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Crítica:  Alexandre Bloch dirige la «Sinfonía resurrección» de Mahler con la Orquesta y Coro de RTVE

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Autor: Óscar del Saz
10 de octubre de 2026

Crítica de Óscar del Saz del concierto de la Orquesta y Coro de RTVE bajo la dirección musical de Alexandre Bloch, con la «Sinfonía resurrección» de Mahler en el programa

Alexandre Bloch

Éxito y comunión con Alexandre Bloch


Por Óscar del Saz | @oskargs
Madrid. 8-X-2026. Teatro Monumental. OCRTVE. Concierto A1. Obras de Johannes Brahms (1833-1897) y Gustav Mahler (1860-1911). Elena Sancho-Pèreg (soprano), Carol García (mezzosoprano). Orquesta y Coro de RTVE. Marc Korovitch, director del Coro. Alexandre Bloch, director.

   El concierto de esta velada marca el comienzo de un nuevo capítulo para la Orquesta y Coro RTVE con la llegada del maestro francés Alexandre Bloch (Angers, 1985) -en principio, por tres temporadas-, como su director titular, considerado como una de las batutas europeas de carrera más sólida, intensidad más comunicativa y actitudes eminentemente empáticas.

   Reconocido por su constante búsqueda de nuevas formas de conectar la música con el público, el director se tomó unos minutos para expresar al respetable -antes de comenzar- unas palabras de agradecimiento y felicidad por este nuevo reto, rodeado -según sus palabras- de un equipo de profesionales inigualable.

   El programa de este concierto, a la altura de este evento inaugural, propuso un recorrido musical en torno a la trascendencia, la memoria y la renovación, estableciendo un diálogo entre la intimidad de la voz humana -Brahms, con su «Im Herbst, [En el otoño] op. 104»- y la fuerza expansiva de las grandes formaciones corales y orquestales para poner en sonido la monumental «Segunda Sinfonía "Resurrección"», de Gustav Mahler. 

   La aparente sencillez de «Im Herbst», a cappella, es sólo un espejismo porque ha de huirse de una exposición solamente contemplativa y construir una atmósfera de melancolía otoñal, descarnada, sin sobrecarga de sentimentalismo. Esto, que debería haberse trabajado un tanto más, no quita para que la afinación, el empaste y la respiración colectiva fueran determinantes, logrando un buen equilibrio entre las cuerdas y una muy buena continuidad en la tensión. Como nos resultó evidente, los tenores se extralimitaron en la fijeza de su emisión en el ‘forte’.  

   Como preparación para la Sinfonía, se ofreció -como transición explicada por el maestro en relación con que después del otoño llega el invierno (la muerte) y, luego deviene la “Resurrección”- la miniatura «Enosh [Ser mortal]», del alemán de origen judío, Louis Lewandowski (1821-1894), una obra que reflexiona sobre la fragilidad de la existencia humana frente a la eternidad divina, con un clima de recogimiento y espiritualidad bien conseguidos por el Coro y la Orquesta de RTVE.

   En cuanto a la Segunda sinfonía, dentro de su complejidad intrínseca, sobresalió la coherencia narrativa y el diseño expuestos por Bloch, administrando las tensiones desde el ‘Allegro maestoso’ inicial hasta el coro final, sin gastar demasiado temprano las efectistas reservas sonoras y nunca aislando cada movimiento en compartimentos estancos, realizando una plausible y estremecedora última parte donde todo se precipita de forma inevitable, pasando con soltura de lo íntimo a lo monumental, de lo litúrgico a lo más mundano y de la angustia a la esperanza.

   Aun entendiendo esta sinfonía como una sucesión de distintos estados por cada uno de los movimientos, y sabiendo de la existencia de las múltiples acotaciones que Mahler añade sobre la partitura -cada pocos compases-, creemos que Bloch logró exponer la trascendencia y la profundidad emotiva, sin olvidar una proactividad conductora energizante y vitalista de la que luego hablaremos. 

   Las cuerdas fueron la columna vertebral emocional, si bien las agudas se mostraron un poco «blandas» (dormidas) al comienzo para -una vez que se libera la primera dosis de energía de toda la orquesta- atender a una precisión y uniformidad mucho más interesantes: ora transparentes, ora sonoras según procediera.

   En las maderas, debemos resaltar los mejores quehaceres -siempre estuvieron cohesionados- en el corno inglés, oboe y en la claridad cantábile de las flautas, así como en los metales, la sección más expuesta, dotada de la doble función de sonido en bloque (muy bien trombones y tuba) y sonido desubicado (maravillosas sus prestaciones en interno y en el primer anfiteatro de trompas y trompetas, incluso un timbal se subió), nunca agresivas pero siempre mandando.

   La espectacularidad -sin ser nunca gratuita- y la atención a los detalles, según los casos, estuvieron reinando en toda la sección de percusión, con precisión en los dobles timbales, impactantes en los ataques y finales (todos sequísimos), pero siempre manteniendo claridad aun en los momentos más apocalípticos.

   En cuanto a las voces solistas, sentadas en la primera fila del coro, a la barcelonesa Carol García le bastó con «asomar» su oscura -y rica en armónicos- voz en el «Urlicht [Luz Primordial]», para adecuar perfectamente esa suspensión temporal, necesaria, del discurso para hablarle como una oración íntima a la flor, en el precioso comienzo, «¡Oh, pequeña rosa roja!».

   La presencia -que ha de prestar el carácter de «celestial»- de la donostiarra Elena Sancho-Pèreg, que se concentra especialmente en el movimiento final, exhibió facilidad en el registro agudo, aunque se mostró algo tremolante en los primeros compases. Muy bien compenetrada, en su dúo, con la mezzo, unión de las almas en el encuentro de la luz divina, pero bien es verdad que su sonido no pudo luego emerger en el momento en el que canta con la masa coral.

«Creemos que Bloch logró exponer la trascendencia y la profundidad emotiva, sin olvidar una proactividad conductora energizante y vitalista»

   El Coro RTVE superó con una muy alta nota la prueba suprema de dar su voz a esta partitura. La entrada ‘a cappella’ del coro en el final, sentados, se ejecutó muy bien afinada y con precisión rítmica, con un ataque muy homogéneo y observando un muy buen control del pianísimo (ppp). Se escucharon claramente las notas en tesitura de graves de la cuerda de los bajos, por abajo a los Si bemoles graves, que añaden una intensidad emocional significativa, y el resultado se acompañó también de una muy buena dicción. 

   Su crecimiento dinámico vocal hasta una proclamación monumental tan sonora como impactante -y no hablamos de decibelios-, resultó muy orgánica, logrando sobrepasar la masa sonora orquestal con todas las cuerdas esforzándose en su registro -sobre todo, las sopranos- más agudo. El glorioso final de la coda resultó apoteósico, con una textura sonora rica y expansiva en fortísimo para mostrar que «La Resurrección ha vencido sobre la muerte».

   Analizando la forma de dirigir, bastante técnica y elaborada, y la capacidad de transmitir de Bloch, destacamos su facilidad para hacerse entender, sobre todo para marcar la forma en que cada sección debe articular sus continuos reinicios para conseguir el resultado deseado. Por ejemplo, en el primer movimiento, sirvió a las claras la dramatización musico-psicológica de un desgarrado funeral, cuidando el binomio timbre-carácter.

   En el segundo movimiento, concebido como un Ländler -una danza popular austríaca/bávara emparentada con el vals, pero más rústica y pausada- la indicó dirigida sin batuta de forma dulce y feliz, como corresponde, incluidos los ‘pizzicati’.

   En el ‘Scherzo’, hizo creíble una pérdida completa de la fe y la consideración de la vida como un sinsentido, aportando mayor paleta dinámica en la parte «scherzante [bromista]» en la que se alude al sermón de san Antonio de Padua a los peces. 

   El final de la obra estuvo muy bien pergeñado y dirigido, y quizá pudo ser todavía más arrebatado, pero por qué no decirlo, vimos a un Bloch disfrutando en plenitud, así como a la Orquesta y al Coro, con caras satisfechas, sonrientes, mucho más empáticas y motivadas que de costumbre. De verdad que esto nos satisfizo mucho.

   La demostración de esto que comentamos es que en los aplausos y agradecimientos a cada sección por parte del maestro, hubo algarabía y apretón de manos en la orquesta y “repateo” -en los bancos de madera- cariñoso de los maestros del coro hacia su nuevo director, cosa que -curiosamente- habíamos visto en pocas ocasiones hasta ahora. Por supuesto, el público, visiblemente embravecido y satisfecho, demostró también a las claras, en esta presentación de un nuevo director, una feliz comunión con Alexandre Bloch.

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