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Crítica: Tenebrae Consort inaugura el Festival 'Pórtico de Zamora', bajo la dirección de Nigel Short

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29 de marzo de 2014

El conjunto inglés, en su mínima expresión, inaugura de manera brillante esta edición del festival zamorano

GLORIA BRITÁNICA

Por Mario Guada

28-III-2014, 21:00. Zamora,Iglesia de San Cipriano.Festival Internacional de Música «Pórtico de Zamora». Entrada 20 €uros. Obras de John Sheppard, Thomas Tallis, William Blitheman y anónimos. Tenebrae Consort – Nigel Short.

   «In manus tuas, Domine, commendo spiritum meum». Así comenzaba la velada, y por ende la decimosegunda edición de este Festival Internacional de Música «Pórtico de Zamora», que se desarrollará de manera intensa hasta el domingo. Las voces del Tenebrae Consort resonaban desde la esquina izquierda de los pies de la Iglesia de San Cipriano, convertida ya en la casa para los artistas que acuden al festival. A partir de este momento, setenta y cinco de música del mayor nivel posible comenzaron a invadir los muros y bóvedas del lugar, íntimamente iluminado por luces de tonos morados, azulados y anaranjados –como es costumbre del festival–, a los que se sumaron unos cuentos tenebrarios repletos de velas, que convirtieron el espacio –al comienzo en absoluta oscuridad– en el entorno perfecto para el desarrollo del programa.

   Aunque el conjunto británico es bien conocido por su interpretaciones de polifonía, venían a presentar aquí su último registro discográfico –acaba de aparecer en Bene Arte, filial del sello británico Signum Records–, que bajo el descriptivo título Medieval Chant. Tallis Lamentations, dedica una gran parte del mismo al repertorio monódico. Y así fue, porque tras comenzar con el maravilloso In manus tuas I a 3, del inglés John Sheppard [c. 1515-1558], sin duda uno de los gran representantes de la polifonía inglesa en la era Tudor, las voces británicas nos sumieron en una extensa sección –cerca de cuarenta minutos– de canto llano dedicado de manera íntegra al período de la Pasión. Comenzó con un el himno Pangue lingua gloriosi, para el Domingo de Pasión, al que siguió todo un canto monódico de completas para este tiempo, compuesto del Deus in adiutorum, la antífona Miserere, los salmos Cum invocare, In te Domine speravi, Qui habitat in adiutorio y Ecce nunc benedicte; a los que siguieron una serie de cantos responsoriales: Tu in nobis es, In manus tuas, el himno Cultor dei memento, Custodi nos, O Rex gloriose, Nunc dimittis y el Benedicamus Domine.

   Tras este período de tanta intensidad monódica, los seis integrantes volvieron a la polifonía, para acometer la interpretación de In manus tuas II, de nuevo de John Sheppard –segunda de las versiones que el maestro británico compuso sobre dicho texto. En estas piezas se observa toda la capacidad de contraste que tenían estos compositores ingleses para poner en polifonía cantus prius factus –es decir, procedente de un canto llano ya creado– en polifonía, dejando, pues, verso «in alternatim», esto es, algunos en canto llano, y otros ya puestos en polifonía. En este sentido las obras latinas de Sheppard son todo un dechado de elegancia, dulzura y exquisitez al más puro estilo «British».

   Sin embargo, el plato fuerte estaría aún por llegar, pues a continuación se interpretaron las dos piezas –separadas únicamente por el responsorio In monte Oliveti, de nuevo en canto llano– que sobre el texto de las Lamentaciones de Jeremíasrealizase Thomas Tallis [c. 1505-1585]. El género de la lamentación fue profusamente tratado en el Renacimiento europeo por todos los grandes compositores, prácticamente sin excepción. Inglaterra nos legó algunos de los más excelsos ejemplos, como son, sin duda, este conjunto de dos piezas que Tallis crease probablemente en la década de 1560, un momento en el que la puesta en música de estos textos disfrutaba de un período especialmente fructífero. Tallis establece estas dos lecciones para el Jueves Santo, en el rito «Sarum», y algunos estudiosos han determinado, en base a las pequeñas variaciones textuales que hace del original, que estamos ante piezas en las que subyace de manera inequívoca el corazón de católico recusante que Tallis llevaba en su interior, considerándolas, pues, como obras no rituales, aunque esto no ha quedado aún demostrado. Tallis continúa con la convención europea de poner las letras hebreas que delimitan los versos –«Aleph», «Ghimel», «Heth»…– en una escritura absolutamente rica y plagada de melismas, integrando en ambas piezas todos los recursos compositivos que tenía a su disposición: la imitación, la modulación expresiva, el uso de la homofonía y el canto antifonal, con los que logra producir momentos absolutamente conmovedores que se encuentran entre lo mejor de su producción.

   Tras la invocación del responsorio en canto llano Tristis est anima mea, seguido de la Letanía para después de los Laudes en Jueves Santo, se interpretó un precioso In pace in idipsum –evocador texto que hace referencia al descanso y el sueño reparador de la fe–, esta vez puesta en polifonía a 4 por el ignoto compositor inglés William [John] Blitheman [c. 1525-1591], del que la musicología moderna no acaba de ponerse de acuerdo sobre su verdadero nombre –en el Fitzwilliam Virginal Book aparece mencionado como William, pero en las actas de la «Chapel Royal» entre 1558-1590 aparece mencionado constantemente como John, sabiendo que hablamos del mismo compositor de manera inequívoca. El estilo que desarrolla Blitheman en esta maravillosa pieza está muy cercano al que otros como el propio Sheppard o Christopher Tye desarrollan sobre dicho texto, poniendo en polifonía algunos pasajes, dejando otros –curiosamente siempre los mismos en todos los compositores– en el canto llano original.

   Ataviados con sus habituales túnicas moradas, y contando con la participación de únicamente cinco cantores, el Tenebrae Consort, que pasa por la selección aún más exquisita del célebre Tenebrae Choir, que su director, Nigel Short, escoge para la realización de determinados proyectos con un corte más intimista y pulcro en lo técnico –si es que eso es ya posible–, nos ofrecieron unas lecturas absolutamente memorables, aprovechando, como es costumbre, todos los espacios que la iglesia otorga: así intervinieron en procesión por el pasillo central, en el escenario dispuesto delante del triple ábside en diversas posiciones, o colocados en el interior del ábside central. Además, el juego de luces tan bien utilizado y las velas dispuestas al lado izquierdo del escenario colaboraron a crear una atmósfera fascinante. Las voces del conjunto, a saber: Daniel Collins [contratenor], Nicholas Madden y Guy Cutting [tenores], Richard Bannan [barítono] y William Gaunt [bajo] rozaron las perfección en muchos de los momentos.

   El canto llano –dejando posibles debates sobre la «pureza» de las versiones– resultaba siempre fluido, equilibrado, «paladeado» con acertado sosiego, haciendo claramente inteligible el texto. Deslumbra ver la gran capacidad que estos cantores tienen para el empaste, la afinación perfecta y la precisión apabullante en entradas y cortes de frases. El gesto ondulante y preciso de Short ayudaba a que el resultado fuese tan exquisito. Gran labor sin duda la de Bannan y Gaunt en sus roles de salmistas, si bien por momentos el timbre puede resultar algo raudo, la capacidad para delinear el discurso resulta difícilmente criticable. Es, quizá, en las partes polifónicas dónde la capacidad técnica tan sobresaliente se vuelve casi insultante. El sonido «British» tan característico de los conjuntos ingleses –que para muchos está ya indisolublemente unido al Renacimiento– se dejó escuchar aquí en su máximo apogeo. Los tenores resultan sumamente dúctiles, brillando especialmente en su registro agudo, con facilidad y una capacidad para frasear de libro. La labor de Bannan es siempre vital, manteniendo la delgada línea que separa la voz de tenor de aquella que supone el necesario colchón armónico, sumando para uno u otro lado cuando cada uno lo requiere. En este caso es necesario alabar –casi reverenciar– la capacidad de Gaunt para sostener todo el conjunto con su línea de canto: fue el auténtico pilar maestro sobre el que sustentaba toda la edificación. Lástima únicamente la intervención en algunos momentos críticos de Collins, quien con su timbre algo anguloso sobresalía demasiado entre el «continuum» sonoro de las restantes cuatro voces –su doble error en la pieza de Blitheman supuso un jarro de agua fría entre tanta excelencia. El sonido del conjunto es glorioso, y todo resulta extraordinariamente natural: el balance y la inteligibilidad de líneas, el disfrute aposentado de las disonancias, el color repleto de tonalidades que se conjuntan de manera casi simbiótica… Si bien es cierto que el rango dinámico no destaca por su amplitud –tampoco es necesario remarcarlo en exceso en este tipo de música, pues es la simple adicción o sustracción de voces la que crea la intensidad de la pieza–, la capacidad expresiva del conjunto se sustenta en otra serie de valores menos evidentes, que quizá pasen más desapercibidos para el público general, pero cuyo efecto es innegable a estas alturas.

   Cabe destacar, además, el privilegio que supone escuchar al propio Short interpretando con el resto del grupo las partes del canto llano, demostrando que a pesar de los años, y su dedicación más clara hacia la dirección, sigue siendo un cantor absolutamente dotado.

   En definitiva, uno de esos espectáculos que se recordarán largo tiempo, como así demostraron los reiterativos aplausos que el público brindó a los artistas, que tuvieron que salir a saludar en tres ocasiones. Magnífico comienzo, dedicando un espacio a algo que en este país hace tanta falta, la polifonía renacentista, que estoy seguro ha dejado una huella en la historia del festival. El «Pórtico» se cubre de gloria en este estreno, dejando ya para el sábado una sesión triple que promete ser arrebatadora. Lo contaremos…

Foto: Web de Tenebrae Choir

Autor:Mario Guada
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