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Crítica: Stefano Bollani al frente de la Filarmónica del Teatro Comunale de Bolonia como director y solista

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Autor: Magda Ruggeri Marchetti
25 de octubre de 2020

Un cruce de culturas

Por Magda Ruggeri Marchetti
Bolonia. PalaDozza 19-X-2020. Temporada Sinfónica. Concerto para piano y orquesta n 23 de Mozart. Concierto verde de Stefano Bollani. Solistas: Stefano Bollani, Gabriele Evangelista, Bernardo Guerra. Orchestra Filarmonica del Teatro Comunale di Bologna. Director: Stefano Bollani.

  La temporada sinfónica del Teatro Comunale se ha enriquecido con un concierto especial dominado por la contaminación entre diferentes «géneros musicales». Lo dirige Stefano Bollani, que actúa también como pianista. Este instrumento es, en efecto, su gran amor, comenzado a cultivar a los seis años y con la primera exhibición profesional a los quince. Tras diplomarse en el Conservatorio de Florencia se ha afirmado con el jazz colaborando con Enrico Rava. Ganador de numerosos premios y conocido internacionalmente con varios proyectos, es imposible clasificarle en una categoría definida. Su faceta de showman consagrado como presentador, locutor y escritor no menoscaba la de poliédrico artista de máximo nivel que ha colaborado como solista con grandes directores de orquesta como Riccardo Chailly, Zubin Metha y Antonio Pappano, sin olvidar a cantautores y a personajes del pop-rock. Sabe además transformarse con el público entrando en sintonía instintiva con él, adaptándole cada nota y estilo sin perder una sonrisa irónica. Se presenta rodeado de una orquesta clásica, pero con pantalón y camisa blancos y zapatillas deportivas.


   La velada comienza con el Concierto n.23 que Mozart compuso a comienzos de 1786 mientras escribía Le nozze di Figaro, con la que comparte la refinada creatividad melódica y los matices armónicos. Esta composición y otros dos conciertos del mismo periodo pueden contarse entre los más bellos de su producción, y el propio autor los consideraba páginas escogidas para sí mismo y un pequeño círculo de entendidos. El concierto comienza con un diálogo íntimo entre las cuerdas y los vientos, en el que Stefano Bollani se introduce dulcemente con el piano para dar entrada a continuación a toda la orquesta. El clima delicado del tema confiado al solo piano se refina con el profundo lirismo del adagio que desemboca en la vivacidad del final, brillantísimo y sin embargo siempre mesurado. Bollani ha conseguido que la orquesta exprese la dimensión íntima y recogida de esta página, su color tímbrico suave y delicado, así como la alegría que se tiñe de aires violentos y que constituye la grandeza dramática del final. Magnífica la parte solista del piano. La lectura de Bollani muestra una desbordante personalidad musical que sabe exaltar los momentos líricos con un toque escueto y un sonido robusto, intenso y extremadamente comunicativo.

  En la segunda parte dirige su Concierto verde, que se estrenó el 19 de junio de 2019 en el Teatro Coliseo de Buenos Aires y es la continuación de un proyecto iniciado en 2013 con el Concerto azzurro. Los títulos están inspirados en la tradición hinduísta de los chakra. El concierto que hemos escuchado en Bolonia, arreglado musicalmente por el propio Bollani, está dedicado al cuarto chakra, de color verde, situado en la zona del corazón y de carácter más íntimo, expresión del amor por la música que puede ser melancólica y alegre, personal y universal al mismo tiempo. Articulado en cuatro movimientos, cada uno de distinto carácter, se inspira en el folclore argentino y ofrece numerosos momentos improvisados confiados a un trío de jazz de batería, contrabajo y el propio pianista. Los tres dieron muestra de una mágica complicidad y, pese a la personalidad arrolladora de este último, se notó el pulso firme del contrabajo Gabriele Evangelista y la flexibilidad del baterista Bernardo Guerra. Digno de admiración el desafío de lograr un equilibrio entre el trío y la Orquesta Filarmónica.

  No se puede dejar de destacar la extraordinaria habilidad de Bollani con el piano, como si éste fuera su vía primordial de expresión. Mostró poseer una gran sensibilidad e igual virtuosismo con el repertorio clásico y popular hipnotizando con su cautivante personalidad al entusiasmado público, que le arrancó numerosos bises donde, libre de partituras, su inventiva se explayó con una sonoridad incandescente, luminosa, pasando continuamente de temas jazzísticos a blues y swing, sin olvidar su pasión por la música brasileña con el Tico Tico.

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