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Crítica: Nina Stemme y Stephen Gould protagonizan "Siegfried" en Viena.

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Autor: Alejandro Martínez
16 de junio de 2014
Stemme y Gould

LO IMPOSIBLE HECHO ASEQUIBLE

Por Alejandro Martínez

5/6/2014 Viena: Staatsoper. Wagner: Siegfried. Stephen Gould, Nina Stemme, Tomasz Konieczny,  Herwig Pecoraro, Ain Anger, Jochen Schmeckenbecher, Janina Baechle, Íride Martínez. Jeffrey Tate, dir. musical. Sven-Eric Bechtolf, dir. de escena. 

   Escuchar a una solista del poderío de Nina Stemme derrochando toneladas de sonido, temperamento y autoridad, aunque sea por espacio de poco más de media hora de música, es una de esas experiencias que se marcan en el recuerdo. La función que nos ocupa habría ya merecido la pena aunque hubiera sido tan sólo por el tercer acto con la imperial Brünnhilde de Stemme. Créanme: escuchar a Stemme así de exultante es una de esas experiencias que nadie debiera perderse. Junto a ella, Stephen Gould es hoy sin duda lo más parecido que podemos encontrar a la voz de un auténtico heldentenor. Quizá el timbre no seduzca en demasía y pueda demandarse un lirismo más interiorizado en su fraseo, pero la suficiencia y seguridad con la que acomete partes como Siegfried o Tristan, sin la menor muestra de fatiga, es digna de elogio. La conjunción entre Stemme y Gould deparó un exultante final del tercer acto, de esos que maravillan por revelar como asequible lo que se diría imposible sobre la partitura.

   Sobre el resto del reparto más bien convendría correr un tupido velo. Tosco y burdo el Wotan de Konieczny, que no ofrece otra cosa más que decibelios. Ya nos habíamos referido anteriormente a él en estas páginas y volvió a confirmar nuestras peores impresiones. No asoma el personaje por ninguna parte; únicamente una voz tonante, hecha de guturalidades y con un falso ímpetu. Ni un ápice de verdad en su importante intervención del tercer acto, resignado tras encontrarse con Erda y asumiendo el ocaso de los dioses como un destino ya querido y no impuesto. Ovacionado en demasía, sin ninguna duda. Cuesta entender que un teatro de la altura de la Staatsoper de Viena encomiende un rol de tal importancia como el de Wotan a un solista tan tosco. Insuficiente en su conjunto el Mime de Herwig Pecoraro y vociferante el Alberich de Schmeckenbecher. Muy decepcionante la Erda de Baechle, destimbrada y con la voz rota.

   En el foso tenía atractivo a priori la presencia de Jeffrey Tate. Su labor nos dejó un sabor agridulce. Fue la suya una dirección sin demasiada personalidad pero llevada en todo momento con buen pulso, con oficio. Se echó de menos un punto más de imaginación y vigor, sobre todo durante el primer acto, por más que bordara con una exposición bien medida las introducciones orquestales a cada uno de los tres actos de Siegfried. De la propuesta de Bechtolf para el Anillo de Viena ya habíamos hablado también por aquí, y no cabe sino repetir lo dicho: decepción a raudales. ¿Cómo puede ofrecer la Staatsoper de Viena una producción del Anillo de tan poco interés? Urge una nueva propuesta para servir como es debido a esta partitura en ese escenario.  

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