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Crítica: El Trío Ludwig interpreta obras de Schubert y Mendelssohn en el Teatro Principal de Sabadell

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Autor: Albert Ferrer Flamarich
21 de febrero de 2016

SONIDO, COLOR, EMOCIÓN

Por Albert Ferrer Flamarich
Sabadell. Teatro Principal. 12/II/16. Obras de Schubert y Mendelssohn. Trío Ludwig.

   En la música de cámara los sumatorios han de fallar. Es lo que sucede cuando sumas tres veces uno y no da tres sino un claro uno. Eso sucedió con el retorno del Trío Ludwig en la temporada de Joventuts Musicals de Sabadell. La sesión fue un éxito absoluto, con una satisfacción desbordante ante la síntesis -marca del conjunto- entre carácter, vehemencia, espontaneidad, rigor y emoción. Unas credenciales compartidas por el gran trabajo de los hermanos Tomàs en el Cuarteto Casals.

   Los músicos del Cuarteto Ludwig se conocen y su gestualidad contiene un punto vivificador que es síntoma de vuelo creativo, libre, que combina belleza y equilibrio sonoro, ahora más perfectos que en sus inicios. La pianista, infalible, fue sucesivamente la propulsora del conjunto: una rampa de lanzamiento para las líricas efusiones de las cuerdas y una base integradora en los magmas sonoros y el arrebato melódico de, por ejemplo, un Mendelssohn magnificado, profundo y de una intensidad impresionante. Su Trío núm.2 op. 66 parecía imbuido del Beethoven más proteico en articulación y dialéctica entre las voces (movimiento inicial y final), lirismo (Andante expresivo) y ritmo (Scherzo). Unas cualidades compartidas en la segunda parte con el Trío núm.1 op. 99 de Schubert en una realización superior, idiomática y una riqueza de texturas y colores magistrales.

   Los Ludwig conectan más allá de lo previsible y conmueven por el carácter tenuto y legato de los meandros melódicos fraseados con pulcritud y expansividad, como corroboró el Nocturno en mi bemol D. 897, ofrecido como bis. Fue una propina antológica, con inteligentes inflexiones de tiempo (ritardando, sfumature,..) para una noche que recordaremos como uno de los mejores conciertos de este 2016 en la capital vallesana. Algo que se había intuido con el imaginativo y haydiniano Trío D. 28 -también de Schubert- que abría el concierto. Por cierto, fue tocado con un arco diferente al resto del programa. Es una lástima que citas como ésta no sean un reclamo multitudinario en Sabadell y sitúen el ciclo dirigido por Joana Soler en el mapa catalán con la preeminencia que merece.

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