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Crítica: Valery Gergiev, la Sinfónica del Mariinsky y Fumiaki Miura en Murcia

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Autor: José Antonio Cantón
11 de febrero de 2022

Valery Gergiev dirige obras de Mahler y Shostakóvich al frente de la Sinfónica del Mariinsky en el Auditorio Víctor Villegas de Murcia

Valery Gergiev y la Sinfónica del Mariinsky en Murcia

Solista y director de excelencia

Por José Antonio Cantón
Murcia, 6-II-2022. Auditorio y Centro de Congresos ‘Víctor Villegas’. . Orquesta Sinfónica del Teatro Mariinsky de San Petersburgo. Solista: Fumiaki Miura (violín). Director: Valery Gergiev. Obras de Mahler y Shostakovich.

   El último concierto de la gira de siete que ha realizado por España la admirada Orquesta del Teatro Mariinsky con su titular al frente, el maestro Valery Gergiev, ha concluido en Murcia con un programa que incluía el Primer concierto para violín y orquesta en la menor, op. 77 de Dmitri Shostakovich y la Quinta sinfonía en do sostenido menor de Gustav Mahler, que se popularizó tanto desde que su Adagietto fuera el principal motivo de la banda sonora del mítico film Muerte en Venecia de Luchino Visconti realizado el año 1971.

   La primera obra contaba con la participación de uno de los violinistas más importantes del actual panorama internacional como es el tokiota Fumiaki Miura. El tratamiento que ha dado a la obra del compositor petersburgués hay que enmarcarlo como perfecto en musicalidad e irreprochable en técnica, puesta siempre al servicio del alto valor estético que contiene. Apreciándose un detallado análisis previo, el solista afrontó su interpretación desde una espontaneidad que hacía naturales los intrincados y exigentes pasajes de su discurso, expuestos con una facilidad asombrosa. Ésta aparecía en el Nocturno inicial de carácter moderato, que desarrolló con un aire de camerístico lirismo, logrando una atmósfera íntima que ponía de manifiesto la brillante sonoridad de su stradivarius, conocido por el apelativo «ex Viotti», construido el año 1704 por el legendario lutier cremonés. Las enormes dificultades que plantea el segundo movimiento, un alegre Scherzo extraordinariamente rápido, parecían quedar diluidas con la facilidad con la que contestaba a las desenfrenadas y hasta grotescas evoluciones orquestales de este movimiento, resuelto con facilidad por ambos elementos concertantes en su fugada precipitación.

umiaki Miura y Valery Gergiev

   Afrontado de manera trágica el Passacaglia en su andante inicial, sacando todo su concentrado pathos, Miura mantuvo un conmovido diálogo con la orquesta, que reflejaba la enorme belleza de este tiempo sin igual en el repertorio del compositor. La excelencia de este violinista quedaba demostrada fehacientemente antes de reafirmarse en la gran Cadenza con la que concluye este tercer movimiento, momento culminante de la interpretación del concierto. La tensión acumulada quedó mitigada por los sones populares contenidos en el brioso allegro de la Burlesque final, donde quedó de manifiesto el virtuosismo orquestal que surgía de las indicaciones del maestro Gergiev. Se cerraba así una versión de absoluta referencia.

   Con una plantilla reducida en su sección de cuerda, presentaba el director moscovita la tan esperada Quinta sinfonía de Mahler, bastante limitada si la comparamos con la que utilizó en su anterior cita en Murcia interpretando la Sinfonía resurrección del compositor bohemio allá por el otoño del año 2006. Tales medios hay que entenderlos desde una cierta experimentación con esta obra que podía resultar chocante para algunos oyentes que esperaban la dimensión orquestal habitual y pertinente.

   Pese a esta sorpresa, Valery Gergiev se adaptó al programa de la obra dándole un acentuado carácter tímbrico que suplía al volumen sonoro de costumbre. Exploró ese sentido trágico que la vida que el compositor quiere transmitir en los dos primeros movimientos, paradójicamente, dando rienda suelta a un exultante sentido vital. No quiso hacer parodia con el contenido danzante del Scherzo, dejando que el ritmo fluyera sin ningún aditamento descriptivo, circunscribiéndose absolutamente a la partitura. Trató como si fuera una romanza sin palabras el famoso Adagietto que inicia la tercera parte de la sinfonía imprimiendo un sentido de recogimiento y a la vez de ausencia a este cuarto movimiento de la obra, con una cuerda cuyo perfecto empaste era solo alterado por el sugestivo acompañamiento del arpa, que cuidó mucho Gergiev en precisar con sus manos. En el movimiento Finale, enfatizó el caleidoscopio sonoro que pretende Mahler permitiendo el lucimiento de la orquesta, que terminaba de expresar ese efecto modernista que quiere ya anticipar el compositor con esta obra.

  Esa especie de replanteamiento sin perder las esencias mahlerianas, demuestra la capacidad de aportar y recrear de este director en sus interpretaciones, que lo reafirma como un gran maestro interesado en realzar siempre el carácter de cada obra y la distinción de cada compositor.

Foto: Auditorio Víctor Villegas

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