Muere el filosófo español Vidal Peña, dejando tras de sí una importante obra filosófica que tambien se centró en la música
Aseguraba que era un «ignorante cualificado en materia musical» pero, a juicio de quienes le conocían bien, pocas personas poseían un conocimiento tan profundo de la institución operística. Su amigo Carlos Abeledo, presidente de la Asociación Lírica Alfredo Kraus, de la que Vidal Peña fue cofundador, aseguraba que el filósofo era la persona que conocía que más sabia de ópera. Vidal Peña falleció hoy viernes, 11 de septiembre, a los 85 años, según publica El Comercio, dejando tras de sí una de las más destacadas trayectorias filosóficas en español de las últimas decadas, sin olvidar el terreno musical, al que se dedicó intensamente, no sólo como apasionado aficionado, asistiendo a numerosas óperas y conciertos y haciendo crítica, sino a través de destacados artículos y libros. En La razón siempre a salvo, Peña se ocupa de las relaciones entre filosofía y literatura y entre filosofía y música, dedicando además a la ópera comentarios de obras y artículos de crítica.
Perteneciente a la Escuela de Filosofía de Oviedo, Vidal Peña deja tras de sí una labor referencial como profesor universitario o articulista. «Vidal Peña fue uno de los mejores profesores que tuve. Conocedor como pocos de la historia de la filosofía medieval y moderna, asignaturas que impartía en la Universidad. Experto en Spinoza, tradujo y prologó su Ética para la editorial Alianza, en una de las más brillantes ediciones que se conocen de esa obra. Con Vidal Peña, muchos fuimos los que aprendimos a leer a Spinoza con una profundidad inusual. Era además un profesor amable, austero, poco vanidoso y de talante introvertido. Escucharle en clase era un placer hasta el punto de que en ocasiones los alumnos dejábamos de tomar apuntes para simplemente deleitarnos con su oratoria», explica Andrés Huergo Porta, profesor de filosofía y Jefe de Estudios del IES Santa Cristina de Lena.
Catedrático de filosofía de la Universidad de Oviedo, ciudad en la que nació el 1 de enero de 1941. Estudiante de la Universidad de Oviedo, se licenció en Derecho en 1962, y en Filosofía y Letras (sección de Filología Románica) en 1967 –en ambas carreras, que culminó con la calificación de sobresaliente, obtuvo, además, el Premio extraordinario de licenciatura–. Durante cinco años –curso 1962-63 a curso 1966-67– fue profesor ayudante de clases prácticas de Derecho Romano, en la Facultad de Derecho de la Universidad de Oviedo, cada vez más interesado por las cuestiones filosóficas –desde el curso 1960 era catedrático de filosofía en esa universidad el profesor Gustavo Bueno–. A partir del primero de octubre de 1967 se incorpora, como profesor adjunto interino de Fundamentos de Filosofía e Historia de los Sistemas Filosóficos, a la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Oviedo, en el Departamento de Filosofía.
Se doctoró en Filosofía en 1972 por la Universidad de Oviedo, con la tesis El materialismo de Espinosa, dirigida por Gustavo Bueno Martínez teniendo como miembros del tribunal a Carlos París Amador, Emilio Lledó Iñigo, Emilio Alarcos Llorach y Carlos Clavería Lizana. Dos años más tarde fue publicada por la editorial de la Revista de Occidente: El materialismo de Spinoza. Ensayo sobre la Ontología spinozista.
En septiembre de 1975 se convirtió en funcionario del Estado, al ocupar en propiedad la plaza de profesor adjunto de Fundamentos de Filosofía que venía desempeñando. En diciembre de 1978 fue nombrado Profesor Agregado, y a partir del 20 de julio de 1982, Catedrático de Filosofía en la Universidad de Oviedo, donde ejerce hasta su jubilación, en el curso 2010-2011. Fue miembro del consejo editorial de la revista Los Cuadernos del Norte, ha sido colaborador del suplemento cultural del diario ABC, y, muy aficionado a la música, ejerce la crítica de ópera y ha pronunciado diversas conferencias sobre temas musicales, colaborando con frecuencia con escritos en los programas de diversas temporadas de ópera (Oviedo, Madrid, Granada). Profundo conocedor de Espinosa, sus cuidadas traducciones al español –particularmente las de Descartes y Espinosa– gozan de un merecido prestigio.
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