CODALARIO, la Revista de Música Clásica

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Crítica: «Tristán e Isolda» en el Teatro Real

27 de abril de 2023

Crítica de la ópera Tristán e Isolda de Wagner en el Teatro Real de Madrid, bajo la dirección musical de Semyon Bychkov

«Tristán e Isolda» en el Teatro Real

Wagner en esencia

Por Raúl Chamorro Mena
Madrid, 25-IV-2023, Teatro Real. Tristán e Isolda (Richard Wagner). Andreas Schager (Tristan), Catherine Foster (Isolde), Ekaterina Gubanova (Brangäne), Thomas Johannes Mayer (Kurwenal), Franz-Josef Selig (Rey Marke), Neal Cooper (Melot), Jorge Rodríguez Norton (Un pastor), Alejandro del Cerro (Un marinero), David Lagares (Un timonel). Coro y orquesta titulares del Teatro Real. Dirección musical: Semyon Bychkov. 

   El Teatro Real ha paliado la ausencia de óperas a representar de Richard Wagner en su temporada 2022-2023, con una atractiva programación de Tristan und Isolde en versión concierto semiescenificada. Esta forma resulta ideal, particularmente en una obra como ésta, predominantemente estática, pues evita que la ocurrencia o delirio desquiciado de cualquier director de escena, nos saque de la obra y nos impida disfrutar, en esencia, de la magistral creación wagneriana. Asimismo, está fórmula permite que los cantantes interactúen y puedan desarrollar su faceta interpretativa. 

   De una vez por todas, deben desterrarse las óperas en concierto con todos los cantantes tiesos como una vela y la mirada fija en la partitura. Una interpretación semiescenificada, con los artistas moviéndose e interactuando, es, sin duda, lo adecuado y, además, lo visto no se diferenció, apenas, del último Tristán «representado» en el coliseo de la Plaza de Oriente en 2014, pues la puesta en escena de Peter Sellars era totalmente estática y se basaba casi exclusivamente en las proyecciones. 

   Previamente a la mencionada, Tristán e Isolda compareció en el Teatro Real con la memorable dirección de Daniel Barenboim al frente de su Staaskapelle de Berlín, mientras que en 2008 pudimos disfrutar de la referencial Isolda de la gran Waltraud Meier

«Tristán e Isolda» en el Teatro Real

   Semyon Bychkov, que había ofrecido en el Teatro Real magníficos trabajos en Elektra y Parsifal, ofició esta vez una especie de milagro, pues logró que la orquesta del Teatro Real pareciera otra. Algo parecido le vi realizar con la orquesta de Castilla y León en un Lohengrin en Salamanca en 2005. Arcanos como la transparencia y el refinamiento tímbrico, surgieron primorosos y se aliaron con unas maderas brillantísimas, una cuerda empastada y sedosa y unos metales templados para completar una muy notable prestación orquestal, eminentemente lírica, pero sin olvidar el drama. La sabiduría como orquestador de Wagner, el acusado cromatismo y la inestabilidad tonal, que tanta influencia ejercieron en la música futura, perfilan el amor metafísico, culminación expresiva de la pasión romántica que lleva a la muerte terrenal, pues sólo podrá cristalizar en otra dimensión, se sintieron presentes y vívidos en la sala principal del Teatro Real. La impecable construcción y progresión dramática, la atmósfera de la noche en el segundo acto -los amantes viven su pasión verdadera e íntima en la noche, que ampara a los amantes frente al engaño diurno- con un acompañamiento mórbido, refinadísimo, cuasi camerístico en el gran dúo de amor; la desolación en el preludio del tercer acto, con una estupenda prestación del corno inglés, son sólo algunos de los elementos a destacar de la notable dirección musical de Semyon Bychkov. 

   Por indisposición de última hora, la soprano Ingela Brimberg fue sustituida por la británica Catherine Foster, que hay que subrayar, completó una notable Isolda. La soprano nacida en Nottingham exhibió voz bien emitida, firme, timbrada, caudalosa, potente, con un timbre no particularmente bello, pero sí pletórico de metal. Débil en la franja grave, en la zona de pasaje y aguda emitió sonidos restallantes, con radiante metal. Asimismo, la Foster unió a todo ello, compostura canora, sin un solo pasaje vociferante y capacidad para recoger su caudal sonoro, como en el magnífico pianissimo de la nota final de la muerte de amor. En el aspecto interpretativo, a la Foster la falta personalidad, pero no carece de temperamento -más bien génerico, bien es verdad- como pudo apreciarse en el primer acto, con la Isolda orgullosa y vengativa que se manifiesta con especial fuerza en su relato y maldición, en el que la Foster aplicó garra y entrega. 

Semyon Bychkov en el «Tristán e Isolda» del Teatro Real

   Andreas Schager, triunfador en el Teatro Real como Sigfrido de la última tetralogía con puesta en escena de Robert Carsen, volvió a demostrar que pocos tenores le pueden hacer sombra hoy día en este repertorio. Potencia y resistencia vocal a prueba de bomba, intensidad y efusión interpretativa, entrega sincera, que contagia al público, pues le llega nítida, inmediata.

   Realmente, no deja de sorprender como Schager, después de dos actos ya muy exigentes, puede abordar sin aparente fatiga y con una voz que no pierde un ápice de timbre -más allá de un conato de quiebra de un par de notas- el agotador y asfixiante para el tenor, acto tercero. 

   Thomas Johannes Mayer, genuino Kurwenal en lo interpretativo, incondicionalmente leal hasta el final a su señor, muestra, sin embargo, claros signos -timbre desgastado, leñoso y opaco- de decadencia vocal.

   Ekaterina Gubanova, que ya fue Brangania en el anterior Tristán del Real en el año 2014, volvió a mostrar su timbre sano, carnoso y amplio, especialmente timbrado en la zona medio-aguda y musicalidad sin tacha, si bien se echaron de menos mayor contraste y variedad de acentos y que las largas notas tenute de sus avisos en el segundo acto, lucieran mayor firmeza. 

   Al igual que Gubanova, el bajo Franz Josef Selig también participó en el Tristán con puesta en escena de Sellars de 2014. A pesar del desgaste vocal centrado en un agudo imposible y algunas notas fijas y que se le van atrás, resultaron admirables los modos nobilísimos con que Selig expresó el dolor del soberano, la herida, el sufrimiento, emotivo desde la serenidad mayestática, provocado por lo que el Rey Marke considera traición y deslealtad por parte de quien tanto ama y ha tratado como a un hijo. 

   Muy interesante el taimado Melot, bien proyectado y de vibrantes acentos, por parte de Neal Cooper. Los cantantes españoles que abordaron los restantes papeles secundarios, Alejandro del Cerro, Jorge Rodríguez Norton y David Lagares cumplieron sobradamente. 

   A pesar de que el reloj marcaba las once y media de la noche y se sobrepasaban las cinco horas de función, el público, en su mayoría, permaneció en sus butacas para ovacionar a todos los intérpretes.

Fotos: Javier del Real / Teatro Real

Semyon Bychkov
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