CODALARIO, la Revista de Música Clásica
Está viendo:

Crítica: Vasily Petrenko y Martín García con la Sinfónica de Castilla y León

  • Comparte en Facebook
  • Comparte en Twitter
  • txcomparte_whatsapp
Autor: Agustín Achúcarro
19 de febrero de 2024

Crítica del concierto de Vasily Petrenko y Martín García García con la Orquesta Sinfónica de Castilla y León

Vasily Petrenko y Martín García con la Sinfónica de Castilla y León

Vasily Petrenko o la infinita grandeza de la música

Por Agustín Achúcarro
Valladolid. 15-II-2024. Auditorio de Valladolid. Sala Sinfónica Jesús López Cobos. Obras: Fantasía Bætica de Manuel de Falla, con orquestación de Francisco Coll, Concierto para piano y orquesta nº1 en si bemol menor, op. 23 de Chaikovski y la Sinfonía nº1 en mi menor, op.39 de Sibelius. Orquesta Sinfónica de Castilla y León. Martín García García, piano. Vasily Petrenko, director.

   Qué escribir cuando un director y una orquesta dan tanto, cuando se sabe desde el principio que no se va a poder llegar a trasladar al lector ni una milésima parte de lo que se vivió en el concierto. La referencia se centra en particular en la interpretación de la Sinfonía nº 1 de Sibelius, aunque este inicial acercamiento a lo que pasó en el Auditorio de Valladolid, podría extenderse al concierto para piano de Chaikovski en el que sumó sus fuerzas un solista como Martín García García, que incluso se permitió redescubrir ciertos matices en una partitura tan frecuentemente escuchada. Y antes de todo esto, el estreno en España de la orquestación de la Fantasía Bætica de Manuel de Falla, que realizó Francisco Coll. Quizá no estuvo en la versión de la Sinfónica lo más interesante, sino en el mismo hecho de presentarla en España, de tocarla, de traernos aquí la apuesta que se hizo desde fuera, concretamente por encargo de la Orquesta Filarmónica de la BBC, que se estrenó en el Festival de Aldeburgh en junio de 2023. El envite era complejo, tanto por las características de la obra como por el hecho de que resulta difícil sustraerse a la obra original para piano, y que no venga a la mente lo que hicieron pianistas como Alicia de Larrocha. La obra necesitó de una tímbrica más agreste y de contrastes más marcados, y se notó a veces esa costura complicada que obliga a unos instrumentos a seguir la melodía que dejan otros, sin que se perciban fisuras. A pesar de esto, no faltó un colorido atrayente y rotundos acentos, en una obra que conecta directamente con el cante jondo.

Vasily Petrenko y Martín García con la Sinfónica de Castilla y León

   En el Concierto para piano nº1 de Chaikovski, el pianista Martín García hizo de él una magnífica versión, en la que combinó acordes poderosos con melodías de una enorme sutileza; y ahí, en esos detalles, se pudo reconocer un Chaikovski subyugante, incrustado en la grandeza de la obra. Vasily Petrenko planteó una interpretación de igual a igual con el solista, en el que ambos se respondían en perfecta armonía, tanto cuando sumaban esfuerzos como cuando su labor era claramente contrastante. No faltó la introducción grandiosa del piano, ni el ambiente sosegado del Andante, ni los efectos que unas veces sugieren y otras afirman tajantemente, ni la energía contagiosa del movimiento final en un crescendo de emociones, tan bien conducido por Petrenko como por el pianista. Este último puso una variedad de recursos impresionante, con una pulsación rotunda o suave según se requiriese, pero siempre segura. Buena muestra de ello la dio en las cadencias, aunque no solamente, ya que su intervención fue un continuado ejemplo de buen hacer. 

   Y ese crescendo emocional, que se ha mencionado anteriormente, tendría su continuación y su momento más álgido en la Sinfonía nº1 de Sibelius. Petrenko iba a llegar al cénit en esta obra contando con los recursos desplegados por la Orquesta Sinfónica de Castilla y León. Se podría reseñar cosas como el lamento del clarinete, la importancia de los timbales, las amalgamadas intervenciones de los metales, la intensidad de la cuerda, pero desvirtuaría una labor de conjunto, de aceptación de la idea del director, pasmosa por la manera de conducir a la orquesta y conseguir el clima deseado. 

   El drama parecía llegar a su punto álgido, allí donde la cuerda toma el tema inicial del clarinete. Claro, también tuvieron tiempo de recrearse en cierta calidez en momentos como los propiciados por el segundo movimiento. Pero esa sensación de agobio crecía y se apoderaba de todo, lo que no solamente se conseguía en base a las poderosas y bien estructuradas intervenciones de las distintas secciones. Cuando la densidad de la atmósfera dramática parecía que no podía llegar a más, se seguía ahondando en un sucesivo ambiente de opresión. El director había urdido una trama orquestal indescriptible. Así que continuaba una y otra vez esa progresión dramática, hasta llegar a un punto en el que se vislumbraba un cambio, que arruinó el desolador giro conclusivo de la cuerda. Un final sobre el que Vasily Petrenko había hecho hincapié en esta revista al declarar que «es casi un triunfo, pero no lo es, y en los últimos pizzicatos se vuelve muy cruel, muy triste».  

Fotos: OSCyL

  • Comparte en Facebook
  • Comparte en Twitter
  • txcomparte_whatsapp

Compartir

<< volver

Búsqueda en los contenidos de la web

Buscador

Newsletter

Darse alta y baja en el boletín electrónico