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Crítica: «Suor Angelica» y «Kindertotenlieder» en el Teatro Campoamor de Oviedo

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Autor: Nuria Blanco Álvarez
19 de septiembre de 2026

Crítica de Nuria Blanco Álvarez de los Kindertotenlieder y Suor Angelica de Puccini en la Temporada de Ópera del Teatro Campoamor de Oviedo

«Suor Angelica» y «Kindertotenlieder» en el Teatro Campoamor de Oviedo

Tristeza. A la memoria de Vidal Peña


Por Nuria Blanco Álvarez | @miladomusical
Oviedo. Teatro Campoamor. 16-IX-2026. Kindertotenlieder (Mahler). Jaques Imbrailo. Suor Angelica (Puccini). Beatriz Díaz (Sor Angélica), Ana Ibarra (La tía princesa), María Heres (La abadesa), Anna Tobella (La hermana celadora), Marina Pardo (La maestra de las novicias), Montserrat Seró (Sor Genoveva), Ángeles Rojas (Sor Osmina), Anna Cabrera (Sor Dolcina), Andrea Jiménez (La hermana enfermera), Vilma Ramírez (La novicia). Coro titular de la Ópera de Oviedo (Coro Intermezzo). Coro Infantil Escuela de Música Divertimento. Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias. Dirección musical:  Diego Martín-Etxebarría. Dirección de escena: Joan Anton Rechi.

   Comienza una nueva temporada en la ópera de Oviedo con un programa un tanto particular y es que se ha puesto en escena la brevísima ópera de Puccini Suor Angelica, que forma parte de su Tríptico junto a Il Tabarro y Gianni Schicchi -ambas piezas ya las pudimos ver en el Campoamor en 2023-, todas ellas son alegorías de la Divina Comedia de Dante, siendo la que ahora nos ocupa la que representa el purgatorio. Nos habla del dolor de una madre que, tras dar a luz a un hijo fuera del matrimonio, es obligada por su familia a recluirse en un convento para expiar su culpa, que se hace insoportable cuando después de siete años descubre que el niño había fallecido hacía dos. Para ampliar la duración del programa no se le ha ocurrido otra cosa al director de escena Joan Anton Rechi que añadir una obra con la temática de la muerte de un hijo sin importarle que fueran unos lieder, género diferente al operístico -no se entiende que esta ópera no se realizara con el resto de Il Trittico hace tres temporadas-. Así se interpretaron en primer lugar los Kindertotenlieder de Mahler pretendiendo formar una unidad con la ópera pucciniana, ejecutado todo sin solución de continuidad, bajo el neotítulo Sorrow (Tristeza). Aun así, apenas se llegó a un total de 80 minutos de duración por lo que esta licencia -solo válida en lo semántico-, no se sostiene de ninguna manera y menos para una entidad de la solera de la Ópera de Oviedo, que firma la nueva producción.

«Suor Angelica» y «Kindertotenlieder» en el Teatro Campoamor de Oviedo

   Las funciones están dedicadas al recientemente fallecido Luis Antonio Suárez, un bonito gesto de la entidad para el que fuera su colaborador. Por supuesto sin menoscabo de dicho reconocimiento, permítanme que nosotros dediquemos este texto a la memoria de Vidal Peña, el gigante de la Filosofía que amó la Música, un hombre de enorme modestia siendo toda una referencia por sus estudios sobre Spinoza, y que nos dejó el pasado 11 de septiembre.

   La puesta en escena de Rechi ubica la acción en un espacio en blanco y negro, diáfano y moderno, aséptico, y con una proyección en la primera parte que pretendía emular agua turbia y oscura en una supuesta catedral acuática. El ciclo de «Canciones a los niños muertos» fue interpretado por Jacques Imbrailo quien, ataviado como sacerdote, se lamentaba de la muerte de diez niños representados por otros tantos pequeños ataúdes blancos. La escena se completaba con cuatro bailarines y dos figurantes de riguroso luto que acompañaban el momento. El barítono sudafricano dio muestras de un bonito timbre, registro homogéneo y buena disposición dramática a pesar de lo forzado de la situación. Su posición al fondo del escenario no favorecía su proyección ante una Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA) además con un volumen excesivo en ocasiones. Diego Martín-Etxebarría, al mando de la OSPA, ofreció una versión saneada, aunque menos dramática de lo deseado ante unas obras tan desoladoras, con un volumen que en ocasiones no permitía escuchar los matices más sutiles de las voces. 

   Por su parte, Suor Angelica contó con un elenco únicamente femenino, con un cuidado vestuario de Gabriela Salaverri, que supo jugar con el acromatismo del blanco y el negro dotando a los hábitos de las monjas diferentes y originales detalles según su categoría. El espacio escénico se redujo considerablemente dejando tan solo el proscenio practicable para ubicar la acción del convento reduciendo mucho la posibilidad de movimiento escénico. Incluso se habilitó una cinta mecánica para el desplazamiento horizontal de personajes y atrezzo. Llama la atención que se dejara el escenario amplio y profundo para las canciones de un solista y se redujera drásticamente para la representación de la ópera en cuestión, por mucho ambiente opresor que se deseara mostrar para el cenobio.

   Beatriz Díaz dio vida a Sor Angélica, muy bien en lo dramático. Supo transmitir el indescriptible dolor por la pérdida de un hijo y lució sus cualidades canoras con elegantes fraseos, si bien descuidó algún agudo. Ana Ibarra, por su parte, fue una Tía princesa de carácter, con gran presencia escénica y vocal y María Heres como la abadesa, dio muestras una vez más de su buen saber hacer, con una voz plena y de gran volumen. Preciosos los instrumentos de Montserrat Seró como Sor Genoveva y Andrea Jiménez en el papel de Hermana enfermera, al contrario que Marina Pardo como Maestra de novicias. Anna Tobella comenzó destemplada como la Hermana celadora que fue progresando con la función. Bien el resto del reparto, así como el Coro Intermezzo y el Coro Infantil Escuela de Música Divertimento.

Fotos: Facebook Ópera Oviedo

«Suor Angelica» y «Kindertotenlieder» en el Teatro Campoamor de Oviedo
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