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Crítica: Concierto monográfico de Mozart en el Teatro del Liceo de Barcelona

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Autor: Robert Benito
22 de noviembre de 2016

IGNACI CAMBRA DEBUTA EN EL LICEU

   Por Robert Benito
Concierto monográfico de Mozart. Programa: Música para un funeral masónico, Concierto para piano n.23 y Requiem en re menor. Intérpretes: Ignaci Camprá (piano), Elena Copons (soprano), Gemma Coma-Alabert (mezzo), David Alegret (tenor), José Antonio López (barítono). Orquesta y Coro del Gran Teatre del Liceu. Dirección Josep Pons. 17 de Noviembre de 2016.

   Con un programa monográfico del compositor de Salzburgo el titular del teatro del Liceu, Josep Pons,  se ha puesto de nuevo al frente de los efectivos de la casa para un concierto enmarcado en medio de las representaciones de la ópera del mismo compositor Le nozze di Figaro para completar una visión del mismo.

   El programa elegido tenía a priori el interés del público al juntar música religiosa con profana, coral e instrumental, así como la extrañamente programada Maurerische Trauermusik Kv 477 aunque sin embargo no logró llenar el teatro más allá de la asistencia de los abonados que les correspondía dentro de su programación.

   Maurerische Trauermusik Kv 477 fue compuesta por Mozart para el funeral de dos miembros de su logia de Viena y se respetó por parte de Pons la orquestación mozartiana incluyendo 3 corno di bassetto y uno fagot bajo verdaderamente extraño que otorgaba un gran contraste con los oboes encargados de lo que sería el coral de la pieza. Por su parte la cuerda ofreció unas prestaciones en esta breve pieza de gran intensidad dramática en su contracanto, especialmente celos y contrabajos.

   La luz se hizo con el Concierto en La mayor n.23, Kv 488 para piano y orquesta por la elegante y cristalina interpretación del joven pianista catalán Ignasi Cambra en un momento de carrera ascendente y que curiosamente ya ha debutado con este concierto en los tres centros más importantes musicales de la ciudad, como lo hará en próximas fechas en el Auditorio de Madrid de la mano de María Joao Pires como madrina.

   Un Mozart joven de 30 años en plena efervescencia creativa, ya que mientras estrena este concierto compone Le nozze di Figaro, y con ello nos muestra su lado más amable, más luminoso que se percatan ya en el primer movimiento si bien a veces se vieron oscurecidos las buenas maneras del pianista por unos sfrorzati del viento exagerados, igual que los decibelios orquestales hacían desaparecer las filigranas virtuosísticas del piano solista. La espiritualidad del segundo movimiento nos remitió a esa poesía musical que sólo Mozart como maestro perfecto entre forma y expresión nos regala en los tiempos lentos de sus conciertos solistas y que mostró a un Cambra en momento de gracia. El juguetón tercer movimiento acabó con una faena, en el decir taurino, brillante en este debut del solista en el coliseo de las Ramblas.

   La segunda parte del concierto la ocupó el Requiem en re menor Kv 626 en el que Pons estuvo mucho más atento a la parte del coro que a la de la orquesta consiguiendo de la parte vocal momentos verdaderamente emotivos aunque el dejar un poco de lado a la orquesta tuvo a veces consecuencias no tan positivas. Uno de estos aspectos fue que a veces se perdían ciertos crecendos pedidos por el director en la realización únicamente vocal quedando demasiada plana la parte instrumental como sucedió en la sección del Dies Irae.

   Igualmente hubo otras partes que pecó de excesivo tempo allegro como el Rex Tremendae que anuló un poco la línea de canto.

   El cuarteto solista estuvo compuesto por tres cantantes catalanes de probada solvencia, Elena Copons (soprano), Gemma Coma-Alabert (mezzo) y David Alegret (tenor), y el barítono José Antonio López que tuvo dificultades en el registro grave de su Tuba Mirum aunque mostró nuevamente su bello fraseo en el registro medio. La prestación de dichos solistas fue equilibrada y expresiva a partes iguales.

   Pons supo crear el ambiente religioso de la pieza con su versión incluyendo un silencio final de varios segundos que nos permitió degustar los ecos más interiores de esta música contestada por unos aplausos generosos por parte del público.

Foto: A Bofill

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