprete de variados géneros musicales que él mismo crea y nos transmite con el piano. Este instrumento es su lengua materna, comenzada a cultivar a los seis años y con la primera actuación profesional a los quince. Diplomado en el conservatorio de Florencia, tras una breve experiencia en el mundo del pop, se afirmó en el jazz exhibiéndose en el Town Hall de Nueva York, en el Teatro alla Scala de Milán y en el Umbria Jazz. Desde 1996 colabora con Enrico Rava con quien da centenares de conciertos y graba trece discos. Ganador de numerosos premios, es conocido internacionalmente.

    Es imposible clasificar a Bollani en una categoría definida porque su música no conoce límites y desborda las demarcaciones de género, aunque se nutre de cuanto ha absorbido en el encuentro con artistas extraordinarios de todo el mundo a lo largo de una carrera en la que ha colaborado con los mayores jazzistas y en ámbito clásico, con famosos directores de orquesta como Riccardo Chailly, Zubin Metha, Antonio Pappano y Daniel Harding. 

    El deseo de experimentación le lleva a incursiones literarias y en 2016 publica la novela La sindrome di Brontolo, seguida de otras. En teatro colabora con diferentes autores y escribe la música de varios espectáculos. Es ideador y conductor de transmisiones de radio y televisión, entre las que recordamos tan solo el programa Via dei Matti [locos] numero 0, escrito y presentado junto a su esposa Valentina Cenni en 2021 en RAI 3. 

   Bollani sabe conectar instintivamente con el público adaptando a sus expectativas cada nota y estilo con una permanente sonrisa irónica, en la convicción de que la solemnidad no es necesaria para tocar con maestría en un espacio como el Auditorium Manzoni. Se presenta con pantalón blanco, camisa azul y calzado informal, persuadido seguramente de la ridiculez del negro con camisa blanca y pajarita tradicionales. 

    El concierto comenzó sin disponer de un programa de mano indicando las páginas que íbamos a escuchar, por lo que la música fue siempre nueva e inesperada, confiando enteramente al piano su via de comunicación con el público, la vida y el mundo. En esta velada demostró sus dotes improvisadoras y habilidad en todo tipo de lenguajes desde el repertorio clásico al popular. El pianista ejecutó páginas originales suyas presentándolas como «de un autor contemporáneo», que no era otro que él mismo. Mantuvo un continuo diálogo verbal con el público para anunciar cada pieza, como Argentato en recuerdo de su estancia en Argentina, o la banda sonora de la felliniana película Otto e mezzo. 

    A mitad de la velada se sentó junto e él con otro micrófono Valentina Cenni, que le acompañó durante algunos momentos cantando algunas tonadas populares italianas y brasileñas. De nuevo solo con su piano, mezcló Beethoven y Tico-tico, pero el sumun de su habilidad en los arreglos se mostró al final soldando espontáneamente fragmentos solicitados al público como Chopin, Haydn, el popular Fra Martino y otros, fundidos en una secuencia sorprendentemente bella. Otra brillante muestra, adjudicada a un imaginario compositor Oliver Ending, fue la de inventar finales tan creíbles como divertidos, a conocidos pasajes musicales de Beethoven y otros, para cortar la composición cuando los motivos comienzan a ser repetitivos.

    El artista mostró una desbordante personalidad musical exaltando los momentos líricos con un toque escueto y un sonido robusto, intenso y extremadamente comunicativo. No se puede no destacar su extraordinaria habilidad con el piano como si este fuera una natural extensión de su ser y su via primordial de expresión. Su inventiva se explayó con una sonoridad brillante, pasando sin solución de continuidad de temas jazzísticos a clásicos. Mostró igual sensibilidad y virtuosismo en el repertorio clásico y el popular, hipnotizando con su personalidad cautivadora al entusiasmado público que le premió con repetidos aplausos y ovaciones.

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