Crítica de Agustín Achúcarro del concierto de clausura de la temporada 2025-26 de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León, bajo la dirección de Thierry Fischer
Entre el cuidado técnico y el apresuramiento
Por Agustín Achúcarro
Valladolid, 19-VI-2026. Auditorio de Valladolid, Sala Sinfónica Jesús López Cobos Orquesta Sinfónica de Castilla y León. Sinfonía nº9 en re menor, op. 125 «Coral». Thierry Fischer, director. Louise Foor, soprano, Carmen Artaza, mezzo, Werner Güra, tenor y José Antonio López, barítono.
La temporada 2025-26 de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León concluyó a lo grande, con la interpretación de la Novena sinfonía de Beethoven, bajo la dirección del titular de la orquesta Thierry Fischer. Se cumplía así el proyecto del director de dirigir en varias temporadas todas las sinfonías de Beethoven, si bien no pudo hacerlo con la octava, por enfermedad. El ímpetu, el vigor fueron elementos determinantes en el primer movimiento, y en cierta forma durante toda la obra, dejando de lado cierto sentido de expectativa, que surge en su inicio. Fischer dominó los aspectos formales de la obra, lo que le permitió sacar adelante los contrastes, pero el clímax se alcanzó de manera tan rápida, que al faltar cierta pausa y preparación de lo que habría de venir, el resultado final pareció que ya estaba alcanzado de antemano.
El Scherzo fue uno de los momentos culminantes de la obra, con la tensión y energía precisas, respondiendo director y orquesta con claridad al complejo entramado contrapuntístico. El tercer tiempo sonó vibrante más que lírico e íntimo, aunque siempre ajustado, en lo que se refiere a la relación dinámica entre las distintas secciones de la orquesta. Y con el final llegó el momento de los contrabajos, que estuvieron excelsos, con un sonido poblado de armónicos, rotundo, decisivo, admirables en sus recitativos, en el fraseo, y en un canto emotivo, con una facilidad pasmosa para apianar. Ellos, sin olvidarse de los violonchelos, se convirtieron en protagonistas. El canto del barítono concitó a todos de manera intensa, en la voz de José Antonio López. Después, llegaron las intervenciones del coro, en este caso formado por miembros del Coro de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León y el Orfeón Pamplonés, exigidos en sus capacidades hasta el extremo, con continuos staccatos muy marcados, y un ritmo tan rápido que dejó no pocos pasajes de solemnidad en el aire, al margen de provocar algunos leves desequilibrios. En todo caso, las voces de ambos coros se plegaron y entregaron a la propuesta del director, con gran eficacia.
La respuesta de éstos estuvo por encima de lo sugerido por Fischer, que anuló parte de su expresividad en raudos fortísimos y pronunciados acentos. Claro que existen esos acentos en la obra, pero no continuadamente, sin descanso. Poco tiempo hubo para la espiritualidad y la emoción. Por qué no dejar espacio a esos momentos inconmensurables, como «Seid umschlugen Millionen», de carácter extremadamente lírico. O admirar el momento en que las voces son llevadas al límite de su tesitura, con lo que eso significa. Fischer se volcó en lo impetuoso, bajo un dominio técnico que le permitió ahormarlo, y se dejó fuera casi todo lo demás. El tempestuoso final dio pasó al éxito del concierto, con un público volcado, que llenaba la sala, y aplaudió largamente. El cuarteto de voces solistas, a los que también les faltó algo de pausa, estuvo a la altura de lo que de ellos podía esperarse, en unas intervenciones nada sencillas, y en las que empastaron bien sus voces, como demostraron la mezzo Carmen Artaza, la soprano Louise Foor, el tenor Wener Güra y el barítono José Antonio López.
Terminaba así una temporada exitosa, que da paso a una próxima temporada oficial sin ni un solo concierto dedicado al gran repertorio sinfónico coral. Algo que perjudica a la orquesta en su proyección, y hurta al público el poder disfrutar de esas magníficas obras. Es, cuando menos, sorprendente que se haya contado con un experto en voces del nivel de Jordi Casas, de profesionalidad incuestionable, y el Coro de la Orquesta de Castilla y León no esté presente en los conciertos de manera más determinante.
Fotos: OSCyL
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