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Crítica: Ración doble de Britten en el Teatro Capitole de Toulouse

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Autor: Alejandro Martínez
24 de noviembre de 2014

RACIÓN DOBLE DE FANTASMAS

Por Alejandro Martínez

23/11/2014 Toulouse: Théâtre du Capitole. Britten: Owen Wingrave (Dawid Kimberg, Steven Page, Steven Ebel, Elisabeth Meister, Janis Kelly, Elizabeth Cragg) & The Turn of the Screw (Jonathan Boyd, Anita Watson, Eleanor Maloney, Matthew Price, Anne-Marie Owens, Janies Kelly. David Syrus, dir musical. Walter Sutcliffe, dir. de escena

   Con un sugerente programa doble con obras de Benjamin Britten, el Teatro del Capitole de Toulouse continuaba su esfuerzo por proponer una temporada con personalidad y alicientes para los visitantes foráneos, como es nuestro caso. En esta ocasión se reunían dos historias de fantasmas sobre textos originales de Henry James. Este teatro ya puso en escena, hace tan solo dos temporadas, el Albert Herring de Britten, compositor pues singularmente afín a los intereses de Frédéric Chambert, director artístico de este coliseo.

   Dichas dos obras eran Owen Wingrave, primero, y The Turn of the Screw, después. Por lo que respecta a la primera, estamos ante una ópera en dos actos, originalmente compuesta por Britten para su estreno televisivo en la BBC, en mayo de 1971, unos quince años después de The Turn of the Screw. Todo un alegato contra el militarismo y a favor del pacifismo, el personaje protagonista de Owen Wingrave traduce asimismo, de nuevo, un tema netamente britteniano, el de la figura de un outsider que se confronta con un grupo, en este caso su familia.

   Por otro lado, estrenada en La Fenice de Venecia en 1954, The Turn of the Screw, traducida en castellano casi con ambivalencia como Una vuelta de tuerca u Otra vuelta de tuerca, es una obra maestra de principio a fin, un clásico por méritos propios. Encontramos aquí todo un mecanismo orquestal dispuesto por Britten, toda una insistente tuerca, formada por un tema y quince variaciones, que se van acompasando al clima de opresión teatral e inquietud moral que se instala sobre el escenario. El resultado es una música desasosegante, teatral hasta su médula. Britten saca además un partido extraordinario a la reducida plantilla orquestal, con la que consigue un sonido fascinante de principio a fin, capaz lo mismo de sutilezas inquietantes como de estruendosas escenas.

   En contraste, en el caso de Owen Wingrave, orquestalmente menos inspirado Britten aquí nuestro parecer, destaca sobre todo la experimentación del compositor británico con la percusión, en un claro anticipo de lo que encontraríamos dos años después en Muerte en Venecia, su última ópera. Sea como fuere, dos historias de fantasmas, con un punto gótico, ambas sobre textos de Henry James, con dudas inquietantes sobre apariciones y espectros, si cabe más relevantes en el caso de The Turn of the Screw, donde la acción introduce una continuada confusión, en la que apariencia y realidad se confunden e intercambian constantemente, abundando en un desasosiego tanto teatral como moral.

   Lo cierto es que esta fantasmada, si nos permiten la broma, tuvo sus altibajos. Lo más destacable fue la dirección de David Syrus, franco conocedor de este repertorio, muy habituado a la música de Britten. Mostró no en vano una batuta capaz de extraer de la orquesta del Capitole un sonido detallista, variado en texturas e intensidades y muy compenetrado con la escena, recreando a la perfección la singular atmósfera que dispone Britten con su música.

   La producción para este doble programa, firmada por Walter Sutcliffe, nos supo a poco, porque apenas acierta a ir más allá de una escenografía literal, con frecuencia meramente decorativa. Poco más que una sucesión de cuadros interiores, ambientados en la Iglaterra victoriana, lastrado todo ello además por una iluminación poco inspirada, de Wolfgang Goebbel, oscura en demasía. Una dirección de actores planteada con oficio acierta apenas a levantar el tono de una representación que por momentos se hizo larga y un tanto tediosa, precisamente porque la puesta en escena no acertó a reflejar con intensidad la evolución de la acción que marca el libreto. La puesta en escena para Owen Wingrave se había visto ya en Frankfurt en 2010 y en esta ocasión se estrenaba por tanto tan sólo el trabajo sobre La vuelta de tuerca, aprovechando la misma escenografía.

   Poco cabe decir, ya sea en positivo ya sea en negativo, sobre el extenso equipo de cantantes que servían a estas dos óperas. Una labor coral, sin grandes luces ni sombras. Buen trabajo, eso sí, de los principales solistas, el barítono Dawid Kimberg como Owen Wingrave, la soprano Anita Watson como la Institutriz y e tenor Jonathan Boyd como Peter Quint. Nunca es fácil encontrar voces de niños que sepan resolver con suficiencia las partes de Miles y Flora. En esta ocasión, Lydia Stables (Flora) y Francis Bamford (Miles), aunque meritorios, quedaron algo lejos del ideal requerido. Así las cosas este programa doble resultó ser una propuesta más interesante y atractiva sobre el papel que sobre las tablas.

Fotos: Patrice Nin

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