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Crítica: Tugan Sokhiev dirige la "Tercera" de Mahler en Toulouse.

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Autor: Alejandro Martínez
30 de junio de 2014

LA AUTENTICIDAD

Por Alejandro Martínez

28/06/2014 Toulouse: Halle aux Grains. Mahler: Tercera Sinfonía. Orchestre National du Capitole de Toulouse. Tugan Sokhiev, dir. musical. Anna Larsson, contralto. Orfeón Donostiarra. José Antonio Sainz Alfaro, dir. del coro. Les Eclats, coro de voces blancas. François Terrieux, dir. del coro.

   Cuántas veces el artificio preside los conciertos y las representaciones operísticas, buscando el guiño fácil, ese gesto vistoso, el ademán excesivo, ese crescendo fácilmente remarcado. Sorprenden así las ocasiones en que una batuta y una orquesta se limitan a leer la partitura con escrupuloso respeto y dedicación, con autenticidad, sin más ambición que dar voz al compositor y sus anotaciones, sin pretensión alguna de que los intérpretes prevalezcan sobre la música. No es un reto fácil el de alcanzar esa autenticidad: se requieren músicos firmes y comunicativos, que no titubeen y que crean en su ejecución. La Orquesta Nacional del Capitole de Toulouse es sin la menor duda una de las mejores formaciones de toda Francia, como deja patente con cada uno de sus conciertos en la Halle aux Grains o en el foso del Capitole de Toulouse. Es igualmente una formación habitual en gira por nuestro país; este verano, sin ir más lejos, recalará en la Quincena Musical de San Sebastián. Ya quisiéramos formaciones así “en provincias” en nuestro país, donde sólo esporádicamente destaca alguna formación (ora la de Galicia, ora la de Navarra, ora la de Sevilla…) más allá de las residentes en Madrid y la Orquesta de la Comunidad Valencia, de dudoso futuro inmediato.

   Todo este preámbulo para elogiar el buen trabajo de Tugan Sokhiev al frente de un concierto dedicado por entero a la más extensa de las sinfonías mahlerianas, la Tercera. Sokhiev, recién proclamado “personalidad musical del año” en Francia, es un director a seguir, no ahora, sino desde hace al menos un lustro. Reclamado a menudo por las mejores formaciones orquestales europeas, recientemente dejamos aquí constancia de nuestras desiguales sensaciones con su labor en un concierto con la Filarmónica de Berlín. No cabe duda, a la vista de este concierto en Toulouse, de que la comunicación trabada con su propia orquesta, durante ya cuatro años de titularidad (desde septiembre de 2008), da lugar a resultados mucho más elaborados y conseguidos. Esta Tercera de Mahler es un buen ejemplo.

   Los casi cuarenta minutos del primer movimiento, prácticamente la duración íntegra de muchas otras sinfonías, transcurrieron con la dosis exacta de marcialidad, austera, inexorable pero sin precipitaciones. El despertar de la naturaleza que Mahler desarrolla aquí obtuvo de Sokhiev la amalgama exacta de seducción, misterio y grandiosidad. Es un movimiento colosal, bien conocido también por el solo de trombón que se incluye hacia el final. Demanda sobremanera una sección de metales solvente, infalible y bien timbrada. Exactamente así rindió esta sección de la Orquesta del Capitole, brillante y meritoria.

   Impecable también Sokhiev matizando el continuado juego de secciones, sonoridades y ritmos que se van entrelazando durante el segundo (minuetto) y el tercer movimiento (scherzando). La naturalidad de Sokhiev aquí, coqueteando con la tragedia de un modo irónico, casi dulce, fue fantástica, sacando todo el partido posible a las maderas y sus colores. Este tercer movimiento incluye un momento mágico, de esos en los que la música parece suspender el tiempo: el solo de la trompa de postillón, también conocida como corneta de posta (el motivo que ilustra el logo del servicio postal en tantos países). No se recurrió aquí a una trompeta en sustitución del rebuscado instrumento escogido por Mahler. El solista encargado de la ejecución de este solo bordo su partitura de forma elogiable. El Mahler que coquetea con las melodías, citando material de canciones populares, brilló sobremanera en estos dos movimientos.

   El cuarto (Muy lento. Misterioso) y el quinto (Alegre de tempo y pícaro de expresión) movimientos quizá no tuvieron una recreación tan consumada, faltando un mayor contraste entre el tono misterioso del primero y el aire despierto e ingenuo del segundo. Anna Larsson, en el cuarto movimiento, redondeó esta notabilísima interpretación mahleriana, junto a la sección femenina del Orfeón Donostiarra y las voces blancas del coro Les Eclats, ya en el quinto movimiento. Larsson rinde espléndidamente en una escritura vocal tan central, donde resalta la pastosidad y sentida coloración de su instrumento, que se muestra no obstante más ajado y tenso conforme asciende la partitura. Quizá no estemos ante una contralto neta en el caso de la sueca, pero cumplió ésta aquí a la perfección con su intervención. Lo mismo cabe decir de los citados conjuntos corales, impecables en sus respectivas intervenciones, destacando para bien la contención y regulación del sonido por parte del Orfeón.

   Sokhiev cerró su lectura con un sexto y último movimiento (Langsam) de nuevo sin necesidad de grandilocuencias. Su gesto, sereno e intenso, tradujo este adagio con un tono acolchado, inspirado y sincero, sin recrearse en ralentizar el fraseo de un modo caprichoso. La cuerda de la Orquesta del Capitole no posee el empaque y calidez propio que sí hallamos en las formaciones alemanas y austriacas, y sin embargo Sokhiev la hizo sonar como si así fuera, habida cuenta de su empeño, dedicación y medido énfasis. La emoción, sencilla y auténtica, que tradujo Sokhiev aquí fue el colofón perfecto a una lectura franca, meditada y primorosa de esta compleja y extensa sinfonía mahleriana.

Foto: E. Weiss

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