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VASILY PETRENKO: «No me fijo en el nombre de una orquesta sino en lo que soy capaz de conseguir con sus músicos»

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Autor: Agustín Achúcarro
1 de abril de 2026

Agustín Achucarro entrevista al director de orquesta ruso Vasily Petrenko para la portada de Codalario del mes de abril de 2026

Vasily Petrenko

VASILY PETRENKO: «No me fijo en el nombre de una orquesta sino en lo que soy capaz de conseguir con sus músicos»

Una entrevista de Agustín Achúcarro
Vasily Petrenko es actualmente una de las referencias en la dirección de orquesta. Bebió de las enseñanzas de la antigua Unión Soviética y se adaptó a los cambios. Se formó en su natal San Petersburgo, en donde nació, y ha sido director titular de formaciones como la Orquesta Juvenil de la Unión Europea, de la Orquesta Filarmónica de Oslo y de la Royal Liverpool Philharmonic Orchestra. Actualmente dirige a la Royal Philharmonic Orchestra londinense, y esta temporada cumple 20 años al frente de la dirección de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León, de la que actualmente es su director asociado. En esta entrevista hace un repaso a lo que ha sido su carrera, no con el fin de rememorar el pasado sino con la idea de proyectarse hacia lo que ha de venir, pues reivindica que «no está mal poner la vista atrás, tener una historia, pero lo máximo es lo que va a pasar en el futuro».

¿Guarda algún recuerdo de aquel chaval que con once años dio su primer recital de piano?

No fue en realidad un recital, sino un concierto en el que toqué en solitario, pero también intervinieron compañeros míos. Creo que fue en 1986 o 1987. Realmente han pasado muchos años, en torno a cuarenta. Y, sí, recuerdo que interpreté unos valses de Chopin. 

¿En qué momento aquel estudiante de San Petersburgo se planteó ser director?

No fue en un momento, sino en el trascurso de años. Todo comenzó porque mi madre quería que estudiara música. En aquel tiempo, en la Unión Soviética existían una especie de estudios de pioneros, y uno de estos era un coro para niños. Mi madre, cuando yo tenía entre dos y cuatro años, quiso que lo hiciera y en las pruebas de acceso decidieron que yo no tenía ningún talento musical. Eso para ella fue la excusa para tener una revancha, y dos años después probé en una escuela muy especial y prestigiosa de San Petersburgo (Escuela de Música Capella Boys). Había plazas para directores de coro y fui admitido. Así que de siete a diecisiete años estudié allí todo tipo de disciplinas, historia, literatura, matemáticas, y por supuesto la parte dedicada a la música, que incluía canto, coro, piano, lenguaje musical, armonía y polifonía. Y al cabo de unos años de estudio, cuando ya tenía once o doce años, se incluía el dirigir el coro. No más de ocho niños finalizaban en esta escuela sus estudios cada curso.

En el inicio, contaban con unos cuatrocientos cincuenta matriculados, de los cuales pasaban unos veinticinco, pero luego cada año se iba endureciendo el nivel, se iban cerrando las posibilidades, como si fuera un ciclo olímpico. Y tras estos diez años, al terminar, eras un director de coro, con su diploma. Además, en el sistema soviético terminabas con la garantía de tener trabajo, aunque fuera en ciudades pequeñas, con un salario respetable. Mientras yo estudiaba, el sistema estaba colapsando, por lo que decidí encaminarme a estudiar dirección de ópera y orquesta, que era algo más internacional y estable como profesión. En Europa el director de coro solía ser amateur, como ocurría en Inglaterra, y realmente muy profesionales solamente lo eran en Alemania y EE.UU. A eso se sumaba el que el repertorio coral no era tan amplio, y aunque la voz es un instrumento fantástico, es uno, y en la orquesta hay muchos. Por tanto, la idea de ser Vasily Petrenko director no sucede en un día, en una mañana en la que me levanto y decido ser un gran director, sino poco a poco. 

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«En el sistema soviético terminabas con la garantía de tener trabajo, aunque fuera en ciudades pequeñas, con un salario respetable»

¿Y ese cambio qué resultados tuvo?

Llegué a ser director residente del Teatro Mijáilovski de San Petersburgo de 1994 a 1997, y he sido director titular de la Orquesta Sinfónica Académica Estatal de Rusia.

Háblenos de esos periodos y lo que supusieron para usted

Mi primer trabajo profesional en ópera llegó muy pronto, con dieciocho años. Estudiaba en el conservatorio y trabajaba al mismo tiempo. Empecé en el Teatro Zazerkalie, un teatro fantástico, dedicado a óperas para niños. Allí se interpretaban adaptaciones para ellos, pero también obras como La Bohéme, La flauta mágica, así como otras óperas muy conocidas. En el Mijáilovski estudié mucho, pues dirigía unos doce o trece títulos al año, ya que era un teatro de repertorio. Y en la Orquesta Estatal de San Petersburgo trabajé como ayudante de dirección. Una historia larga y complicada pues, al ganar concursos y tener éxito, destaqué y me encontré con que muchos no querían que tuvieran éxito otras personas.

En aquella época, y aun hoy en día, el gran director de San Petersburgo era Valery Gergiev ¿Cómo le influyó?

Conozco a Valery Gergiev y me ha invitado muchas veces a tocar en el Mariinski, pero no se concretó nada. Cuando había una nueva producción, él dirigía los estrenos y los demás tenían que prepararlo, hacer el trabajo duro, y eso a mí no me interesaba. Todo mi respeto para Valery, que lleva más de cuarenta años como director del Mariinski, y que lo ha convertido en un teatro importante desde que comenzó con él. Gergiev ha conseguido que sea conocido en todo el mundo, invitando a muchos artistas importantes de fuera, con un buen nivel en general. El Kírov fuera de Rusia era famoso por el ballet, pero no tanto por la ópera, que se centraba en el repertorio ruso, y Gergiev logró que se interpretara todo.

«Mi primer trabajo profesional en ópera llegó muy pronto, con dieciocho años»

¿Qué supuso su triunfo en el Concurso de dirección de Cadaqués en 2002? Una pregunta que desea incluir el propio Petrenko

Es una pena que ya no exista. Un premio que han ganado directores como Gianandrea Noseda (1994) o Pablo González (2006). Cadaqués tenía un gran premio, que consistía en realizar entre treinta y cuarenta conciertos en España y en el resto de Europa. Para un director joven es importante comer, pero en ese momento de su carrera resultaba mucho más interesante el poder dar esos conciertos. Fue presidente del jurado Sir Neville Marriner, al que consulté sobre dónde estaban las mejores opciones y él me indicó cuáles eran. Me volvieron a invitar en unos 35 o 36  de los 40 conciertos que dirigí y fueron muy, muy importantes, para mi carrera.

Y dando un salto llegamos a 2008, donde usted dejará su huella con Royal Liverpool Philharmonic Orchestra tras quince años de titularidad.  

En 2008 Liverpool era la Capital Cultural Europea y los proyectos fueron muchos, desde interpretar la Octava sinfonía de Mahler, que la dirigí por primera vez, al estreno del nuevo Réquiem de Tavener, en la Catedral. Para mí lo más importante fue encontrarme con un público increíble, que siempre iba a los conciertos y que apoyaba a su orquesta, con un repertorio siempre de calidad.

¿Y qué le supuso la grabación de todas las sinfonías de Shostakóvich con la orquesta de Liverpool?

Yo nací en San Petersburgo y casi todas son sinfonías compuestas allí, pues Shostakóvich era un ciudadano de esa ciudad, por lo que realizar esas grabaciones, en principio, es menos complicado que para una persona que, por ejemplo, haya nacido en Madrid. Sí, es un gran ciclo, con grandes sinfonías y la segunda y la tercera son las más complejas de dirigir y grabar. Creo que la orquesta estaba preparada, así como el soporte de Naxos. Es posible que transcurridos más de diez años quiera grabarlas de nuevo, de otra forma, y será muy interesante para mí comprobar esa evolución mental, musical y vital de abordarlas.

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«En 2008 Liverpool era la Capital Cultural Europea y los proyectos fueron muchos»

¿Cómo se sentía en ese momento, en Liverpool, en su desarrollo como director?

Resopla- Estudiaba mucho repertorio y también importaba la mentalidad, pues es muy diferente en la Unión soviética que en Inglaterra. Creo que, en la Unión soviética, también ahora en la actual Rusia, un jefe es un jefe, una mano fuerte y dura que decide casi todo. No trabaja en el archivo, pero tiene que controlarlo, necesita saber cómo pasan las noches los músicos, pues, si por ejemplo beben, no estarán en disposición de trabajar al día siguiente. Los músicos necesitan que se les indique cómo tocar en cada frase, mientras que en Inglaterra y el resto de Europa el director colabora con ellos; funcionan más como una familia y menos como si el director fuera un dios. En San Petersburgo es normal que si se tiene un ensayo y faltan dos minutos por concluir la obra, la gente se quede hasta el final, pues el retraso se considera normal, pero en Reino Unido no, la hora es la hora. Esto en inicio fue para mí un shock, pues yo considero que la música es lo más importante, pero ahora entiendo que es su orden, su manera de trabajar. 

En esta temporada cumple veinte años dirigiendo a la Sinfónica de Castilla y León ¿Cómo ha sido su relación con ella durante todo este tiempo?

Ha habido una evolución, no solamente mía, personal, sino de la orquesta y la ciudad. Cuando llegué ensayábamos en un teatro muy antiguo y con una acústica muy complicada, y el cambio al auditorio fue decisivo, porque es magnífico. Le he visto hacerse desde que comenzaron a excavar la tierra hasta su inauguración. 

Es increíble el cambio de calidad y el aumento del público, lo que beneficia el poder abordar un repertorio mejor. Es importante que la orquesta descubra nuevas obras como esta sexta de Bruckner-Petrenko se refiere al programa diez de la temporada actual, que él dirige- que creo que solo tocaron con anterioridad con López Cobos, en 2013. Veo gran entusiasmo y mentes muy abiertos.

Enrique Rojas fue quien le llevó a dirigir por primera vez la OSCyL y propició ese vínculo con la OSCyL ¿Qué le sugiere su nombre?

Enrique Rojas es una figura muy importante para la música orquestal en España, no solo aquí, también en Galicia y Tenerife. Creo que la primera vez que tuve contacto con él me visitó en Cadaqués y tenía conexiones en todo el mundo. Un muy buen gerente, en su época el mejor de España, que sabía construir no solo orquestas sino edificios para ellas, lo cual es importantísimo.

«Enrique Rojas es una figura muy importante para la música orquestal en España»

¿Piensa seguir ligado a la  Sinfónica de Castilla y León [OSCyL]?

Sí, seguro. 

Háblenos de la grabación que ha efectuado de la Sinfonía nº6 de Bruckner con la OSCyL y qué más piensa grabar

, pero, claro, no todo en un año-se ríe-. En diez o doce años, cada curso una. El año pasado grabé la cuarta, que se publicará en mayo, creo, y la próxima temporada la quinta o la séptima, con el sello Signum. Bruckner no es nada fácil, pero no solamente me refiero a las cuestiones técnicas, sino también a las acústicas, la reverberación… Sus sinfonías son como una catedral y no me refiero a la forma del templo sino a su complejidad.

¿Cuál cree que es la relación que debe tener el director con los solistas?

Para mí el dios es el compositor, eso seguro, y después el solista. Yo estoy abierto a adaptarme a sus pretensiones, pero sin olvidar la conexión con el autor. No es posible cambiar cosas que él haya escrito, ya sea hace cientos de años o ahora mismo. Si un solista quiere variar cosas, que escriba su propia partitura. Me importa lo que piense sobre la obra y creo que el trabajo debe ser de colaboración. Tengo relación con muchos solistas y unos son más cerrados y otros más abiertos, lo que es normal. He dirigido mucho a solistas con personalidades diferentes, como Javier Perianes o Anne-Sophie Mutter. Todos estamos en el mismo equipo y queremos lo mismo.

Explíquenos cuál es su forma en general-aquí Petrenko usa el doble sentido y responde que está en forma y que sigue corriendo casi cada día para mantenerla- de abordar el estudio de una partitura

 Primero señalar que hago una diferencia entre obras conocidas y nuevas, pues de las primeras existe referencia discográfica, y de las segundas, no. Cojo la partitura, la leo, y así escucho en mi interior todas las voces y marco los momentos más importantes. Este es un proceso que me lleva de dos a cuatro horas. Después, solo después, escucho grabaciones. A veces prefiero esperar al día siguiente, porque dormir con la partitura en la cabeza es importante. La escucha la hago con una mente analítica y crítica. A continuación, vuelvo a la partitura, la estudio y voy al ensayo. 

Si la obra ya la he dirigido, la estudio menos, pero también lo hago. Seguro que cambio la manera de ver ciertas cosas, y en particular en lo referente al tempo, las dinámicas, la filosofía y la historia, no solamente del compositor sino del mundo que le rodeaba. Es algo complejo, pero la información que se puede obtener hoy en día es mucha y fácil de buscar. Por ejemplo, en la gira de la Royal Philharmonic, la RPO, por América se han incluido la décima de Shostakóvich y la segunda de Sibelius, obras que he dirigido muchas veces, pero en cada concierto surgen cosas nuevas. Y el proceso que exige la verdadera calidad musical es que se produzca un continuo desarrollo entre la obra, los músicos, el director y el público, que siempre se consiga ir hacia adelante.

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«Mi idea es hacer todo el ciclo de las sinfonías de Bruckner con la Sinfónica de Castilla y León»

¿Cómo vive la música desde el podio?

Hay cosas que realizo automáticamente, pero para mí es importante que cada orquesta toque en su nivel y suba en cada ensayo, en cada concierto. En mi cabeza solo hay música, no exclusivamente la que se escucha en ese momento, sino la que va a venir en los tres o cuatro minutos posteriores. Es importante centrarse a la vez en lo que se interpreta en un momento determinado y en lo que llega a continuación, pues es una manera de prepararlo 

Y cuando se acaba el concierto ¿qué hace?

Sin casi terminar la pregunta responde: Analizar, estudiar qué ha pasado en la actuación y ver cómo se puede mejorar. No suelo comer mucho después del concierto, pero no sigo un ritual determinado, sino que lo que hago, lo hago de una forma absolutamente normal. Después duermo y a otra cosa.

¿Cómo ve su aportación al mundo de la ópera y cómo quiere que sea en un futuro? 

La ópera estuvo en mis comienzos y como tal es algo importante en mi vida. Ahora dirijo pocas porque no tengo mucho tiempo, aunque he dirigido en grandes teatros como La Scala de Milán o el Metroplitan de Nueva York. Aquí en España, espero tener posibles proyectos en Madrid, Teatro Real, y Barcelona, el Liceu, donde hay probables planes para el futuro, en 2028. El problema es que en un concierto tienes que trabajar con los músicos, pero en la ópera hay mucho más, pues está el director de escena, la luz, el vestuario…Es como un coche y un gran tráiler; es más fácil maniobrar solamente con la orquesta, pero para mí tanto la música orquestal como la ópera son muy importantes.

¿Qué supuso, es su momento, para usted ponerse por primera vez delante de orquestas como las Filarmónicas de Viena o Berlín?

Para mí existe poca diferencia entre unas y otras orquestas. Lo realmente importante es la colaboración con ellas, acercarse a la partitura, y que mi función sea mejorar el nivel de cada una de ellas. Y eso está por encima de su nombre. No me fijo tanto en el nombre de una orquesta como en lo que soy capaz de conseguir con sus músicos.

«La ópera estuvo en mis comienzos y como tal es algo importante en mi vida. Ahora dirijo pocas porque no tengo mucho tiempo»

¿Sigue siendo válida esa afirmación de que el sonido de las orquestas europeas y americanas es diferente?

En EE.UU es un poco diferente, pues tienen algo más ese carácter de show. Para mí, esta discusión de la orquesta con un sonido propio, único, no es importante. Lo relevante es que no tenga un estilo único, sino que lo posea diferente: uno para Bruckner, otro para Mozart y otro para Chaikovski. Que puedan cambiar en cada obra, en cada programa. Esa es la mejor orquesta, no la que toca como si fuera todo Beethoven, pues eso para mí no es música.  

¿Cómo está viviendo la experiencia con su actual orquesta, ¿la Royal Philarmonic Orchestra, a la que dirige desde 2021?

Estoy viviéndolo muy bien. Tienen una gran calidad, posiblemente sea la orquesta que mejor toca en Londres, por lo que es un buen premio a mi carrera. Poseen invitaciones de giras por todo el mundo, con perspectivas de grabaciones. De hecho, ahora grabamos en concierto las sinfonías de Mahler, un CD de Rajmáninov, y lo próximo es la sinfonía Alpina de Richard Strauss. Hay muchos proyectos y me siento feliz.

¿Qué importancia tiene en su carrera la pedagogía? 

Ahora soy profesor del Royal College of Music (del que es artista internacional invitado), pero no solamente hago eso. También me dedico tiempo la Academia para jóvenes directores en Armenia (de la que es codirector). Y esto es muy importante, porque Armenia es un país pobre y sus jóvenes directores necesitan ayuda, pues no tienen oportunidad para salir del país y recibir clases magistrales. Por lo tanto, es importantísimo que tengan en la escuela grandes maestros y puedan contar con grandes directores. Uno, después de su muerte, para el futuro, puede dejar grabaciones, pero el mayor legado será ayudar a formar a las nuevas generaciones. 

¿Cómo analiza lo que está pasando en el mundo, con la invasión de Ucrania, la masacre de Palestina…?

Vivimos en un mundo muy peligroso y creo que la música y la cultura en general son muy importantes, más que la política. Los políticos cambian, pero la cultura es para la eternidad. En la época de Beethoven se vivieron muchas guerras, pero cuántos políticos recordamos de su época, muy pocos, salvo Napoleón. Y lo mismo ocurre con Miguel Ángel y Leonardo, quién no conoce a estos grandes artistas, y sin embargo cuántos Papas podemos nombrar de esa época. Es una pena lo que pasa en el mundo, pero creo que la cultura y las relaciones humanas es lo más importante, y representan un primer paso para un sueño, un futuro en paz.

Volvamos a la música ¿Qué compositores han sido una constante en su vida?

Seguro, Shostakóvich y todo ese repertorio ruso con muchos autores como Chaikovski, Mussorski… El repertorio inglés con mucho de Elgar, Bolton y Britten, pero también he dirigido con continuidad a Richard Strauss, Mahler o Bruckner. Es como una dieta, que lo mejor es comer poco, pero de todo, no exclusivamente dulces o carnes, porque eso no es saludable. Y esto se puede equiparar a la música y por supuesto también a la música moderna. Ahora con la Gewandhaus de Leipzig dirijo antífonas de Arvo Pärt. Me encanta abordar nuevos repertorios.

¿Cuál es su opinión sobre la compositora Unsuk Chin?

Es fantástica, me gusta muchísimo, es una de las mejores compositoras vivas.

¿De qué manera piensa que va a afectar a su profesión la llegada de las nuevas tecnologías, la inteligencia artificial?

Es una cuestión muy difícil de contestar, creo que el mundo en diez años ha sufrido una revolución. Pienso que se seguirá interpretando música clásica, pero en qué fase o en qué proporción, no lo sé. En el futuro en todo el mundo afectará la inteligencia artificial, eso es seguro. Para mí es importante aceptar y adaptarse a esta tecnología. Por ejemplo, en la música para películas ya se está utilizando frecuentemente, y cada vez se van a grabar menos bandas sonoras con orquesta. Pero la música viva, en directo, seguirá. Lo complicado es saber en qué proporción. Ahora tenemos una actividad de la Royal Philarmonic Orchestra con público sobre estas tecnologías y sus efectos. La IA no refleja todavía ciertas emociones, pero es posible que lo haga en cinco años. Lo peligroso es que el hombre se comporte como un gato que solamente espera en su casa a que la inteligencia artificial le traiga su comida, sin relacionarse, y esto es muy malo para nosotros.

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«Vivimos en un mundo muy peligroso y creo que la música y la cultura en general son muy importantes, más que la política»

¿Cómo puede adaptarse bien una persona a esos continuos cambios de hoteles, países, salas de conciertos, horarios propios de su carrera?

No es fácil compaginarlo todo, en particular con la familia. En mi caso mi hijo ya es mayor, cerca de veintidós años, pero mi hija tiene doce y estoy pocos días en casa y a ella no le es posible trasladarse, porque tiene la escuela. En el día a día, cuando viajo prefiero vivir en un apartamento antes que en un hotel, porque es más personal. Intento organizarme, hacer deporte, por la salud, comer cosas que son más saludables. Es una vida dura, no es solamente champagne y limusinas, con muchos giros, horas de estudio, aviones… Pasas de dar un concierto en Europa a otro en Japón, llegar, ensayar y al concierto. La cabeza necesita estar en buena forma, y para ello es importante dormir seis horas como mínimo. Beber agua, té y muy poco alcohol, no fumo, comer legumbres, leer y dedicar menos tiempo a instagram o facebook. Es como la vida de un deportista de élite. Para mi equilibrio, lo mejor es estar en contacto con la naturaleza o con la familia y los amigos. Lo que prefiero para mi recuperación es estar solo frente a la naturaleza, ya sea en el bosque, el mar o el campo.

Háblenos un poco de sus aficiones

Soy pescador, pero ahora prácticamente no tengo tiempo y lo hago muy poco, y también me gusta jugar al fútbol. Yo he vivido en Liverpool y allí es una religión. Me encanta el hiking (senderismo) y correr. 

¿Y cómo se plantea su futuro? 

Tengo muchos proyectos con la Royal Philharmonic Orchestra. A Castilla y León volveré dos veces la próxima temporada. Iré al Verbier festival, a América, realizaré una gira en Japón y otros festivales. Y de otros proyectos quizá sea un poco pronto hablar de ellos, como mi participación en Solo música en 2027-también intervino este 2026-con cuatro conciertos en un día, con la Sinfónica de Castilla y León y otras tres orquestas, con grandes poemas de Strauss y sinfonías de Mozart.

¿Desea añadir algo más?

No está mal echar la vista atrás, tener una historia, pero lo máximo es lo que va a pasar en el futuro, con los proyectos, como grabar todas las sinfonías de Bruckner con la Orquesta Sinfónica de Castilla y León. Para mí es un proceso que consiste en conectar el pasado con el futuro, mirando siempre hacia lo que ha de venir.

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