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Crítica: Tomoka Shigeno y Rubén Gimeno con la Sinfónica del Vallés

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Autor: Albert Ferrer Flamarich
17 de marzo de 2016

ESTÁNDARES DE COMPLACENCIA

Por Albert Ferrer Flamarich
Sabadell. 11/III/16. Teatro Principal. Tomoka Shigeno, piano. OSV. Rubén Gimeno, director. Obras de Rachmaninov y Mendelssohn.

   La programación de la Orquesta Sinfónica del Vallés debería de evaluar el margen existente entre dejar con ganas de más y dejar insatisfecho. El último programa rozaba el descrédito: una hora justa de música y un bis para animar al público que llenaba el Teatre Principal de Sabadell para la próxima convocatoria. Un fragmento de Romeo y Julieta tchaikovskiano a modo de tráiler sonoro que iba justo de edición y montaje de sonido.

   Los buenos resultados se obtuvieron en la segunda parte con la Sinfonía italiana de Mendelssohn, tocada en pie en una solución escénica recurrente y que otorga sensación de vivacidad y efectividad. Si bien faltó color, el trabajo de cuerda denotaba pulcritud en una composición que, como la mayoría de Mendelssohn, exige mucho técnicamente a esta familia instrumental. Hay que destacar al concertino en el diálogo con la flauta (primer movimiento) y también la exposición del primer tema del Andante tanto por la pulsación como por el legato y la expresividad sombría. Gimeno planteó la obra en unos parámetros estándares, buscando el punto de definición textural y tensión estructural con que acostumbra a trabajar el repertorio romántico.

   Igualmente concertó el casi soliloquio pianístico de las Variaciones sobre un tema de Paganini de Rachmàninov ajustando los tutti a la acústica seca del teatro y calibrando momentos como la expansión lírica de la variación décimo octava. Las primeras variaciones (2 a 5) se correlacionaron bien entre el teclado, las cuerdas y las maderas en un tempo ágil. La coreana Tomoka Shigeno demostró solvencia técnica en una ejecución enfocada con pocos ataques de antebrazo, buen juego de dedos y staccato de muñeca para dotar de la fluidez rítmica y digitación a una obra exigente en la articulación y exploración de registros.

   Una intérprete, por cierto, de quien el espectador no tenía ninguna información en el programa de mano. Ni tan solo el año en que ganó el Concurso Internacional de piano Ricard Viñes. El modo errático de los programas de mano de la OSV allá donde toca es enervante. Y, a menudo, estéril para el público que más lo necesita. Seria hora de darse cuenta que difícilmente el abonado entrará en la web de la orquesta para hacer búsquedas concretas.

   Por cierto, las dos obras presentaban nomenclaturas instrumentales diferentes: clásica en la Sinfonía italiana de Mendelssohn y ampliada en las Variaciones de Rachmàninov (trombones, tuba, percusión, flauta, etc.) ¿Qué sentido tiene convocar a una decena de músicos para solo intervenir en una parte si la orquesta que ha de rentabilizar al máximo cada euro presupuestado?  Cosas de la OSV.

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