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Crítica: Ute Lemper en el Ciclo Fronteras del CNDM

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6 de diciembre de 2014

NO DEFRAUDA, TAMPOCO SORPRENDE

Por Juan Carlos Justiniano
Ute Lemper. From Berlin to Broadway. Vana Gierig (piano), Víctor Villena (bandoneón), Cyril Garac (violín) y Steve Milhous (contrabajo). Obras de Friedrich Hollaender, Kurt Weill & Bertolt Brecht, Norbert Shultze, Hans Leip, Joseph Kosma, Jacques Prévert, Jacques Brel y Max Colpet. Series 20/21. Ciclo Fronteras. Auditorio Nacional, Sala de Cámara. 19 de noviembre de 2014, 19:30 horas.

   El pasado miércoles 19 de noviembre se vivió en la Sala de Cámara del Auditorio Nacional de Música de Madrid una de esas citas en las que rápidamente se cuelga el cartel de agotado. Dentro de ese "viaje en diagonal por la música" que pretende ser el ciclo Fronteras, Ute Lemper se presentó en la capital acompañada por un cuarteto de piano, bandoneón, violín y contrabajo. El fuerte atractivo de la poliédrica cantante alemana abarrotó de publico una sala en la que, como estrella invitada, también asistió un –quizá innecesario y posiblemente mal resuelto– sistema de amplificación: una docena de monitores que triplicaban al número de músicos a la vez que neutralizaban todos los esfuerzos con los que la cantante intentaba salvar y romper la frialdad de la cuarta pared.

   En esta última aventura, From Berlin to Broadway, Lemper propuso un programa que se presentaba como un viaje de idas y venidas entre el Berlín de entreguerras y los musicales de Broadway; de idas y venidas entre la vieja, devastada y ruinosa Europa y el optimista y abierto a oportunidades mundo de Hollywood. El quinteto interpretó un repertorio de continuos guiños a Marlene Dietrich, Lotte Lenya, Edith Piaf o Jacques Brel que consumó casi dos horas de concierto con temas clásicos como Ich bin von Kopdf bis Fuss auf Liebe eingestellt –inmortalizado por la primera en la película El ángel azul–, Lola, Song von Mendeley, Koffer in Berlin o, el ineludible, Die Moritat von Mackie Messer. Todas ellas melodías ya asociadas, para bien o para mal, a la cantante de Münster, mimetizada ya con la música cinematográfica de Friedrich Hollaender o Norbert Shultze y con figuras como la pareja Weill-Brecht. Y es que, Ute Lemper ha forjado su identidad artística en el intento de convertirse en la portavoz  y referente predilecto de ese sombrío y decadente Berlín de entreguerras –omnipresente en la cantante– con el que inmediatamente se confunde su imagen. La cantante constituye un estilo en sí misma, posee un sello inconfundible que, en mucho, tiene que ver con esa vis cómica que despliega en el escenario y que le imprime esa personalidad de cantante de variedades. Eso sí, con una innegable y deslumbrante técnica que le permite viajar, mal que bien, por multitud de registros vocales tan cercanos a Lotte Lenya como (¡en ocasiones!) a Janis Joplin. Para cada melodía, la alemana construye una historia narrando chanzas y maldades y, en cada gesto, subyuga y persuade al público exhibiendo un dominio absoluto del escenario que, no obstante, en ocasiones roza la afectación.

   From Berlin to Broadway recoge momentos de jazz, cabaret e incluso blues, pero ante todo engrandece a la omnipresente Ute Lemper. Su personalidad  tan definida frustra los intentos de enriquecer el discurso musical de la alemana –con  intentos un tanto errados como el último, en que trataba de cantar a Pablo Neruda en español–. La cantante pretende ser muchas cosas y disfrazarse de tango y contagiarse de la chanson francesa. Sin embargo, esa "canción transversal" de la que se habla en las notas al programa se traduce más en intención que en resultados. Como propuesta estética acaba dominada y fagocitada por la querencia natural de una Marlene Dietrich del siglo XXI, de una cantante de cabaret superdotada, magnética y políglota. En definitiva, una femme fatale que hace suya la palabra seducción y que domina el escenario con una imponente exhibición de buen gusto y astucia construyendo un espectáculo medido al detalle pero que es el de siempre. Es cierto, Ute Lemper no defrauda, pero tampoco sorprende.

Fotografía: Lucas Allen

Autor:Juan Carlos Justiniano
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