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Crítica: Vladimir Fedoseyev dirige a la Sinfónica de Castilla y León

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Autor: Agustín Achúcarro
21 de noviembre de 2016

LA VOZ FUE LA DUEÑA

   Por Agustín Achúcarro
Valladolid. Sala sinfónica del Auditorio de Valladolid. 17/11/16. Temporada de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León. Vladimir Fedoseyev, director. EgilsSilins, bajo-barítono. Obras de Prokófiev y Músorgski.

   A veces, por las circunstancias que sean, una obra marca un concierto, y esto fue lo que ocurrió con los Cantos y danzas de la muerte de Músorgski, en la orquestación de Shostakóvich. Algo debía de pensar al respecto el director Vladimir Fedoseyev, cuando decidió cambiar el orden del programa, pasando la Sinfonía Nº7 de Prokófiev a la primera parte y dejando para el final las obras de Músorgski. Quizá esta decisión hubiera sido aún más efectiva si se hubiera mantenido la inicialmente anunciada Sinfonía Nº6 de Prokófiev.

   Vladimir Fedoseyev y Egils Silins conocen en profundidad los Cantos y danzas de la muerte y fruto de ello fue la manera en que se desenvolvieron ante esta obra. El cantante dejó su huella en las canciones de Músorgski en función de un registro grave pleno y un timbre baritonal que le sirvió para darle un colorido y unos matices muy incisivos. A su voz grande y poderosa sumó  una dicción que le permitió alcanzar una enorme variada expresión, ya fuera en la declamación o en el “parlato”, tanto si actuaba como narrador, hacía una descripcióno pasaba a ser la muerte en persona, en sus aspectos más sibilinos o más crueles. Silins conjugó el lenguaje hablado yel musical muy hábilmente con lo que consiguió un efectismo demoledor palabra por palabra. En la Canción de cuna Silins conjugó la desesperada impotencia de una madre y la evidencia de que la muerte se hará con su hijo, aparentemente implorante, concluyente o sutil, en pos de conseguir su propósito. En la Serenata el cantante dio una sensación sobrecogedora, tanto en la descripción del ambiente como en los tonos inciertamente líricos hacia la amada, bien culminada por el acorde orquestal.  En Trepak Silins hizo de la melodía el manto que cubre al infeliz campesino, con ese punto irónico que la rompe, y la orquestapuso los efectivos contrastes. En la última de las canciones, El mariscal de campo, Fedoseyev llevó la parte instrumental bajo los efectistas toques marciales, ante un campo de batalla lleno de muertos, que eran las huestes de la triunfante muerte. El bajo-barítono le dio a esa revista de sus tropas un carácter imponente, aumentado por el redoble de la caja o el toque del timbal, hasta llegar al impactante crescendo orquestal final. Un aplaudidísimo Silins interpretó fuera de programa la cavatina de la ópera Aleko de Rajmáninov. La capacidad expresiva, interpretativa y comunicativa dada a estas canciones ahoga cualquier otro tipo de consideraciones. Las precedió el Preludio Amanecer sobre el río Moscova de Jovánschina, a la que la OSCyL y Fedoseyey dieron un tono brumoso en la cuerda yágil en la relación entre las maderas, como buscando recrearse en esos valores, con un final de un conseguido sonidoquasi imperceptible. Una obra que, en todo caso,pareció quedar algo diluida.

   En la primera parte interpretaron la Sinfonía Nº7 de Prokófiev, en la que el director acentuó los valores más melódicos con sutileza, (entendidos como melodía), sin que esto signifique que reusó reseñar los contrastes, como se vio concretamente en el tercer movimiento. La sinfonía comenzó precisamente con un efecto en el que la melodía de los violines fue acogida por las cuerdas graves, cambiándole el sentido por otro más denso. Fedoseyev consiguió una depurada interpretación, en la que la fluidez fue la característica descollante de una obra sutil, voluntariamente sencilla, lo que no significa fácil, y bien construida.

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