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Crítica: La Sinfónica de Castilla y León rememora la figura de  Fanny Mendelssohn

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Autor: Agustín Achúcarro
2 de junio de 2022

Thomas Zehetmair dirige a la Sinfónica de Castilla y León y El León de Oro rindiendo homenaje a la figura de Fanny Mendelssohn

Thomas Zehetmair interpreta a Fanny Mendelssohn en Valladolid

 Rememorando la figura de compositoras olvidadas a través de Fanny Mendelssohn

Por Agustín Achúcarro
Valladolid. 29-V-2022.  Auditorio de Valladolid. Sala Sinfónica Jesús López Cobos. Obras: Obertura en do mayor, op. 24 y Oratorio según imágenes de la Biblia de Fanny Mendelssohn, y Sinfonía nº5 en re mayor, op. 107, «La Reforma» de Felix Mendelssohn. Orquesta Sinfónica de Castilla y León. Solistas: Mª Eugenia Boix, soprano, Olga Syniakova, mezzo, Pablo García-López, tenor, e Isaac Galán, barítono. Coro El León de Oro. Director del coro: Marco Antonio García de Paz. Director: Thomas Zehetmair.

   La Orquesta Sinfónica de Castilla y León estrenó en España el Oratorio según imágenes de la Biblia, conocido como la Cantata del cólera, debido a la epidemia que azotó Berlín en 1831, compuesto por Fanny Mendelssohn. Primero se interpretó en el Auditorio Nacional de Madrid, bajo los auspicios del Centro Superior de Investigación y Promoción de la Música, y al día siguiente en el Auditorio de Valladolid, al que hace referencia este comentario. Se trataba de recodar y poner en valor la figura de una compositora como Fanny Mendelssohn, relegada en su profesión por el hecho de ser mujer. Y así poder interpretar una obra que fue recuperada en 1982 por la musicóloga y directora Elke Mascha Blankenburg, que estrenaría y grabaría dos años después. Antes, interpretaron la Obertura en do mayor de la propia Fanny, también rescatada por Mascha Blankenburg, de la que se desconoce la fecha exacta de composición. El concierto concluyó con la Sinfonía nº5, de Felix Mendelssohn.

   La obertura posee una estructura clásica, de líneas melódicas claras, propia de las composiciones de esa época. Como realmente ocurrió con todas las obras del programa, su interpretación se caracterizó por un sonido claro, diáfano, con un buen equilibrio entre las secciones de la orquesta y un pulso siempre vivo mantenido por el director Thomas Zehetmair. 

   El oratorio de Fanny Mendelssohn lleva el sello de J. S. Bach, y de él es deudor. Resulta atrayente la relación entre las voces, sobre todo el coro, y la parte instrumental, a la que la compositora recurre de manera singular para dotar a la música de lirismo o empuje dramático. En el apartado vocal se contó con un cuarteto de solistas modélico, como se demostró en cada una de sus intervenciones. La soprano Eugenia Boix se caracterizó por una emisión redonda, nítida, llena de matices y coloración, y una forma sugestiva de cantar los ariosos. La mezzo Olga Syniakova destacó por un sonido esmaltado, capaz de describir maravillosamente la intención del texto en sus recitativos o destacar, en momentos como en el nº 15, con su voz sobre los violonchelos. El tenor Pablo García-López mantuvo una línea de canto muy equilibrada, salvo algún sonido abierto en el agudo del aria «lch bin elend un ohnmachtig», mientras que el barítono Isaac Galán exhibió una voz homogénea. A esto, en el apartado del canto, hay que sumar el relevante protagonismo del Coro El León de Oro. Suyos fueron muchos de los pasajes más emotivos, con un empaste realmente logrado y variedad de recursos, ya fuera en los pasajes de carácter imitativo, en los más contrastantes o en los declamados. Sirva como ejemplo de lo dicho el coro «Gott, unser Schild, schaue doch», muy bien amalgamado, el «Coro fúnebre» y el coro final. El coro, quizá precisó contar con una mayor sección de voces masculinas, que hubieran contribuido a un equilibrio mayor.  

   Es muy importante la recuperación de estas obras, y de su autora, por lo que suponen y el disfrute que conllevan, más allá de que el estilo tenga su base fundamental en referentes anteriores. 

   Llegados a la Sinfonía nº5, también Bach es aquí referencia, se mantuvo ese pulso siempre vivo y transparente, la homogeneidad dinámica, tal vez algo más rápido por momentos, lo que no influyó negativamente en el resultado final, pues fue perfectamente asumido por orquesta y director. Y una vez más el equilibrio orquestal y la transparencia fueron los elementos más subrayables desde el Amén de Dresde al coral luterano de esta sinfonía. El mérito fundamental de la interpretación de esta obra radicó en una dirección basada en una clarividente corrección formal, lo que conllevó a que se atinara con el fondo. Faltó un programa de mano en papel, máxime teniendo en cuenta las características del programa. 

Foto: OSCyL

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